MIAMI.- Quien encuentra a Musiana se queda con ella para siempre. A veces, diría que muy pocas veces, hay hallazgos genuinos en esta enorme selva de melodías, y la joven artista venezolana es uno de esos raros encuentros.
Musiana, una cantautora visitada por las musas
Desde sonidos ancestrales, pasando por el jazz, hasta las tendencias actuales, Musiana demuestra que, cuando llegó al mundo la música la estaba esperando
Canciones que son viajes, caminitos de tierra que llevan al mar, humo de incienso y flores que bailan en la superficie de un cuenco de barro. Y usted podría imaginar muchos otros colores si escucha los temas de esta cantautora.
Musiana me dijo que desde pequeña, en su natal Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela, le gustaba “inventar”. Esa curiosidad le hacía subir al techo de la casa e imaginar mundos.
“La música ha estado en mi vida desde que estaba en la barriga de mi mamá, porque mis padres cantan”, contó la artista. “Llegué al mundo, y ya la música me estaba esperando. Canto desde muy chiquita. Mamá dice que yo me arrullaba a mí misma.
Cuando fui creciendo, me comenzó a interesar cada vez más, entonces mi exploración musical comenzó a madurar y el journey nunca ha parado”, añadió.
Hay una fuerte plasticidad en sus recuerdos. Musiana me habla de “los paseos a la playa y a las montañas, las reuniones en la casa, la música, las bombitas de agua en carnaval, los árboles de mango en el patio”. Por eso no extraña que sus canciones sean también happenings visuales donde se intersecan muchos estilos (fruto de su experiencia en el teatro), y que su género musical sea “la libertad”.
¿Por qué Viviana Baptista se convirtió en Musiana? Su nombre artístico es el resultado de un camino que comenzó mucho antes de pensar en un sello que la identificara. “Cuando recién llegué a Miami, me metía horas en el garaje a pintar, a componer en mi teclado, a crear… Tenía mi propio mundo. Cuando entraba ahí, sentía que todo lo que ocurría creativamente no venía de mí, sino que me lo decían las musas”, explicó.
Como juglar que colecciona paisajes e historias, tras terminar el high school en Venezuela llegó a Estados Unidos y a partir de sus estudios en el Miami Dade College notó que el inglés se hacía menos ajeno cuando había música, a la que define como “otro lenguaje”. Así encontró su refugio. “Me salía a veces de clases y me iba a los salones de práctica a escribir canciones”, confesó.
Así, entre noches de open mic y experimentos sonoros, Musiana ha constatado que no tiene un único estilo que la describa. “Tengo etapas en donde me atrapan ciertos sonidos más que otros, pero en general la música me gusta en todas sus facetas”. Y eso explica su amplio diapasón de texturas.
“Disfruto mucho la música brasilera. Ivan Lins, por ejemplo, era lo que escuchaba de niña. Escuchaba también polifonía, jazz, bossa nova… En mi adolescencia pasé por una etapa más rock/punk - pop/R&B y obviamente el reggae. Luego me atrapó un poco más lo experimental/abstracto, música de films, y de ahí comencé a interesarme por sonidos más ancestrales”, detalló Musiana.
En el proceso creativo, sus canciones “vienen de algún momento de catarsis. Siento intensamente mis procesos humanos, mis emociones, mis cambios, mis experiencias, y todo eso se va convirtiendo en canciones. A veces compongo desde un lugar muy empático también, desde lo que siento a través de otros y desde la imaginación”.
La cantautora apela a lo anecdótico, al material biográfico, que puede ser una palabra, un episodio de la niñez, una foto en blanco y negro, y que logra conectar, desde lo particular, con las historias de otros. Basta escuchar la canción Te encontré, una ofrenda honesta y visceral a su madre, a su niñez. “Cada momento se iba la luz, también el agua, pero no tú”, canta en un fragmento del tema, y la estampa de escasez puede ser Venezuela, pero también otros lugares.
Te encontré es además un canto al origen, a los instintos maternos. “Cuando estaba escribiendo esta canción, sentía que se me estaba moviendo todo mi vínculo con la vida. Lloré mucho esa tarde. ¡Fue hermoso! Es como ver que hasta cuando hay un gran caos, ese espíritu de la creación es indestructible, nos nutre y nos mantiene vivos casi de forma inexplicable, nos ama, así como mamá sacando esa fortaleza no sé de dónde y guerreando por sus hijos, por ejemplo”, resaltó.
Musiana se asoma a la ventana, llega “como gaviota en tu mar”, con músicas nativas de un mundo que se inventa sobre la marcha, sobre el pentagrama. Su voz, con un timbre fresco y místico, me atrevo a decir, juega con esas energías juguetonas que rodean a la artista.
Ella siente la música como un ritual, como la reafirmación de sus conjuros, como el desvelo de su propia intimidad, y así lo canta, entre hadas, flores, viento y niños que ríen en un bosque de colores. Es psicodelia y celebración de la vida, pero también es el dolor que percibe en el mundo.
“Soy los pájaros volando, soy la voz que está cantando”, dice en el tema Soy, una ofrenda a la Tierra, a la madre común, consciente de que la naturaleza tiene sus propias razones, y que “no tenemos que domesticarnos”, sino “educar nuestro instinto”.
Soy nació en la habitación de Musiana. “La naturaleza se comunica con nosotros. Sentimos el agua cuando cae del cielo, y a veces lo pasamos desapercibido, hemos estado muy distraídos. Esta canción viene de ahí, de ese llamado a escucharla. Nosotros somos la naturaleza. Nada es más importante que ella, sus especies, nuestro ecosistema. Soy es mi himno para el planeta”, reveló.
En su canción Mufasa, lanzada recientemente, participó su padre, el arreglista, guitarrista y compositor Américo Baptista. “¡Fue espectacular!”, apuntó Musiana. “Es como mi maestro musical, nos entendemos muy bien. Mi padre fue el primer ser humano que me puso a cantar mientras él tocaba la guitarra. Yo tenía como tres años, así que desde ahí en adelante, todo ha sido una aventura”.
Y esa aventura sigue, porque cantar, tocar la guitarra o el piano, es para ella “entrar en las infinitas posibilidades de la imaginación, y no tener límites”.
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