MIAMI.-La película Últimos días en La Habana empezó de forma inesperada: “Un día se apareció en mi casa Abel Rodríguez para entregarme una historia. El no es un guionista profesional, trabaja en un banco, pero le gusta escribir. Ese primer relato me interesó por el manejo de los diálogos y la autenticidad de los personajes, pero no la veía como una película. Abelito no se desanimó. Tenía otras 10 historias escritas y entre ellas estaba el núcleo de este filme”, relató a DIARIO LAS AMÉRICAS el cineasta cubano Fernando Pérez, desde la ciudad de Valencia.
"Últimos días en La Habana", de Fernando Pérez, se estrena en Miami
“Lo que me estimuló a filmarla fueron sus personajes. Pero sobre todo el espacio social en que se mueven. Pues creo que en ese contexto, que es el más representativo de la sociedad cubana porque es el más popular, es donde se encuentra la verdadera temperatura de la realidad cubana”, dijo Pérez a propósito de Últimos días en La Habana, cuya premier en el Miami Film Festival tendrá lugar en el Olympia Theater el jueves 9 de marzo a las 7 p.m.
La Habana es siempre un personaje
En las películas de Fernando Pérez La Habana no es simple contexto. No es únicamente el lugar donde ocurre la trama. La Habana es un personaje protagónico, omnipresente, como una especie de narrador omnisciente de la vida y la muerte de una ciudad muchas veces filmada, sobre todo sus ruinas tristes y seductoras, pero muy pocas veces diseccionada cinematográficamente.
“La Habana es mi lugar en el mundo. Como la película de Adolfo Aristararín. Y hay una razón única y esencial para que así sea: allí he vivido todos mis amores y desamores durante más de 70 años. Y esas vivencias nutren mi vida íntima y profesional. Cuando estoy lejos, a veces en broma pienso que a La Habana le falto yo”, comentó sonriente el director cubano más reconocido dentro y fuera en la isla en las últimas décadas.
Esperanza y desesperanza, permanecer o irse
Hay dos ecuaciones sentimentales y filosóficas que suelen acompañar las películas de Pérez: amor y desamor, esperanza y desesperanza: “Una vez, siendo más joven (pues aún quiero seguir siéndolo), creí por unos días que había alcanzado la felicidad, y de pronto, todo se puso oscuro y no entendía nada. Pero como siempre ocurre en la vida, amaneció más adelante. Hay una frase de Sigmund Freud que tiene que ver mucho con eso: ‘He sido un hombre feliz: todo en la vida me ha sido difícil’. Y yo puedo decirla”.
Hay otra ecuación también muy presente en la mayoría de sus filmes: permanecer o irse (de La Habana, que simboliza a Cuba), como sucede en la trama de Últimos días en La Habana.
“Son pocos -para no ser absoluto- los cubanos que no han vivido esa ecuación en los últimos 50 años. Tengo hijos, amigos, amores que han partido de Cuba en situaciones dramáticas. Y es un tema al que siempre volveré”, advirtió el guionista y director de galardonados títulos como Hello Hemingway (1990), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998) y Madrigal (2007), entre otros.
Pérez es un constructor de metáforas visuales. Sobre Últimos días en La Habana, a modo de alegoría, expuso: “Construir con palabras una metáfora sobre esta película me resulta muy difícil. Pero me viene a la mente una metáfora visual como las instalaciones de Bill Viola: el agua y el fuego atrayéndose, rechazándose, inseparables” (Viola es un videoartista neoyorquino contemporáneo, considerado uno de los más influyentes en las nuevas generaciones de realizadores audiovisuales).
Personajes que habitan La Habana cotidiana
“Durante la prefilmación recorrimos más de veinte solares habaneros como posibles locaciones y para mí fue muy revelador constatar que en cada uno de ellos se repetían los rostros vivos y diversos de nuestra película. En el guion de Abelito no estaba Yusisleydi. La incorporamos mas tarde. Conozco varias adolescentes como ella. Pero todos los personajes de la película existen en la realidad cotidiana de La Habana”.
