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MÚSICA

Jorge Luis Piloto: el decano de la canción

Con más de 500 canciones grabadas, un Latin GRAMMY y 24 nominaciones, Jorge Luis Piloto pertenece a esa estirpe de compositores capaces de convertir la experiencia humana en canción

Por YALIL GUERRA

Cuba no ha sido nunca una tierra de grandes riquezas materiales, pero posee un patrimonio difícil de cuantificar: su talento humano. De esa isla emerge Jorge Luis Piloto, un compositor que ha hecho de la canción un territorio sin fronteras y cuya obra ha viajado mucho más lejos que el país que lo vio nacer.

Hablar de Piloto es recorrer varias décadas de música popular latinoamericana. Sus canciones han sido interpretadas por algunas de las voces más importantes de nuestra industria y forman parte, aun cuando muchas veces el público desconozca quién está detrás de ellas, de la memoria sentimental de varias generaciones.

Ahí están, entre muchas otras, Que le den candela, inmortalizada por Celia Cruz; Falsas esperanzas, grabada por Christina Aguilera; Cómo se cura una herida, en la voz de Jaci Velásquez; Quítame ese hombre, popularizada por Pilar Montenegro, o Yo no sé mañana, interpretada por Luis Enrique y coescrita junto a Jorge Villamizar, que le valió el Latin GRAMMY a Mejor Canción Tropical.

Pero detrás de las cifras, los premios y los grandes intérpretes existe otro Jorge Luis Piloto. Ese es, precisamente, el hombre que tuve la fortuna de conocer.

Fue alrededor de 1999. Mi hermana Yamila y yo habíamos llegado cargados de música, ilusiones y esa mezcla de incertidumbre y esperanza que acompaña a tantos emigrantes cuando intentan comenzar una nueva vida. Piloto trabajaba entonces en el mundo del A&R, después de haber ocupado importantes responsabilidades dentro de algunas de las grandes compañías discográficas.

Le pedimos una reunión.

Nos recibió con un cariño extraordinario, como si nos conociera de toda la vida.

Aquello me llamó poderosamente la atención. No siempre quien alcanza una posición importante conserva la capacidad de mirar de frente a quien apenas comienza. Piloto sí la tenía. Escuchó nuestra música con atención, nos ofreció consejos y, sobre todo, nos regaló algo que en determinados momentos puede ser incluso más valioso que una oportunidad: esperanza.

Nos hizo comprender que todo era posible, pero que el talento por sí solo no bastaba. Había que prepararse, perseverar y estar listo cuando coincidieran el momento y la oportunidad.

Meses después, ya viviendo en Miami, mantuvimos el contacto. Para mí, Jorge Luis representaba algo particularmente significativo: era un cubano que había logrado abrirse camino y triunfar dentro de una industria extremadamente competitiva sin perder la cercanía ni la generosidad. Nunca pareció importarle cuál era mi estatus profesional en aquel momento. Me trataba con el mismo afecto con el que podría haber recibido a una gran estrella.

Eso no se olvida.

Con el paso de los años hemos conservado el contacto y una admiración que, en mi caso, no ha hecho más que crecer. Porque cuando se observa su obra en perspectiva, resulta difícil no colocar a Jorge Luis Piloto en la mesa de los grandes autores de la canción hispanoamericana.

Su talento ha trascendido las fronteras físicas de Cuba. Tiene esa particular combinación de sagacidad, sensibilidad y capacidad de observación que distingue al verdadero compositor popular: saber escuchar una época, comprender las emociones de la gente y convertirlas en versos y melodías que parecen haber existido siempre.

Escribir canciones puede parecer sencillo hasta que se intenta escribir una buena.

Y escribir una canción capaz de permanecer durante décadas, viajar de un país a otro, cambiar de intérprete y seguir diciendo algo verdadero al corazón humano es un oficio reservado para muy pocos.

Piloto pertenece a ese reducido grupo.

Hay compositores que escriben canciones y otros que, sin proponérselo, terminan escribiendo fragmentos de nuestras propias vidas. Una frase suya puede aparecer en un amor, una separación, una fiesta o una madrugada; y entonces descubrimos que alguien encontró las palabras que nosotros no habíamos sabido encontrar.

Quizás ahí radique su mayor virtud.

Jorge Luis Piloto no solamente conoce el oficio de escribir canciones. Conoce el alma de quienes van a escucharlas.

Por eso, más que un exitoso compositor, lo considero un auténtico decano de la canción: un maestro de esa difícil y maravillosa disciplina que es transformar la vida en poesía cantada.

Un territorio que alguna vez yo también quise conquistar y ante el cual, contemplando una obra como la suya, solo queda reconocer a uno de sus grandes soberanos.

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