Publicada por la Editorial Betania, Solo con el fuego es la más reciente novela del escritor cubano Luis Marcelino Gómez. Se trata de una obra que se aparta de las formas narrativas convencionales para proponer una experiencia centrada en la propia literatura.
Solo con el fuego: una novela donde la literatura se sueña a sí misma
Más que una novela en sentido convencional, estamos ante un artefacto barroco que convoca a Cervantes, Sor Juana, Góngora, Martí, Lezama, Borges y Arenas en un mismo espacio
La historia parte de Florentino Cascajo, un médico que abandona su país y su profesión para dedicarse a escribir tras una ruptura amorosa, y desde ese punto inicial se abre a una serie de viajes físicos e intelectuales que atraviesan América y Europa.
A través de un relato fragmentado, la novela combina ficción, reflexión y reescritura de la tradición cultural. En sus páginas conviven personajes históricos y literarios como Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz, José Martí, Alejo Carpentier, Lezama Lima, Borges y Reinaldo Arenas, integrados en una estructura que cruza narrativa, ensayo y teatro.
Más que contar una sola historia, Solo con el fuego plantea una exploración del acto de escribir, del diálogo entre épocas y de la relación entre vida, memoria y literatura. Un libro que invita al lector a entrar en un recorrido donde la ficción funciona como espacio de pensamiento.
Sinopsis
Solo con el fuego es una novela que rompe con el canon. Es onírica, metafictiva, polifónica, bajtiniana.
Como trasfondo presenta a Florentino Cascajo, médico que abandona su país de origen para dedicarse de lleno a la literatura, quien, a su vez, ha sido traicionado por su objeto amoroso: María Salomónica.
A solas, como escape, o manera de salvarse, se busca dos amigos. Uno vivo, Crisanto Corobero, venezolano descendiente del prócer de la Independencia José Antonio Páez (1790-1873), con quien emprende una travesía cuyo objetivo son los Llanos. El otro, ya fallecido, es un escritor de su ciudad natal, Reinaldo Arenas, con el cual visita la corte de Felipe II de Austria.
La novela comienza con una negación que pauta la obra: «Te despertó el timbre del teléfono que nunca sonó.» Se inicia en segunda persona, cuando la sombra del protagonista le habla. En los primeros párrafos se explica, por medio de la rotura de un espejo, el rompimiento de tiempo y espacio, así como la fragmentación de los personajes. Por ejemplo, cuando desfilan las esposas del rey, en el mismo pelotón marchan Isabel de Valois joven, aún sin hijos y, luego, con ellos. Lo que, por otra parte, evidencia la iteración de lo onírico. También se reinventan las historias, entre ellas la de Sor Juana Inés de la Cruz. O se da una explicación psicofisiológica a los raptos místicos de Santa Teresa de Ávila.
Además de los temas principales y de mencionar escritores, o sus personajes, desde el medioevo como el hada Persina o al autor renacentista François Rabelais, el decimonónico Nietzsche, entre tantos otros de diferentes épocas, se hace un recorrido por la prosa de importantes narradores del llamado modernismo latinoamericano del siglo XIX, entre ellos de Lucía Jerez, única novela de José Martí (de forma académica, a modo de conferencia ante los otros personajes). También se analiza, ya en el siglo XX, la obra de Alejo Carpentier y muy especialmente Paradiso, de José Lezama Lima, con dos puntos de vista opuestos (en una conversación). Hacia el final, en un viaje a los Llanos venezolanos, el narrador (en primera persona) crea un paralelo entre la civilización y la barbarie descritas por Rómulo Gallegos en Doña Bárbara. Se realiza, asimismo, un análisis de algunos aspectos de la obra cumbre de Cervantes (en diálogo postmodernista con Cide Hamete Benengeli, Miguel de Cervantes, Pierre Menard, Jorge Luis Borges y don Quijote). Amén de la hermenéutica de la obra cumbre de François Rabelais en boca de Felipe II, narrado por su urólogo.
Hay en la novela disquisiciones sobre la obra de arte, la escritura, la música, la pintura, el amor, la traición, la situación política cubano-venezolana, etc., y se valora la naturaleza y psicología humanas bajo distintas circunstancias.
Los textos cabalgan dentro del Barroco. Sin embargo, es más culterana que conceptista, aunque toma características de ambas corrientes, por eso la exageración, la exuberancia, lo erudito, los sueños, la abundancia de latinismos, el oxímoron, el doble sentido, etc. Así como el empleo de autores del barroco, como Sor Juana o Góngora de quienes se citan, directa o indirectamente, algunos versos como “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” del famoso soneto gongorino. También, por supuesto, Cervantes, su padre, etc. Además, lleva el barroco pictórico a la literatura. Toma como modelo a Caravaggio y el tenebrismo. Por eso tantas imágenes a oscuras, en penumbras, o al poniente, alumbradas por la llama de la vela. Y la cita de varios pintores del período, como cuando Florentino está en Venezuela y la madre de uno de los personajes, para cuestionarlo, se le sienta al frente a la luz de una vela que le recuerda al pintor flamenco Adam de Coster.
