MIAMI— Dentro del arte cubano contemporáneo resalta el trabajo del artista plástico Yuniel Delgado Castillo, egresado de la Academia de Bellas Artes San Alejandro en La Habana, su ciudad natal. El creador, radicado en Madrid, se impone con una poderosa visualidad y una estética que se alimenta libremente del expresionismo.
Lo visceral y lo humano en la obra de Yuniel Delgado
El pintor, ilustrador, dibujante y escultor usa todas las herramientas a su alcance para crear. Su universo multidisciplinario prioriza el mensaje y en el camino se apoya en técnicas o gestos que llegan como dictados superiores. Este ímpetu creativo, natural y salvaje se aprecia en la fuerza de sus obras.
Sus piezas se han expuesto en Cuba, Italia, Dinamarca, EEUU y España. Ha sido beneficiario de residencias artísticas en Italia y Dinamarca. También fue nominado para el programa de becas y comisiones de la Fundación de Arte Cisneros Fontanals (CIFO) en Miami. Se instaló en Madrid en el año 2020, donde tiene su estudio.
El artista reveló a DIARIO LAS AMÉRICAS que de niño “jamás tuve acceso a nada de arte, ni por un libro, ni revista, ni siquiera visitar un museo. Hacía juguetes de tierra, con alambres, ramas de árboles, plásticos, piedras, y me iba creando personajes, no soportaba los juguetes industriales, siempre prefería los creados por mí”.
A través de los personajes de cómics que dibujaba un amigo, más allá de los usuales “muñequitos rusos” que transmitían en la televisión en los años noventa, el artista comenzó a interesarse por el dibujo. “Después de unos años logré adquirir varios de estos libros de cómics y comenzó mi interés por aprender a dibujarlos”.
Según recordó, a los 13 años, tras mudarse al barrio de Jaimanitas, en el municipio habanero Playa, vio la película El Falsificador: “Quedé tan impresionado con el proceso, que al acabar corrí para el cuarto de mi mamá, le cogí una sábana blanca, arranqué unos palos de mi cuna que mi madre aún tenía guardada y comencé a pintar con pasta de diente, puré de tomate, tierra, hojas de árboles, betún de zapatos y cualquier cosa que me diera color”.
Como agregó, “una vez empezar, ya no he podido parar. Acabé con las sábanas de mi mamá, llené la casa de estas cosas que hacía con total desconocimiento, porque no sabía que había que imprimar una tela, desconocía cualquier técnica, en fin, un desastre”.
Gracias a los libros que le prestaban, se topó con las obras de Egon Schiele, que le marcaron profundamente. “Mis profesores fueron los libros y los artistas que estaban en ellos: Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Picasso, Joan Miró, George Baselitz, entre otros tantos”, constató.
Durante sus estudios, señaló que “los profesores me dieron autonomía total para enriquecer y reforzar mi estilo propio, en especial Inés Garrido (Inesita) mi profesora de pintura creativa y mi tutora de tesis de grado”.
El proceso creativo
En un día regular, Yuniel Delgado se levanta bien temprano para leer noticias, atender al correo y planificar su día: “Me gusta mucho aprovechar las mañanas, es cuando tengo la energía a tope”. A las siete entra al estudio y no sale hasta que se siente “satisfecho con el trabajo del día”.
Se define como un artista camaleónico cuya poética se basa en “libertad, humanidad y vida”. Le interesa “experimentar con diferentes tipos de materiales, formatos, texturas”, pues “no me gusta encasillarme en un solo tipo de obra. Hago lo que la mente, el cuerpo y el espíritu me ordene”.
“Mi interés fundamental, de donde parten todas mis obras es de la vida en general, de las especies, de las culturas pasadas, presentes y las que puedan surgir en un futuro. Me interesa la evolución y la involución de la raza humana y todas mis obras son mis propias teorías o las respuestas que me surgen sobre todos los temas que me inquietan, son como el resultado de una investigación”, zanjó.
Por eso en sus piezas encontramos “simbología, números, ecuaciones, lenguajes, todos estos partiendo desde la creatividad. No realizo ningún boceto ni analizo una idea previa a la hora de pintar o dibujar. Me enfrento al lienzo en blanco, dejándome guiar por las energías del momento, es por eso que la línea, el trazo llega a ser muy expresivo en ocasiones, es pura energía y fuerza”.
Delgado plasma sus preguntas en el lienzo, invita a cuestionar los conflictos sociales y los más íntimos también. Explora el comportamiento humano desde el cuerpo y sus partes: una cabeza, un torso o unas manos hablan por sí mismos y sobredimensionan un mensaje, un grito. Describe en sus creaciones la fina línea entre hombre y bestia, la destrucción, la humanidad que se devora a sí misma, que se arranca los ojos y los signos.
El artista invoca al trance. Es un médium, crea como poseído por las bestias, las figuras y los seres atormentados de su imaginación. En una especie de ritual obsesivo con el lienzo, revela dolores y secretos. Lo hace desde la oscuridad, el hermetismo, como si todo fuera una pesadilla o un misterio, un revés, una cruda verdad que quizás no entendamos del todo la primera vez.
Aquí el trazo parte del instinto, es impulsivo, animal, no domesticado. Su pincel no se cohíbe; en cambio se desliza, vuela, araña el lienzo, le insufla vida, esa misma vida que Delgado deja en cada obra, en el acto de domar un bastidor y tensar la tela. Desde esa labor de carpintero paciente hasta el último toque y firma, el artista imprime su sello en cada pieza.
Hay una insistencia en plantear la figura desde el enfoque retorcido, el padecimiento, el pecho apretado, el temblor constante, el espanto, la espina enterrada. Su expresión es contundente y lo hace en grande. Frente a sus obras de gran formato no hay escapatoria: hay que compartir la agonía de sus demonios, sucumbir al pathos.
Renacer
Hasta el mes de septiembre, Delgado expone “un recorrido por mis obras más recientes creadas entre el encierro provocado por la pandemia” en la muestra Renacer, expuesta en el Museo CAV La Neomudéjar en la ciudad de Madrid.
La muestra integra obras en blanco y negro realizadas con la técnica del carboncillo. Una instalación fotográfica de fragmentos de su cuerpo expone “el desgaste físico que sufro día a día a raíz de mi condición de diabético tipo 1, invitando a la reflexión de que los seres humanos que luchamos a diario con alguna diversidad funcional o una condición de salud determinada, podemos mantenernos de una forma activa”.
Cuenta además con una obra de gran formato (960 x 400 cm) en óleo sobre lienzo, una serie de siete retratos y otra serie en la que los animales son los protagonistas.
“A raíz de lo que sucedió en las calles de Cuba por el valiente pueblo cubano manifestándose, quise dedicar el nombre a esta causa, ya que nos encontramos luchando por un nuevo renacer de libertad, prosperidad, democracia, derechos y vida digna”, destacó el pintor.
@GrethelDelgado_
gdelgado@diariolasamericas.com
NULL
