Miami enfrenta el reto de convertirse en una "Smart City"
Una ciudad acostumbrada a los embates de huracanes se enfrenta a un Tsunami Digital

Indiscutiblemente Miami es una ciudad de retos, desde su fundación en 1896 con la llegada del ferrocarril y el inicio de un crecimiento imparable, hasta la actualidad en donde se ha desarrollado y posicionado globalmente en el sector de las finanzas, el comercio, los medios de comunicación, entretenimiento, artes, comercio internacional, entre otros.

Por otra parte, y de forma silenciosa, en los últimos años la ciudad ha venido transformándose desde el punto de vista de la diversificación, expansión y el fomento de un ecosistema digital de oportunidades, empleos, capital de riesgo, empresarios y empleadores interesantes con muchas tareas pendientes, por supuesto, para poder convertirse en un “Orange Valley” y ser el referente de innovación, emprendimiento y temas afines en la costa este de los Estados Unidos.

La transformación cada vez es más rápida y exponencial, y lo poco o mucho que se ha realizado en los últimos años, se multiplicará en un período más corto de tiempo. Aquí es donde cualquier persona que viva en Miami, Florida o tiene algún tipo de conexión con la ciudad, necesita saber cómo participar en este proceso y las fases subsiguientes donde la tecnología jugará el papel más crítico de este viaje transformador convirtiendo a Miami en una “Smart City” o "Ciudad Inteligente".

Hay varios desafíos claves que esta gran ciudad enfrenta: tráfico, crecimiento poblacional, transporte público limitado, opciones de expansión limitada, contaminación, inseguridad, inmuebles a precios elevados, aumento del nivel del mar, reducido número de empleadores grandes, dependencia de la economía de servicios y las constates amenazas de la naturaleza en la temporada de huracanes, entre otros. Es aquí donde la tecnología puede ser un facilitador clave para ayudar a proporcionar soluciones a estos problemas de manera sostenible y la aplicación del concepto de Ciudad Inteligente puede ser el catalizador principal de esta transformación.

Alejandro Mainetto, quien en enero pasado escribió al respecto en la red social LinkedIn y que es fuente y referencia de este artículo, define a una Smart City como “Una visión de desarrollo urbano para integrar varias tecnologías de información y comunicación e Internet de las Cosas (IoT) de manera segura para administrar los activos de una ciudad que incluyen, entre otros, los sistemas de información de los departamentos locales, escuelas, bibliotecas, sistemas de transporte, hospitales, centrales eléctricas, redes de suministro de agua, gestión de residuos, cumplimiento de la ley y otros servicios comunitarios”.

Refiere Mainetto que es imperioso desarrollar y publicar un mapa detallado u hoja de ruta sobre lo que Miami debería hacer con respecto a cada una de las áreas mencionadas durante los próximos 3 a 5 años, y hasta el 2025, cuando pudiera llegar a ser una Ciudad Inteligente. El combustible que hace que esto funcione es la conectividad, 24/7 en cualquier momento y en cualquier lugar, y los datos generados por individuos y las infraestructuras físicas, por lo tanto, la infraestructura adecuada, los mecanismos de incentivos y las políticas también deben desarrollarse para hacer de esta hoja de ruta una realidad.

Es así como la ciudad debe trabajar en varios conceptos para lograr su cometido:

Educación inteligente: planes de estudios personalizados y adaptables, bibliotecas inteligentes y libros digitales así como campus estudiantiles llenos de sensores.

Seguridad inteligente: estrategia global de ciberseguridad y la seguridad digital continua de la infraestructura crítica en toda la ciudad.

Energía inteligente: control del consumo de energía en edificios, sensores de temperatura y calidad del aire, contadores, iluminación LED de intensidad controlada y uso de tecnología ecológica.

Infraestructura inteligente: desarrollo de las aplicaciones centrales, informáticas, redes y las plataformas de almacenamiento para administrar, operar y dar soporte.

Transporte inteligente: vehículos autónomos, eléctricos y conectados a carreteras inteligentes. Bicicletas compartidas, sistemas de peaje, túneles inteligentes, aeropuertos y puertos inteligentes. Estaciones de trenes y un sistema ferroviario, autobús y tránsito modernos.

Salud inteligente: visitas virtuales al médico en el hogar, telemedicina, prescripciones personalizadas, redes de tecnología de sensores que pueden predecir brotes de enfermedades, entre otros.

Edificios inteligentes: sistemas de control de iluminación, termostatos, sensores y alarmas. Ventanas que se oscurecen a sensores que detectan una habitación vacía y el calor o la corriente alterna se apaga automáticamente.

Servicios inteligentes de emergencia: servicios inteligentes de policía, bomberos y ambulancias. Identificación y reconocimiento facial, participación ciudadana y análisis de video.

Manejo inteligente de los desperdicios: recipientes de basura equipados con sensores para optimizar automáticamente los planes de recolección de desechos y las rutas para el reciclaje.

Ambiente inteligente: parques y playas conectadas, tecnologías para luchar contra el aumento del nivel del mar y sistemas de alerta temprana avanzados para desastres e inclemencias del clima.

Comercio inteligente: minoristas sin efectivo, tiendas sin personal, asistentes virtuales omnipresentes, pagos, pantallas y logística avanzada.

Hogares inteligentes: consumo de energía verde y renovable, tecnología de oficina doméstica y electrodomésticos con una plataforma central de Internet de las Cosas (IoT) para administrar todo.

Agricultura inteligente: agricultura urbana, máquinas de siembra basadas en GPS y Drones que proporcionen imágenes y el seguimiento necesario.

Existen 4 claves para aplicar y cumplir la hoja de ruta. La primera es asegurarse de que este plan tenga hitos apropiados y desarrolle los mecanismos necesarios para hacer seguimiento, e igualmente a sus responsables. En segundo lugar el trabajo mancomunado entre los entes públicos y privados es el factor crítico de éxito más importante. La tercera clave son los mecanismos de financiamiento que deben desarrollarse claramente en cuanto a la definición, sus procesos y las fuentes. Por último, debe existir un compromiso colectivo, en especial de la ciudadanía, para velar que las políticas se mantengan a largo plazo.

Para 2025 es posible tener a Miami como una Ciudad Inteligente y referente, no sólo en los Estados Unidos, sino a escala mundial. Los beneficios sin duda serán muchos, en especial, para sus habitantes y visitantes. Lo que queda es asumir el reto y avanzar.

@nestoraltuve
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