MIAMI – La controversia pública sobre el despido del exdirector del FBI, James B. Comey, tomó un giro inesperado el viernes después de que el presidente Donald Trump tuiteó al amanecer lo que algunos consideraron como una amenaza contra el exfuncionario policial.
Debate por despido de director de FBI da un giro inesperado
“James Comey mejor que espere que no haya ‘grabaciones’ de nuestras conversaciones antes que comience a filtrar (detalles) a la prensa”, dice el tuit escrito por el Presidente.
El propio mandatario confirmó el jueves a la cadena NBC que sostuvo tres conversaciones a solas con Comey en la Casa Blanca desde que asumió la presidencia.
La posible existencia de grabaciones de la conversación plantea un asunto muy serio porque de existir tendrían que haberse realizado con el conocimiento del propio mandatario. El tema es aún muy delicado, después del escándalo Watergate, a mediados de los años 70 del siglo pasado, cuando se descubrió que el entonces presidente Richard Nixon montó en la Oficina Oval un sistema de escuchas con el cual grababa conversaciones sin conocimiento de sus interlocutores, y finalmente se vio obligado a renunciar.
En la habitual rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, no quiso negar o confirmar lo que el Presidente escribió. “El presidente no tiene nada más que agregar sobre eso”, dijo. Pero sí desmintió que se trate de una amenaza. “No es una amenaza. Sencillamente dejó claro un hecho. El tuit habla por sí solo. Vamos a otro asunto”, agregó.
Spicer no aclaró si lo que dejaba claro hacia una referencia a las grabaciones o a la hipótesis de que Comey comenzara a filtrar detalles de sus encuentros con el mandatario a la prensa.
El Presidente, en una entrevista concedida a la cadena Fox, que será difundida el sábado por la noche, también rehusó hablar del asunto. “No puedo hablar de eso. No voy a hablar de eso. Lo único que quiero es que Comey sea honesto”, dijo, en lo que parece ser una referencia velada al contenido de una cena a solas en la Casa Blanca y que fue revelada por el The New York Times.
El jueves el rotativo sostuvo que en esa cena el Presidente pidió a Comey que se comprometiera con ser leal a su persona. El exdirector del FBI habría dicho apenas que “sería siempre honesto”. El rotativo cita dos fuentes anónimas con quienes Comey compartió detalles de la velada. Aunque el director del FBI es nombrado por el inquilino de la Casa Blanca, debe mantener una postura equidistante con relación al Presidente. Spicer negó tajantemente la versión del diario. “Creo que el Presidente quiere lealtad a este país y a la ley”, dijo.
A su vez, el exdirector del FBI de inicio restó importancia a la posible intimidación presidencial y dijo que no estaba preocupado, según el Washington Post. Pero al final de la tarde del viernes, la revista Politico informó que Comey ha decidido declinar una invitación para presentarse el martes ante la Comisión de Inteligencia del Senado, en una sesión a puertas cerradas.
“El tuit del Presidente y el hecho de que Spicer no haya querido aclarar las dudas de los periodistas es extremadamente preocupante porque, recordemos, este asunto todo ha comenzado con una investigación que el FBI está llevando a cabo sobre la penetración rusa en Estados Unidos”, comentó el analista David Gergen, quien fuera asesor de cuatro presidentes, demócratas y republicanos, incluyendo el propio Nixon. Gergen no estuvo involucrado en Watergate.
La presunta amenaza de Trump desató de inmediato una ola de rechazo en el Capitolio, donde los demócratas han exigido la entrega al Congreso de toda transcripción de las presuntas grabaciones. Los congresistas demócratas John Conyers Jr. y Elijah E. Cummings, de los comités Judicial y de Supervisión, respectivamente, enviaron de inmediato una carta a la Casa Blanca pidiendo copias de las grabaciones, en caso de que existan, haciendo notar que “constituye un delito intimidar o amenazar todo posible testigo con el objetivo de influenciar, retrasar o evitar su declaración”. Además del FBI, la Cámara de Representantes y el Senado también tienen sus investigaciones separadas sobre la posible interferencia rusa.
“Para un Presidente que ha acusado sin pruebas a su antecesor de grabarle ilegalmente, el hecho de que el señor Trump haya hecho algo como esto, me parece asombroso”, comentó el vicepresidente el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam B. Schiff.
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