La novela se divide en tres secciones cuyos subtítulos usan tres de las lenguas del imperio de la Casa de Austria: español, italiano y alemán.
Primer Fragmento. P. 13-132, en las que se intercalan paralelamente las dos historias, aunque nunca se mezclan ni los personajes ni los hechos. Un relato trata de un viaje por América desde el sur de Florida, en Estados Unidos, hasta la frontera de México con Belice. En la otra historia la corte de Felipe II, en forma de procesión, o comparsa, marcha delante de los protagonistas, quienes la ven pasar desde un balcón de la Casa Consistorial frente a la antigua Plaza de Isabel II en la Muy Ilustre Ciudad de San Isidoro en la América hispana.
Bozzetto: P. 135-152, a pesar de su título, la acción continúa. Esta es la única sección de la novela donde todos los personajes convergen. Reinaldo Arenas y Florentino Cascajo han llegado a Madrid y toman un autobús para dirigirse al sur. El autobús se rompe y siguen el viaje a pie por «La Mancha», en la que se encuentran con Miguel de Cervantes, Cide Hamete Benengeli, Jorge Luis Borges, Pierre Menard, Crisanto Corobero y Luis Marcelino Gómez, es decir, el autor, como personaje de ficción. En Bozzetto se esclarecen las claves de la obra y se habla de los posibles finales: ej., en la desembocadura del Nilo. Se explica también el porqué de los nombres de los personajes, o por qué se escoge a un escritor muerto. Asimismo, se expresa el porqué del nombre de la sombra que narra la novela. Se habla somera y lúdicamente de Santa Teresa de Jesús, amiga de Felipe II, y de los místicos en general, etc.
Otros fragmentos (das Gesamtkunstwerk) p. 155-300. Esta última parte está conformada por varias secciones que pueden tener desde una página (un haiku) a sesenta y tres (viaje final a Venezuela). Se habla de poesía, música, pintura, medicina, genética (de los Austria), escultura, arquitectura e incluso, dentro de la prosa, la narración se convierte en obra de teatro.
Un fragmento: «Coloquio de los médicos», (toma su nombre de «El coloquio de los perros»), narra de forma bajtiniana la vida de Felipe II a través de sus médicos de cabecera, desde su infancia hasta el momento de su muerte, con síntomas, síndromes, enfermedades y tratamientos. Entre los galenos se encuentran Andrés Laguna (mencionado en Don Quijote) y, entre tantos otros, Vesalius, Francisco Vallés de Covarrubias, Dionisio Daza Chacón, Francisco Hernández de Toledo, Fernando de Mena, Luis Mercado, García de Oñate, Lázaro de Soto, Nardo Antonio, Francisco Díaz, Pinterete, el curandero morisco, o la momia del bendito Fray Diego de San Nicolás, usada con el príncipe Carlos luego de su caída en el palacio de Alcalá de Henares. Aparecen también, lúdicamente, el cirujano Rodrigo de Cervantes, Oneida Fuentes, madre de Reinaldo Arenas, y el psiquiatra Luis Marcelino Gómez. Este fragmento reseña múltiples acontecimientos del reinado de Felipe II, como las rebeldías en Flandes o las relaciones de la corte con el emperador Wanli, de la Dinastía Ming del Celeste Imperio de Catay; así como la situación actual cubana. Se introduce muy brevemente la religión yoruba en el mismo tono carnavalesco.
En otro de dichos fragmentos, Mille regretz, el protagonista se encuentra con Felipe II en la basílica de El Escorial con quien conversa de todo lo relacionado con la música de su reinado, mientras escuchan y comentan las obras más apreciadas por el Austria. Aquí también se habla de la arquitectura, las pinturas y las esculturas de El Escorial, así como de las comidas, postres y bebidas que degustaba el rey, o el porqué de la llegada de los Borbones al trono español. Al marcharse, el lector descubre que la bestia usada por Florentino y de la que se habla al inicio del fragmento es Babieca.
La obra culmina con el fragmento XVII, sin subtítulo, donde el protagonista, en primera persona, cuenta, ya sin su sombra, el viaje a Venezuela mientras relee una «Doña Bárbara» original que Rómulo Gallegos le dedicó a Rufino Blanco Fombona. Al final, comprueba que, a pesar de los años transcurridos, continúa la barbarie en las orillas del Arauca.
Esta novela contiene un estudio detallado de todas las circunstancias que ocurren, desde la música del Felipe II, sus médicos, su corte, hasta las maderas de El Escorial o su estructura arquitectónica. Lo mismo aplica a la flora y la fauna ibérica, mexicana, venezolana o cubana. O al léxico de cada región y época que aparecen en la obra. Aunque escrita enteramente en español, muestra frases o palabras en distintas lenguas: alemán, árabe, francés, hebreo, inglés, italiano, latín, maya y portugués.
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