El realizador siente que en sus creaciones está muy presente el significado más profundo de la frase “Madame Bovary soy yo”, del novelista francés Gustave Flaubert: “Más allá de cualquier método o principio dramatúrgico, me identifico emocionalmente con cada uno de mis personajes para sentir como ellos y no juzgarlos”.
Los personajes de Últimos días en La Habana y de toda su filmografía, además de sus dramáticas circunstancias, están marcados por una búsqueda de la verdad actoral, la verdad más allá del método: “Desde que escribimos el guion, vislumbramos que lo más importante de este filme era el trabajo de los actores. Si los protagonistas y la galería de personajes que los rodean no vivían auténticamente en la pantalla, la película seguramente podría tener otros valores, pero sería un fracaso”, afirmó.
El rodaje fluyó casi sin palabras
“Preparamos un largo casting (más de dos meses) cuando aún no teníamos ningún recurso y ensayamos con cámaras prestadas en casas prestadas las escenas más importantes para escoger al actor que interpretaría a Diego. Lo mismo hicimos con los personajes de Yusisleydi y P4. Para el personaje de Miguel siempre pensé en Patricio Wood. Fue en ese proceso de casting que buscamos la caracterización, el tono, las emociones de cada uno de ellos. Luego en el rodaje todo fluyó casi sin palabras”, señaló el director de la multipremiada Suite Habana (2003), mezcla de documental y ficción. Sus últimas obras son José Martí: el ojo del canario (2010) y La pared de las palabras (2014).
El cine es como la vida
Pérez realizó su primer largometraje de ficción con 44 años: Clandestinos (1988). Para el cineasta, que este año cumplirá 73 años, vivir y trabajar rodeado de jóvenes, le aporta un sinfín de posibilidades y sentimientos que considera necesarios para la creación: “contradicciones, sorpresas, energía, dudas, espontaneidad, audacia, vitalidad”.
No son pocos los críticos y estudiosos del cine cubano, entre ellos Alejandro Ríos, que consideran que Últimos días en La Habana pudiera haber sido filmada por un joven cineasta cubano por la frescura de su lenguaje y las motivaciones de sus personajes. A propósito de esto, respondió Pérez:
“No quedarme con lo que he aprendido es vital. La experiencia por supuesto que es importante, pero cuando se convierte en caminos seguros y apacibles, deja de ser útil. Dijo Buda: ‘Nada es eterno, excepto el cambio’. Y el cine es como la vida: es una constante búsqueda, y en ese fluir permanente trato de mantener mi espíritu -también muy sereno a ratos- en constante ebullición”.
“El cine cubano necesita hacer más películas y que se legalicen las casas productoras de los jóvenes cineastas independientes”, aseveró, así como “aprobar una ley de cine que sustente al cine nacional”. Sobre qué le sobra al cine cubano actual, contestó “algunas películas”.
Insumisa: su nueva película
“No te miento. Me reconozco en todas mis películas, incluso en las menos aceptadas por el público y la crítica. En cada una de ellas, hay un pedazo de mí y en ellas está lo que logré y lo que no logré expresar en ese momento. Y más que mirar hacia atrás, siempre estoy involucrado en encontrar la brújula que me guíe en el próximo proyecto. Ahora mismo estoy tratando de desentrañar la luz narrativa de Insumisa, una película que debo filmar antes de agosto y que cuenta la historia de Enriqueta Faber, una médico suiza que tuvo que tomar la personalidad de un hombre para poder ejercer como cirujana en Baracoa (Cuba) a principios del siglo XIX. Una historia real”, adelantó.
Contar, explorar, aventurarse, son palabras que identifican la labor creativa de este cineasta. A pesar de su larga carrera, siente que hay mucho que le gustaría poder abrazar en sus películas: “Un universo infinito de emociones, de zonas oscuras e inquietantes, historias controvertidas y humanas. Pero necesitaría muchas vidas para saber si podría expresarlas. Por el momento me conformaría con realizar un musical”.
El cine, para Pérez, al comienzo fue una vocación. Luego una pasión, pero siempre será su manera de comunicarme con los demás, reconoció.
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