¿Dónde estamos? Tomo aliento pausadamente, mientras hojeo pensativo la memoria aún fresca de lo que ha sido un año complejo. Un año lleno de retos casi inalcanzables y sentidas pérdidas, pero a su vez, ha sido un período lleno de florecientes oportunidades, regocijo, en donde también he ganado.
Las 12 campanadas
Distintos ríos navegué, algunos estrechos, otros incógnitos e inhóspitos, siempre confiando en que desembocaré en un océano profundo, donde la mediocridad es devorada por la oscuridad de lo remoto e inalcanzable, para entonces olvidarla para siempre. De ella me escondí.
Recuerdo que en los últimos doce meses, la música nos trajo momentos hermosos, pero también vergonzosos. Lo que describo refleja lo que cada uno de nosotros cree y conoce, respuesta directa a su entorno cultural y social. Es muy común criticar lo desconocido, sin tratar de entender qué razones pueden llevar a ciertos grupos sociales a amar u a odiar opuestos estilos de música, esto ya se ha convertido un fenómeno social, juzgamos como de costumbre.
Rigor aplico al concepto en donde lo viejo y lo nuevo juegan un papel fundamental en esta ecuación casi dantesca. “Lo viejo” o lo ya establecido, -me refiero a un grupo de personas, instituciones y sus cánones musicales-, tratarán de preservar su statu quo a toda costa, impidiendo que las nuevas generaciones tomen posición en el panorama que se avecina. “Lo nuevo” ha de apresurarse en aprender cuán diferente puede ser de lo anterior, para así demostrar un curso de acción totalmente opuesto y que a su vez sea musicalmente atractivo para la audiencia de hoy. Eso sí, no debemos confundir “lo nuevo” con ignorancia.
Mis amigos, la ignorancia, la pobreza estética y la falta de lógica entre lo que puede ser considerado hermoso y lo que no lo es, debe ser estudiado profundamente. “Lo nuevo” no debe obviar lo creado en el pasado, pues todos somos el resultado directo o indirecto de un cúmulo de experiencias sonoras aprendidas a través de los años. Justificar el desconocimiento con frases tales como: “eso suena viejo”, “es anticuado”, o “no tiene swing”, también abundan a caudales. Otros que ostentan una posición de poder se arropan del mismo y se atreven a dirigir, diseminar, y confundir a la población, todo conectado a los resultados económicos de cierto tipo de música o con otros fines socavados.
Favor nos hacen aquellos que con un comentario impropio nos ayudan a crecer. A ellos les debemos parte de nuestro crecimiento, por lo que hay que agradecer toda agresión directa o indirecta que nos permita aprender a defendernos y saber sortear con maestría cada obstáculo que la vida nos presente. Nadie debe jugar el papel de Dios para determinar que debe o que no debe existir musicalmente hablando, prueba de ello son las expresiones musicales de los pueblos, estas son muy diversas, por ejemplo: podemos encontrar tribus en Brasil que cantan y bailan, produciendo sonidos con sus pies mientras se van desplazando, sus voces no permiten discernir si cantan o hablan. Otros pueden quedar atónitos con la música Podhale del sur de Polonia, en donde se pueden escuchar armonías en las voces que no son comunes en que escuchamos habitualmente; podemos quedar maravillados con la música Gamelan de Indonesia, o simplemente podemos estar felices en comprar un boleto para asistir a un concierto de esa música que nos estafa y a su vez nos llena de felicidad, o simplemente la vemos como lo mejor del mundo. Todo depende del sistema de valores de cada cual.
Fiel soy a respetar lo que cada cual cree, pero invito a debatir e investigar por qué hay grupos sociales que deciden acercarse más a una música menos elitista, sintiéndose a gusto con lo sencillo. ¿Quizás vivimos en sociedades tan complejas que perdimos la curiosidad hacia otros mundos sonoros? ¿Será que debemos cuidarnos de tantas cosas para poder sobrevivir en la actualidad que estamos a punto de sufrir una implosión nerviosa que puede acabar con cada uno de nosotros y la música no es ya importante?
