MIAMI. — Gloria Romero Roses no duda cuando se le pregunta por inmigración. Para la candidata demócrata por el Distrito 113 de la Cámara de Representantes de Florida, las actuales políticas han perdido una prioridad que considera esencial: distinguir entre quienes representan una amenaza y quienes simplemente intentan trabajar y sostener a sus familias.
Romero Roses: "Hay políticas que afectan la capacidad de progresar solo trabajando duro"
La candidata demócrata por el Distrito 113 de Florida, Gloria Romero Roses, cuestiona el uso de recursos estatales en tareas migratorias y propone concentrar esfuerzos en otros asuntos
“Estamos deteniendo y deportando a todo el mundo”, afirmó durante una entrevista en el Podcast de las Américas de DIARIO LAS AMÉRICAS, en la que cuestionó, además, que Florida destine recursos a tareas vinculadas con la aplicación de leyes federales mientras mantiene listas de espera para cuidado infantil, atención de adultos mayores y asistencia a familias.
Su discurso, sin embargo, va mucho más allá del debate migratorio. De origen colombiano y llegada a Estados Unidos cuando apenas tenía siete años, Romero Roses sitúa la crisis del costo de vida entre los principales argumentos de su campaña.
En este sentido, la aspirante al Congreso mencionó familias con dos y hasta tres generaciones viviendo bajo un mismo techo, propietarios que terminaron de pagar sus casas, pero ya no pueden costear el seguro y trabajadores cuyos ingresos dejaron de alcanzar para mantener el estilo de vida que generaciones anteriores asociaban con Miami.
Según sus cifras, Miami-Dade enfrenta un déficit de aproximadamente 90.000 unidades habitacionales para personas que ganan menos de 75.000 dólares al año y aseguró que, de llegar al cargo, se propone utilizar incentivos estatales para acelerar la construcción dirigida especialmente a ese sector.
También planteó una ofensiva para reforzar viviendas antiguas frente a huracanes como herramienta para reducir el riesgo, atraer aseguradoras y aumentar la competencia.
Aunque prácticamente ha vivido toda su vida en los Estados Unidos, Colombia sigue formando parte de su cotidianidad. Todavía tiene familia allí, escucha radio colombiana por las mañanas y observa con expectativa el comienzo de una nueva etapa política en el país.
En su historia personal aparece igualmente su madre, enfermera y, según la propia candidata, una especie de “activista frustrada” que le inculcó desde niña una preocupación por la justicia social y la costumbre de informarse escuchando perspectivas diferentes.
Romero Roses habló además de bilingüismo, de su propia lucha por conservar el español, del Spanglish y de una fe que asegura ocupa un lugar central en su campaña.
—Colombia ha atravesado décadas marcadas por la violencia y profundas divisiones. Ahora comienza una nueva etapa política. ¿Tiene esperanza en lo que pueda ocurrir con Abelardo de la Espriella en el poder?
He hablado con muchos colombianos durante los últimos meses. Muchos construyeron su vida aquí en Miami, pero mantienen un ojo puesto en Colombia porque todavía tienen familia allá. Yo también la tengo y percibo mucha esperanza en este nuevo capítulo. Los retos son difíciles, desde la situación fiscal hasta las consecuencias del terremoto, pero tengo la ilusión de que podamos tener menos polarización, más unión y más solidaridad. Tenemos que dejar de señalarnos y trabajar codo a codo. Seguir adelante no será fácil, pero es posible si nos enfocamos en resolver problemas y dejamos atrás el teatro político.
—El nuevo presidente provoca controversia por su estilo y sus propuestas. ¿Hay algo que quisiera cambiarle?
Francamente, no me he concentrado tanto en su forma de ser como en sus políticas y en cómo está tratando de gobernar. Soy una persona que se informa mucho con datos. Me gusta observar las acciones antes de juzgar. Todas las mañanas escucho Caracol (cadena radial) y trato de seguir lo que ocurre. Me gustó mucho su respuesta después del terremoto. Ahora quiero ver cómo eso se refleja en sus actos. Prefiero darle la oportunidad de demostrar qué tipo de gobierno va a ejercer.
— Cambiemos de tema. ¿Cuánto influyó su madre en la mujer que hoy quiere llegar a Tallahassee?
Mi mamá era una activista frustrada. Como enfermera tenía un sentido muy profundo de la justicia social. Siempre me decía: “Mijita, sin justicia social no hay progreso”. Era además fanática de las noticias. Escuchaba diferentes canales porque quería conocer todas las perspectivas. Estaba muy informada y me enseñó a hacer lo mismo.
—Usted ha contado que en la cocina de su casa se sentaban a decidir qué podía pagarse primero. Hoy muchas familias de Miami hacen exactamente eso porque el dinero no les alcanza. ¿Cómo llegamos a este punto?
