MIAMI.- La costurera de Chanel es una novela que huele a lavanda e incienso y sabe a mousse de chocolate, té de rosas con canela y soufflé de langosta. Tiene acento francés con un ligero deje cubano; al acercarse a las páginas se comprueba. En ella, se escuchan la brisa del mar de Normandía, el sonido del París de comienzos del siglo XX y el de las burbujas de una copa de champagne. Inténtenlo.
"La costurera de Chanel", una novela que se inspira en la cultura occidental del siglo XX
En el texto de la autora Wendy Guerra hay personajes que están en los libros de historia, como Gabrielle Chanel y Stravinski y otros que se desean conocer más
En sus páginas viven personajes que están en los libros de historia, como Gabrielle Chanel y Stravinski (y hay cameos de Diáguilev y un tal Christian Dior) y otros que se desean conocer más, como la señora Boucicaut, propietaria del hotel Lutetia.
Ficción basada en la cultura occidental
La costurera de Chanel no es un libro histórico: es una ficción que se sustenta en personajes que forman parte de la cultura occidental del siglo XX; sin embargo, la auténtica roba escenas es Simone, una criatura que sale de la imaginación de Wendy Guerra: una joven de Arcachon que, tras quedar huérfana, decide resucitar el taller de costura familiar.
Ella es la metáfora de todas esas mujeres anónimas que fundan empresas, que, estando llenas de luz, trabajan a la sombra de otros nombres, de esas heroínas que, sin darse importancia, deciden luchar por lo que creen justo.
"Puede ser una novela tan sencilla como un metro de lino crudo, tan compleja como un encaje hilado y urdido por una tejedora experta, una bordadora exquisita", explicó en un comunicado la escritora de la novela, Wendy Guerra.
En su costura hay puntadas caribeñas: el uso de palabras como zafar o tina recuerdan al lector el origen de la autora. Hay mucha moda en él, que es una forma de decir que hay mucha profundidad, porque la moda concentra historia, economía, artesanía y arte.
También hay salseo parisino, romance, erotismo y toques de comedia. Sus páginas tienen la modernidad del algodón y el ánimo protector y reconfortante del tweed.
Si fuera una prenda de vestir, sería unos pantalones amplios, como aquellos con los que se paseaban Simone, Gabrielle y Teresa por París.
La costurera de Chanel ya está a la venta en Estados Unidos bajo el sello Lumen de Penguin Random House Grupo Editorial.
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