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RESEÑA

Gastón Virkel: "Miami invita a jugar con el deseo"

El escritor argentino Gastón Virkel acaba de publicar su segunda novela, "Neurosis Miami", un remolino de acción y crudeza que evoca a la serie Miami Vice
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI.- La gata está sobre el teclado. Escribe letras al azar, números, lo hace mejor que yo, activa el reproductor de audio y se escucha la última grabación que hice. No sabía cómo iniciar esta reseña pero la espontaneidad felina me inspiró a hacer lo mismo que hice mientras leía Neurosis Miami (SEd ediciones, 2023), de Gastón Virkel: conversar con la historia.

Ocurrió que en las primeras páginas comencé a entrar a las habitaciones imaginadas (¿o recordadas?) por el autor. Gastón es argentino, esto aquí significa mucho porque las tramas, el tono, el mood, el Spanglitch (como él dice), y hasta el ritmo en el que habla su personaje central, me hacen recordar por momentos ciertas películas (El lado oscuro del corazón, Tango feroz) que no se me borran, con imágenes oníricas pero muy reales, como si todo aquello me hubiese pasado.

Quizás estas películas no tienen nada que ver aquí, pero pensé en ellas mientras leía, así como pensé en Soda Stereo o Los Auténticos Decadentes. Es posible que todo se desencadenara porque Gastón me puso en medio un guion de Miami Vice, y Sonny Crockett me tomó del brazo y me llevó a un estudio de arte a ver el cuerpo de Chema. Solo he visto un muerto una vez, cuando me colé en una funeraria y simulé que conocía al difunto.

“Miami invita a jugar con el deseo”, dice el personaje principal del libro. Puestos a jugar, me subí a un auto, era un Cadillac DeVille, que tiene algo de devil. No bebí mezcal pero tuve ganas. Quise, como Boris, “elegir un simulacro y serle fiel”. Puse a los Babasónicos a todo volumen (sufre, vecino). Vi un fragmento de Miami Vice y repetí un texto en inglés como si fuera un personaje.

No conversé con Boris Finkelstein pero es como si lo conociera de toda la vida. Puede ser que Boris tenga algo de Gastón, o viceversa, o que Mr. T sea el enigma que lo resuelva todo. Es posible que dos blísters vacíos de Tylenol, la foto de Borges, una muerte y la resolución de otro deceso nos hagan llorar, así como se llora en las despedidas. Puede pasar que uno levante el libro por un momento y no sepa dónde está, dónde estoy, qué hago aquí. “Te fumaste el libro en dos días”, diría Rico Tubbs, el desquiciado al que acompañé en sus recorridos por un Miami ochentero y con más encanto que este de ahora.

Gastón ha escrito dos historias, las ha metido en un libro y nos ha lanzado todo eso para volvernos locos (seguramente le divierte), pero algunos disfrutamos leer varios libros a la vez, o alternar series de televisión; es como un hambre de historias, todas confluyendo, mezclándose. Gastón logra esa mezcolanza, esa orgía de ficciones, en su novela. Un libro, por cierto, que tengo dedicado por él, esa tarde en que nos tomamos una foto en un driveway sucio del Northwest, y no pienso prestarlo.

Neurosis Miami, segunda novela de Gastón, tiene en la portada un recipiente de cristal lleno de gusanos, gusanos que fueron abandonados al fondo de las botellas de mezcal, gusanos reunidos como quien colecciona corchos de botellas difuntas, demasiados gusanos, demasiadas resacas, sobre todo las de la frustración de Boris y Sammy ante una historia que no avanza.

Pero todo se mueve a una velocidad increíble, y sí, Miami Vice puede ser ahora una telenovela hecha en colaboración con Telemundo donde se trafican drogas frente a los estirados y respetables coleccionistas de arte que exclaman “oh” y se llevan la mano al pecho en Art Basel. Sí, uno puede estar en un garaje donde Boris y Sammy se obsesionan con reescribir el guion del programa piloto de Miami Vice. Sí, uno puede meter un VHS en la videocasetera como si fuera una Tardis y rezar para que aparezca una imagen. Sí, también uno puede estar en la esquina de una habitación y ver un ménage à trois entre Boris, Sammy y Wilma, todo eso mientras bebe un café, porque la creatividad es un acto continuo y salvaje. Sí, MTV nos dio la música y la imagen de uñas rotas cayendo de una guitarra. Sí, Wilma es como una daga y hace crecer jardines muy verdes. Y claro que sí, los gusanos son hermosos porque limpian lo muerto, dejan lo esencial.

Todo esto puede ser un speculative script de una recomendación torpe de un gran libro que promete agarrarnos por el cuello como asalto en callejón. No ha sido coherente, pero ¿qué placer lo es? Lea a Gastón Virkel y lo entenderá todo. Eso sí, no le recomiendo doblar el libro a la mitad en un arranque de pasión lectora porque puede terminar deshojado, como mi ejemplar. Así que puede encontrar uno nuevecito en este enlace.

Más sobre el autor

Gastón Virkel es guionista, escritor y editor. Estudió publicidad y psicología en Argentina, su país de origen. Ha guionado y dirigido la película independiente De rodillas. Publicó Cuentos atravesados (SEd 2017) y la nouvelle Maldito Lasticön (SEd 2019). Sus textos aparecieron en numerosas antologías. Es parte del consejo editorial de Suburbano Ediciones en los Estados Unidos. Trabaja en una productora como Head of Development donde desarrolla documentales, series y películas. En días soleados se define simplemente como un storyteller para no dejar plataforma alguna fuera de sus posibilidades.

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