Votar por correo, conocido como “voto ausente”, ha sido una práctica usual en el sistema electoral de los Estados Unidos. Esa forma de ejercer el voto estaba reservada para las personas con problemas de salud, personas de edad avanzada y personas que por razones personales estarían fuera del país o de su ciudad y la única forma de participar en la elección sería mediante un voto por correo. Los militares y diplomáticos en el exterior, también usan el voto ausente.
El voto por correo
Otra forma de facilitar que los ciudadanos puedan ejercer su voto, implementada desde hace unos pocos años atrás, es el voto anticipado. Para ese propósito, se abren centros de votación en lugares céntricos de las ciudades desde dos semanas antes de la fecha de la elección. Esos centros de voto anticipado operan los 7 días de la semana.
Las personas que desean ejercer su derecho a votar, tienen esas cómodas variantes a su disposición.
Sin embargo, desde febrero de este año, la pandemia del coronavirus ha afectado la forma de vida de todos. A este respecto, los expertos en epidemias han aconsejado, y las autoridades de las ciudades y estados han implementado, medidas como usar mascarillas que cubran la boca y la nariz y mantener una distancia de 6 pies respecto de las demás personas. Esas medidas se aplican en los lugares a los que es importante o necesario ir, como farmacias, supermercados y gasolineras.
Pero, de pronto, a los líderes del Partido Demócrata se les ha ocurrido la idea de que se deben enviar boletas de votación por correo a todos los inscritos para votar y, de hecho, ya hay varios gobernadores del Partido Demócrata que han emitido órdenes a los departamentos de elecciones en sus estados para que envíen las boletas. Aparentemente, la idea luce razonable, pero técnicamente, no lo es.
En primer lugar, las listas de votantes registrados no están actualizadas porque es muy difícil hacerlo. Los votantes usualmente no informan al departamento de elecciones que se mudaron, que alguna persona falleció o que alguien de su hogar se hizo ciudadano y tiene derecho a votar. En segundo lugar, la eficiencia del departamento de correos en la recogida y entrega de correspondencia, ha dejado mucho que desear, y condujo a que empresas privadas incursionaran, exitosamente, en esa actividad. Las pérdidas millonarias anuales del correo vienen desde hace muchos años. No es un secreto que sería una tarea casi imposible que el personal del correo pueda manejar, en tiempo y forma, como corresponde en una elección presidencial, millones de sobres más, encima de la correspondencia habitual.
El Presidente y los líderes republicanos han explicado que enviar millones de boletas, sin saber con certeza que irán a las personas apropiadas, es una irresponsabilidad y un incentivo para el fraude. Las boletas que lleguen a un hogar de donde se mudaron los votantes a los que van dirigidas, podrían ser usadas por los que residen ahí actualmente y sería muy difícil detectar el fraude, a menos que se haga una auditoría boleta por boleta. Algo difícil y que tomaría meses para realizar.
Ya hay ejemplos de este tipo de problema. En el Condado Clarke, el mayor de Arizona, la Public Interest Legal Foundation encontró que unas 223,000 boletas fueron enviadas a votantes equivocados en las pasadas elecciones primarias del estado. En Nueva York, se calculan en 78,000 la boletas devueltas por tener las direcciones equivocadas. Por supuesto que todas esas personas, si no fueron a votar físicamente, se quedaron sin votar.
La Public Interest Legal Foundation, consiguió también, recientemente, que los funcionarios electorales de dos grandes ciudades, Pittsburgh y Detroit, removieran de sus listas de votantes a miles de personas fallecidas y eliminaran registraciones duplicadas.
Para la elección presidencial faltan casi 3 meses, tiempo más que suficiente para que todas las personas que deseen ejercer su derecho al voto, puedan pedir su boleta al departamento de elecciones. Esa es la forma adecuada e inequívoca de que la boleta irá a la persona correcta. Pedirla es sumamente sencillo.
Y, por supuesto, siempre quedan disponibles las opciones de voto adelantado y de voto el día de la elección. Si diariamente vamos a las farmacias, mercados y gasolineras cumpliendo las regulaciones establecidas, no hay ninguna razón diferente para no hacerlo también en un centro de votación que, dicho de paso, no han tenido las largas filas que se veían años atrás.
No hay razones válidas para crear una situación de dudas sobre un acontecimiento tan importante y trascendental como es la elección presidencial.
Luis Zúñiga, analista político
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