MIAMI.- Como parte de la 7ma. Edición del Open Arts Fest, que convoca Artefactus Cultural Proyects con su lema “Arte en Movimiento”, el director Erom Jimmy acudió con No Exit, dramaturgia a partir de A puerta cerrada de Jean Paul Sartre (1905-1980), una obra emblemática del teatro de los años de la Segunda Guerra Mundial y la postguerra, que se sustentaba en el existencialismo, movimiento filosófico y en general cultural, que trazó pautas en su época.
La obra "No Exit" abre el telón del Open Arts Fest
La obra de Erom Jimmy, excesivamente oscura, plasma el concepto del director cubano que se distingue por la creatividad escénica
En la actualidad ese teatro aun entusiasma a algunos, como a Erom Jimmy y su compañía Factory Theater, que ha incursionado en otras oportunidades con textos del absurdo, el surrealismo y el existencialismo. Hay entre todas estas corrientes una relación epocal, incluso de continuidad histórica, que las integran.
En su versión de A puerta cerrada, como No Exit, el director transmite la esencia de la obra de Sartre, con su mensaje tenebroso de “el infierno son los otros”. Si algo marca las propuestas de este director cubano, es su propensión a la creatividad escénica, que se aprecia en el ritmo trepidante que le imprime a sus espectáculos, con actores que requieren de gran forma física, pues sus obras son muy intensamente visuales, logrando secuencias que atrapan la atención del público, en ocasiones sobreponiéndose al interés por el texto como tal. Este derroche hace que por momentos los actores proyecten sus parlamentes ahogados, por culpa del ejercicio físico previo, que les roba la energía.
En No Exit, dos hombres y una mujer llegan indistintamente a un lugar extraño, donde no hay ventanas, ni espejos. Las puertas no se pueden abrir, las luces permanecen encendidas permanentemente. Hay largos pasillos y escaleras que conducen a espacios misteriosos. En el recibidor, cada uno de los nuevos inquilinos es recibido por un hombre parco, inquietante en su comportamiento. Esta suerte de mayordomo bien podría ser el verdugo del que se habla a lo largo de la obra. Luego llega una mujer, que es atendida por el mismo hombre sombrío.
La convivencia, el misterioso lugar y los secretos de cada uno de ellos, conducen a tensión, violencia, manipulación entre los personajes. Poco a poco se revelan las historias, en general asociadas a delitos y situaciones extremas que han afrontado.
El desarrollo escénico va quitando la borrasca delante de cada personaje y revela qué circunstancias los han llevado al extraño terreno. El actor Osmel Poveda, cada vez que sube a un escenario deja una huella y en esta ocasión ha repetido ese control y versatilidad que puede asumir en su trabajo. Su personaje se presenta un poco caricaturesco, vistiendo casi como un payaso, pero transmite inquietud y se muestra transgresor, diversificando su actuación.
El otro personaje masculino lo interpreta J. J. Paris, que se muestra intenso, dominante en su expresión corporal. Logra con agudeza que el espectador vea las contradicciones y secretos que encierra su personaje. En general, dejar una grata memoria en esta agotadora obra.
La única mujer en escena, la joven Lauren Santos, merece un destacado reconocimiento. Recientemente terminó sus estudios de actuación en la academia de Adriana Barraza Acting Studio, en Miami, y su participación en No Exit es su primer trabajo como profesional. Consigue que su Stelle brille, tenga garra, mostrando una expresividad que resulta manipuladora y desafiante. Los directores que hayan visto esta obra, ya saben que tienen en Lauren Santos a toda una actriz.
El personaje del mayordomo lo interpreta el fotógrafo y también actor Ismael Requejo. Su trabajo despierta, atrapa, durante toda la obra. Resulta un ser extraño, vestido de blanco, al que le basta una palabra, una corta frase para imponerse ante el recién llegado. Un buen desempeño, breve, pero logrado.
La escenografía del propio director Erom Jimmy es simple, pero muy bien pensada. Armazones de hierro, uno estilo glorieta, con una mesa en el centro, otro precediendo una puerta y una cerca justo en el borde del proscenio.
En general la obra es bastante oscura, diría que excesivamente, pero es parte el concepto escénico del director, que con No Exit ha dejado, para este espectador, su trabajo más concreto. En general una muy buena apertura para el Open Arts Fest.
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