MIAMI.- En el cada vez más complicado mercado teatral de Miami, donde cierran salas, otras abren y luego cierran rápidamente, incluso algunas tiene solo esporádicas presentaciones, o están en eternas remodelaciones, hay que valorar el trabajo escénico que se impulsa desde el Miami Hispanic Cultural Arts Center, La Casona colonial de principio del siglo XX en el corazón de la Pequeña Habana, con apenas condiciones para lo que allí se hace. Pero se impulsa una actividad cultural constante y eso es importante y admirable.
Los siete espejos
En Los siete espejos un hombre se debate en cumplir un compromiso adquirido con Lucas, un exigente y adinerado hombre de negocio, que le ha pedido que cree siete obras pictóricas en 48 horas
Concretando la labor teatral en el lugar está el Ciclo de Teatro que allí mantiene el dramaturgo venezolano Eduardo Pardo, así como las presentaciones que han realizado los directores Marcia Arencibia Henderson y Juan Roca.
Ha habido, y hay otros intentos, como el impulsado en estos días por el fotógrafo y actor Ismael Requejo, que ha comenzado Tardes Dominicales, en esta ocasión trabajando con la joven compañía Dreki Theater, presentando Los siete espejos, texto y dirección de José Raúl Acosta y la actuación de Renato Campilongo.
Vale señalar que hay una forma muy definida por parte de José Raúl Acosta para trabajar sus obras y está relacionada con el manejo de la sicología de sus personajes. Eso se aprecia en esta que hoy nos ocupa, Los siete espejos, y está presente en otras dos propuestas suyas que he visto, Asesinos, que se presentó como parte del VII Miami Open Arts Fest, en Artefactus, y El Show de Grindr, también en Artefactus, como parte del Queer Showcase 2025.
Sus espectáculos adentrándose más allá de lo visible son interesantes, los aparta de la anécdota simple para llegar, siguiendo la secuencia de la idea que expongo, a lo invisible. Pero para ser exitoso en esa dramaturgia que incursiona en el alma, lo moral, en los conflictos que no se expresan, pero que marcan la vida, se necesita mucho trabajo de redacción, análisis, ajustes, elaboración y cortes, también ensayos prolongados para llegar lo más próximo posible a la perfección. Los siete espejos es una buena idea, pero no está bien tejida, ni presentada en el lugar adecuado, algo que en este caso, afecta significativamente su resultado final.
Pero hay que hacer teatro a como dé lugar, por ello merece aplausos esta propuesta, que presenta a dos personajes centrales, Lucas, que no aparece en escena, pero está presente en todo momento influyendo y acosando a Saúl, un hombre “todo terreno”, que después se va revelando que es un buscavida.
Saúl lo interpreta con bastante éxito Renato Campilongo, un actor que ha trabajado anteriormente con el director Acosta, pero que aparece y desaparece mucho de la escena local.
Campilongo es un buen actor, eso sí, es de los que depende mucho de quién lo dirija. Su personaje en Los siete espejos está inspirado, en parte, en la vida del artista callejero neoyorquino de origen haitiano Jean-Michel Basquiat, hoy toda una leyenda del arte pop, que falleció por una sobredosis a los 27 años. También, eso lo explicó el director al final, en la vida del campeón de boxeo cubano Kid Chocolate, que tuvo una complicada existencia con altos y bajos.
En Los siete espejos un hombre se debate en cumplir un compromiso adquirido con Lucas, un exigente y adinerado hombre de negocio, que le ha pedido que cree siete obras pictóricas en 48 horas. Saúl se propone cumplir el encargo, “dos días para demostrar quién soy”, se dice, pero tiene que enfrentarse a los monstruos que lo acosan constantemente en su diario vivir. De esa manera, mientras intenta pintar las piezas, van apareciendo historias personales, que lo vinculan con el boxeo, afloran los problemas con su madre, el consumo de drogas, lo difícil de sobrevivir.
Las distintas escenas van siendo marcadas por el sonido de un gong y por el propio intérprete, que le va dando nombres, como si fueran los títulos de las piezas. Así comienza con “Obra 1: Los maniáticos”, hacia el final, “Obra 6: Desechos de diciembre”, hasta llegar a la séptima y última.
Renato Campilongo logra desdoblar los distintos personajes que asume con bastante soltura, aunque con desniveles. Cuando asume a Lucas se hace de una boina y bufanda roja, afecta la voz y cambia la gestualidad. También presenta a la madre, que está en un centro médico y añora verlo, y otras figuras que van surgiendo a lo largo de la obra. Sin embargo el proceso escénico es muy rápido, a veces de un gong a otro, que indica un cambio, apenas pasan dos o tres minutos.
Todo el proceso transcurre con muchos elementos, como música, multimedia que se proyecta en una pared, cosas que va usando, pero todo muy precipitado, incluso, hay un momento que es de los más destacados, cuando el personaje se sienta en una silla como agotado, reflexivo y abatido, pero no hay tiempo de asimilar lo que pasa, pues de repente hay un cambio brusco para otro tema.
Momentos efectistas, como el echar pedazos de papel en una batidora y triturarlos. En general la visión del director Acosta es moderna, la de un hombre joven desafiante y provocador y eso es bueno. Para proyectar este unipersonal se vale de las tecnologías, pintura en vivo, videos, algo de coreografía boxística, un tambor batá que se toca en escena. Todo esto enriquece el trabajo de conjunto, junto a los efectos de luces que maneja Ismael Cristóbal Requejo, en un marco muy limitado.
La caracterización del actor evoca en todo momento a Basquiat, no tanto a Kid Chocolate, que apenas se identifica por los guantes de boxeo.
Los siete espejos se proyecta como una obra sobre el arte y la creación, pero también del arte para comer, y la hostilidad de los mercaderes del arte y su manipulación. Todo eso está muy bien presentado en el texto y subtexto de José Raúl Acosta, que como director logra momentos destacados, al abrazar el personaje un lienzo en blanco, o al inyectarse drogas mientras trabaja en las pinturas.
Una pieza sobre el hombre y su lucha interna, su batallar por entender el mundo que le rodea, el compromiso con la creación y aquellas cosas que a la postre hacen sucumbir al artista.
Los siete espejos se presenta los domingos 18 y 25 de octubre, a las 6 pm., en el Miami Hispanic Cultural Arts, 111 SW 5 Ave., Miami, 33130. Reservaciones en el (786) 747-1877.
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