Tenemos una crisis de asequibilidad estructural. Esto no ocurrió de la noche a la mañana. Son años de políticas cuyas consecuencias no se analizaron suficientemente pensando en el futuro. A Miami-Dade le faltan unas 90.000 unidades para personas que ganan menos de 75.000 dólares al año. Si no existe equilibrio entre la demanda y el inventario, los precios se disparan. Por eso mi plataforma se concentra en acelerar la construcción de vivienda asequible para ese segmento. Actualmente, existen políticas que incentivan unidades para personas que ganan entre 90.000 y 120.000 dólares. También son necesarias, pero cuando los datos indican que el déficit más grande está en otro nivel de ingresos, tenemos que darle prioridad. Quiero impulsar nuevos programas de financiación que incentiven a los constructores. La política pública no es algo abstracto. Es personal. Se siente diariamente en nuestras comunidades.
—Antes parecía posible trabajar duro, comprar una casa y todavía tener margen para vivir. Hoy hay familias de dos y tres generaciones compartiendo una vivienda. ¿Qué cambió?
Hay políticas que han afectado la capacidad de progresar simplemente trabajando duro. En este distrito veo dos y tres generaciones viviendo en una misma casa tratando de resolver y, aun así, muchas veces no es suficiente. Otra prioridad de mi plataforma es reformar el sistema de seguros de propiedad. Hay personas que son dueñas de sus casas, no tienen hipoteca, y me dicen: “Gloria, no puedo pagar el seguro contra huracanes ni inundaciones. Rezo y espero que no venga un huracán”. Eso no es una solución. Florida es difícil de asegurar y tenemos que atraer más compañías para generar competencia. Una forma de hacerlo es invertir fuertemente en reforzar nuestras viviendas contra huracanes. Tenemos muchísimas propiedades de más de 30 años. Si reducimos el riesgo de esas estructuras, el propietario puede obtener mejores condiciones y, al mismo tiempo, hacemos que Florida resulte más atractiva para las aseguradoras.
—Usted también es inmigrante. ¿Cómo hacer cumplir las leyes sin que las autoridades pierdan de vista la necesidad de las personas que vienen a este país?
Soy una mujer de fe y creo en la dignidad de cada persona, no importa su nacionalidad ni dónde haya nacido. Me duele ver la falta de dignidad con la que estamos tratando a nuestros inmigrantes. No es necesario llegar a ese nivel. Podemos tener políticas firmes y, al mismo tiempo, justas. Lo que falta es liderazgo con convicción y compasión. Como candidata a la Cámara estatal, sé que no puedo decidir la política federal de inmigración, pero el Estado sí determina sus prioridades. Cuando veo el presupuesto de Florida encuentro recursos destinados a hacer cumplir leyes federales mientras tenemos miles de personas en listas de espera para cuidado infantil, adultos mayores que necesitan ayuda en sus hogares y familias que requieren asistencia para cuidar a sus seres queridos. Esas son necesidades reales. Estamos gastando miles de millones de dólares en detener inmigrantes que muchas veces solamente intentan mantener a sus familias y no tienen antecedentes criminales. Estamos deteniendo y deportando a todo el mundo. No importa quién eres, qué estás haciendo o cuál es tu situación. No hay una prioridad clara. Necesitamos una política firme, justa y que trate a los inmigrantes con dignidad.
—En una Florida profundamente hispana, el español también ha entrado en el debate político. ¿Cómo deberían convivir ambos idiomas?
El español para muchos de nosotros es el idioma de la niñez y de nuestras familias. Es nuestra conexión con la cultura. En lugar de verlo como algo negativo, deberíamos preguntarnos por qué una persona habla español. Muchas veces es simplemente porque representa su historia y su familia. Pero también creo muchísimo en aprender otro idioma. Como dueña de una pequeña empresa siempre he motivado a mis empleados a adquirir una segunda lengua porque mejora su capacidad de comunicarse. No debemos pensar que tiene que ser uno o el otro. Pueden ser ambos. En Europa encontramos personas que hablan tres idiomas. ¿Por qué no podemos verlo también como una ventaja aquí?
—Llegó a Estados Unidos con apenas siete años. ¿Cómo logró conservar el español?
He trabajado muchísimo para mantenerlo porque pienso en inglés y muchas veces estoy traduciendo mentalmente al español. Todavía trabajo en mi fluidez. Cuando voy a Colombia, mi familia me llama “la gringa”. Y hay palabras colombianas que sencillamente no tienen traducción literal. Afortunadamente, siempre nos queda el Spanglish.
—¿Qué peso tiene Dios en su vida y en esta campaña?
Muchísimo. En esta campaña toco puertas y muchas personas me dicen: “Voy a orar por ti”. Y yo les respondo: “Gracias por su voto y gracias por su oración”. Esta jornada no es fácil y necesitamos fortaleza. Pero también creo que estamos haciendo esto por una razón. La fe sin obras está muerta.
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