Tillerson: un secretario de Estado que podría ir a la revancha con Maduro
WASHINGTON.- Cuando Hugo Chávez dio en 2007 un ultimátum a las petroleras extranjeras que operaban en su país, ExxonMobil se negó a entregar el porcentaje de los beneficios que exigía el presidente de Venezuela. Poco después, la compañía estadounidense vio nacionalizados activos por valor de 10.000 millones de dólares.
La negativa a plegarse a Chávez fue decisión del CEO de ExxonMobil cuando llevaba poco más de un año en el cargo. Una década después, aquel hombre que retó al mandatario venezolano se convirtió este miércoles en el secretario de Estado de Donald Trump.
Rex Tillerson se tomó todo aquello como algo personal, buscó la confrontación con Chávez y aprendió la lección, han contado a medios estadounidenses personas que lo vivieron de cerca. Por eso fue luego más acomodaticio en las negociaciones con el ruso Vladimir Putin, con el que acabó cultivando una estrecha relación.
ExxonMobil y Putin, dicho sea ya de paso, son dos grandes sombras que han acompañado su nombramiento y confirmación por los conflictos de interés que sugieren y, además, están íntimamente ligados. El acuerdo energético de 2011 con Rusia, del que se considera artífice a Tillerson, está en suspenso por las sanciones que Obama impuso en 2014 a Moscú por la anexión de Crimea.
La historia que Tillerson tiene con Venezuela deja abiertas dos posibilidades: que el secretario de Estado se tome desde su sillón gubernamental en Washington la revancha con el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, con el que ExxonMobil sigue en disputas por las prospecciones en aguas de Guyana que reclama Venezuela, o que aprendida aquella lección implemente una política institucional con independencia de aquel episodio.
Hoy, las implicaciones en la relación son distintas a las de hace diez años: Tillerson ya no representa a una empresa, sino a un país, y este no necesita nada de Venezuela.
La nación latinoamericana sí precisa de Estados Unidos: en medio de la crisis económica y humanitaria que acompaña a la política y social, no solo necesita el pago del petróleo que envía a Estados Unidos, sino también que este siga comprándolo. Y esto puede peligrar con el proteccionismo de Trump, que aquí se traduce en una apuesta por el autoabastecimiento energético.
Maduro, de momento, ha evitado atacar a Trump. "Peor que Obama no será", ha dicho el mandatario venezolano.
"Es muy temprano para hacer predicciones", dice a dpa Juan Carlos Hidalgo, analista del Instituto Cato. La única toma de postura sobre Venezuela que se le conoce a Tillerson desde su nominación son las palabras que se filtraron durante las audiencias de confirmación en el Senado.
"Si soy confirmado, urgiría a una estrecha cooperación con nuestros amigos en el hemisferio, en particular con Brasil y Colombia, así como con instituciones multilaterales como la OEA, para buscar una transición democrática negociada en Venezuela", aseguró.
También dijo que seguirá apoyando el diálogo entre el Gobierno de Maduro y la oposición, declaraciones que Hidalgo interpreta como contradictorias. Y contradicción o no, ese es el punto en el que se situó John Kerry, el secretario de Estado de Barack Obama, para desagrado de la oposición.
Tillerson, nacido en Texas hace 64 años, carece de experiencia en el servicio público, tanto en el poder ejecutivo, como en el legislativo y en el militar. Pero conoce el escenario internacional en el que está destinado a actuar porque su trayectoria en Exxon le ha exigido un trasfondo de diplomacia internacional.
Más allá de Venezuela, se abren varias cuestiones en un escenario latinoamericano en el que la administración Obama trabajó por cambiar la imagen de Estados Unidos convirtiéndolo en un socio.
Están Cuba y la promesa de Trump en campaña de revertir la apertura de Obama, que Tillerson evitó apoyar ante el comité del Senado. Pero allí prometió "presionar" a la isla hacia la democracia y los derechos humanos.
Está también el apoyo a la Colombia postconflicto, un escenario en el que Tillerson dijo querer revisar los detalles del acuerdo de paz para saber si Estados Unidos debe o no seguir apoyándolo.
"Es muy difícil saber cómo actuará Tillerson hace América Latina, pero no es una sorpresa que haya prometido revisar las políticas de la administración anterior", dice a dpa Michael Shifter, presidente del "think tank" Diálogo Interamericano, con sede en Washington.
"Es posible que en Estados Unidos pueda ser más intervencionista ahora de lo que fue en los ultimos años, pero ese escenario tendrá más que ver con las políticas del presidente Trump que con la orientación de Tillerson", sostiene Shifter.
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FUENTE: dpa