Solamente hay que observar a nuestro alrededor para encontrar la respuesta. No importa dónde vivimos, sólo analicemos por un minuto qué escuchamos y qué vemos a nuestro alrededor. Esto nos producirá una respuesta casi inmediata, en donde la complejidad de la vida moderna hace que la música -una comodidad que se da por sentado por su accesibilidad a todo momento- sea desplazada por otras actividades sociales que suelen ser más o menos emocionantes para nuestra vida cotidiana, pero a su vez son necesarias. Ya nadie busca un girasol.
Si no te das cuenta se van sus naves, porque el arte es muy subjetivo, abstracto y la música en particular es extremadamente compleja. Lo importante es poder determinar qué escuchamos a cada momento. Existen tres categorías musicales: música tradicional o folclórica; música popular y la música clásica o llamada de arte. Cada una es regida por características y funciones específicas. Comparar una ópera con un bolero, o la música capoeira de Brasil con un reguetón hará que nuestro sistema de creencias y valores entre en conflicto. Todas tienen su importancia y su valor, y claramente servirán a su audiencia.
Un amigo fiel
La amistad que me une a mi amigo es grande. Le pregunté qué planes tenía para fin de año. Él me respondió que se quedaría en casa junto a su familia. Dice que compró todo lo necesario para la ocasión. La cena estaría asegurada y no faltaría el champagne, tampoco las doce uvas. Sentí algo raro en su voz, se escuchaba un poco abatido. Al parecer la experiencia laboral y económica de los últimos doce meses no han sido muy alentadoras para él y para muchos. Le recordé que lo viejo y lo nuevo se reencuentran en un punto específico y que este momento debe servirnos como una vuelta nueva del reloj, un ciclo que se abre y otro que se cierra, en donde las oportunidades pueden volver a sucederse, todo eso es posible. Con mi amigo hablo de música, otras veces de temas engorrosos. Al final nos recordamos mutuamente que somos amigos por encima de todo, casi familia y que lo que nos divide en el pensamiento es muchas veces creado artificialmente por poderes que se sirven de eso, “de la división”.
Ligar es ser ágil y no me refiero al amor, me refiero a cómo vincularnos a las personas de éxito. Creo que es vital aprender a tomar consejos de personas que realmente han sido exitosas en el campo que nos interesa y que a su vez tengan un cúmulo de experiencias y fracasos acumulados de las cuales podamos beber. En la música debemos rodearnos de personas que puedan realmente impactar en nuestro crecimiento artístico y personal. Esta es una ley que yo cumplí.
Tiempo tenemos que darnos para madurar y comprender lo que escuchamos sin criticarlo, sobre todo el hacer uso y práctica del respeto a la creación y la expresión de otras personas o grupos sociales, pues, lo que para mi cultura puede ser terrible, para otra puede ser simplemente un paraíso.
Conclusión
Pausadamente tomo aliento y recuerdo una vez más lo vivido, cierro ya ese viejo libro. Exhausto estoy de estas memorias que hoy tiñen manchas en mi piel, en donde lo humano, lo trivial y hasta lo extravagante pudieron confluir en mi curso de acción, pensamiento y dirección. Hoy, antes y después de las doce campanadas, aún navego, navego aún rompiendo las olas violentas que baten sobre mi popa. Mis ideas están ancladas en otra dimensión, para que nadie devele lo que ellas ocultan.
Nota: Doce meses tiene el año, doce horas tiene el reloj y las doce campanas producen los doce sonidos de la escala musical cromática, es por ello que cada uno de los 12 párrafos comienzan (y a veces terminan) con las notas musicales, e.g.: do, di, re, ri, mi, fa, fi, sol, si, la, li y ti. También tenemos dos palíndromos en los párrafos que comienzan en: “Si……” y en “Ligar”, ¿los encuentras?
Granada Hills, CA.
Yalil Guerra, Ph. D.
Profesor y compositor. Ganador del Latin GRAMMY y con 8 nominaciones.
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