IVÁN GARCÍA
La selección de Copa Oro no levanta pasiones en Cuba
Cuba llegó a los cuartos de final de la Copa Oro, pero su desempeño ha generado poca emoción en la isla
Especial
LA HABANA. Cuando el prometedor delantero cubano Maikel Reyes, 21 años, saltó al campo a calentar, en las desiertas gradas del Soldier Field de Chicago, un pequeño grupo con una bandera cubana intentaba darle aliento.
El chico hizo un tímido saludo con la mano y se concentró en sus ejercicios. Los jugadores trotaban sin mucho ánimo por el verde césped con las maletas ya preparadas en el hotel para tomar el vuelo de vuelta a casa.
Pocos pensaban que el once de la Isla podría pasar a segunda fase. Pero sucedió el milagro, al vencer a Guatemala un gol a cero con anotación de Reyes. El oasis en el calvario promete ser breve.
Luego de que México le pasó por encima como un rodillo y la derrota ante Trinidad y Tobago, sacar cuentas suponía cosa de vagos, lunáticos o patriotas a prueba de bombas.
La aventura americana de la selección cubana fue dramática y decepcionante a la vez. Como casi siempre sucede que un equipo deportivo aterriza en Estados Unidos, amparado en la Ley de Ajuste que les otorga excepcionalidad migratoria a los cubanos, cuatro futbolistas saltaron la tapia.
El primero en abandonar el barco fue el centrocampista Arael Argüelles. Después el delantero Kailen García le siguió los pasos. El jugador fue encontrado en la ciudad de Miami. Dijo que lo hizo por "vivir el sueño americano".
Bueno, no será el último. Desde 1990 a la fecha más de mil deportistas han huido de su patria en busca de libertad económica y oportunidades profesionales.
LEA TAMBIÉN: Un tercer futbolista se va de Copa Oro
Desde peloteros de lujos como Yasiel Puig, Aroldis Chapman o José Abreu a futbolistas que apenas reciben eco mediático como Maikel Galindo y Osvaldo Alonso.
En Cuba, la fanaticada en Cuba mira con ojeriza a su selección nacional de fútbol. En la Isla hay un boom futbolero. Por miles se cuentan los seguidores de clubes importantes en Europa y también en Brasil, Argentina y Uruguay.
En La Habana existen cafeterías y bares privados o estatales que entre cervezas y mojitos, se desbordan de parroquianos con bufandas de sus equipos cuando se celebran eventos importantes.
No es exagerado decir que actualmente a la mayoría de jóvenes entre 14 y 30 años no les gusta el béisbol, el deporte nacional. Dicen que la pelota es lenta, tediosa y complicada. Que es cosa de viejos.
Hubo un tiempo, a finales de los años 20 y durante la década de 1930, que el fútbol en Cuba vivió su primera etapa dorada. La colonia española afincada en la Isla fue su motor.
Una docena de futbolistas locales llegó a jugar en la Primera División de España. Ocho jugadores cubanos llegaron a insertarse en el Real Madrid. Y en 1938, por invitación, Cuba participó en un su única Copa del Mundo.
Pero ha llovido mucho desde entonces. Después de la llegada de Fidel Castro al poder, como es habitual en regímenes comunistas, el Estado priorizó la práctica deportiva.
LEA TAMBIÉN: Cuba tiene una cita a muerte con EEUU
El deporte pasó a ser una vitrina de mercadotecnia que intentaba demostrar la supremacía de la ideología marxista sobre el capitalismo de libre mercado. Cuba llegó a ocupar un quinto lugar olímpico y ser potencia en deportes que antaño se consideran exóticos, como el voleibol o polo acuático. Pero el fútbol nunca despegó.
Hubo flashazos de buenos momentos. Como el empate a cero en las olimpiadas de Montreal 1976 con la Polonia de Lato y Boniek que habían sido tercer lugar en el Mundial de Alemania 78. Poco más.
Mientras los seguidores al fútbol crecen en Cuba, la calidad continúa en picada. Ni siquiera el millón de dólares que anualmente otorga la FIFA ha propusado cualitativamente el fútbol. Por cierto, se debería investigar qué hace la federación cubana con esa plata, pues desde hace dos años en un almacén estatal se deteriora una cancha sintética y el estadio Pedro Marrero es un patatal con el graderío repleto de goteras.
Esas lluvias han traído estos lodos. Cada Copa Oro es una pesadilla para el once local. Las goleadas van y vienen. En el campo, once tipos duros intentan tocar un violín. Tienen un físico decente y no son malos corriendo.
Pero a la selección le faltan artistas. Jugadores que abran la funda y saquen las ametralladoras. Los conceptos de juego son arcaicos. El cambio para mejorar el fútbol cubano debe comenzar desde arriba.
El calor agobiante, las vacaciones escolares y los Juegos Panamericanos de Toronto, han amortiguado la derrota humillante de Cuba frente a México y Trinidad y Tobago.
Tras caer dos por cero ante los trinitarios, Osmany Torres, comentarista de la radio, aseguraba que lo mejor que les podía suceder a los cubanos era perder frente a Guatemala y regresar a casa por la puerta de atrás.
Pero el gol de cabeza del delantero Maikel Reyes ante Guatemala aplazó el martirio. En el choque frente a Estados Unidos en cuarto de finales todos apuestan que la derrota será por goleada.
La buena noticia para el once local es que los focos mediáticos, concentrados en Toronto, apenas hablan de la Copa Oro. La mala, es que el once nacional seguirá perdiendo fanáticos. Sólo los especialistas, amigos y familiares acuden a los partidos del campeonato local.
NULL
