El otro día, como quien dice, Denis Villeneuve era un desconocido. Pero una nominación a la mejor película extranjera en los Oscar del 2011 por Incendies y la atención que ganaron en el 2013 sus largometrajes Prisoners, protagonizado por Hugh Jackman y Jack Gyllenhaal, y Enemies, con Gyllenhall e Isabella Rosellinni, fueron suficientes para cambiar las cosas. Ahora hay que volver a hablar de él por Sicario, cuyo estreno comercial este mes venía precedido por los bombos y los platillos que sonaron desde mayo en Cannes.
El Sicario y las fronteras morales
Al principio de Sicario, la protagonista, la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt), descubre cadáveres de víctimas del narcotráfico y el contrabando humano empotrados en las paredes de una casa de Arizona.
Al principio de Sicario, la protagonista, la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt), descubre cadáveres de víctimas del narcotráfico y el contrabando humano empotrados en las paredes de una casa de Arizona. Si usted cree, como ella, que con eso ya lo ha visto todo, prepárese, porque después hay que cruzar la frontera y entrar en Juárez.
Lo que más me gusta de Villeneuve es que no se cree el cuento de los buenos y los malos. Kate entra a formar parte de una misión encabezada por el agente de operaciones especiales de la CIA Matt Graver (Josh Brolin), pero el eje de gravedad de la historia está en un personaje taciturno que tiene pesadillas y aparece cuando hace falta, Alejandro Gillick (Benicio del Toro). Al cruzar la frontera, la correcta Kate empieza a descubrir cosas que la sacan de paso, porque ella pensaba que estaba en el bando de los buenos y que los buenos nunca cometen el mal. Surprise.
“Cada vez que tengo que tomar una decisión conectada a mis sentimientos, temo perder el control”, ha dicho Villeneuve, y en última instancia en esa órbita se mueve el personaje de Benicio del Toro. Pero la película va más allá, y usa las resonancias del conflicto individual en el plano institucional. Dicho con otra frase del director, o más bien, con otra duda del director: “¿Tenemos que convertirnos en monstruos para luchar contra los monstruos?”
Por eso al guionista, Taylor Sheridan, no le gusta clasificar a Sicario como una película sobre los carteles de la droga. Según él, los carteles son apenas empresas que satisfacen demandas: si una ofensiva institucional los hace desaparecer, aparecerán otros en su lugar para llenar el vacío de mercado. En realidad, dice Sheridan, su interés era explorar las nuevas fronteras de Estados Unidos, geográficas y morales.
Menos mal que el agente de Villeneuve lee guiones. Así fue como le llegó el guión de Sheridan: tienes que leer esto, le dijo, es una película pensada para ti. Alguien que trabajó unos cuantos años en Hollywood me preguntaba no hace mucho si me daba cuenta de por qué hay tantos largometrajes de ficción que son remakes de otros largometrajes de ficción, antiguos o extranjeros. No, le dije. Ah, porque a los productores y a los agentes de Hollywood les fastidia leer guiones originales. Tienen los closets llenos de historias inéditas que no leen, me contaba el amigo, porque requiere menos esfuerzo sentarse a ver una película olvidada o desconocida para saltarle al cuello y chuparle la sangre que entregarse a la ardua faena de leer.
Lionsgate está preparando una continuación de Sicario alrededor, claro está, del personaje de Benicio del Toro, según Variety. El guionista y el director están involucrados, dice la información. Apuesto que Villeneuve no entra en esa. No porque se niegue a hacer segundas partes: de hecho está trabajando, nada más y nada menos, que en la segunda parte de Blade Runner. Pero ojo: ahí viene otro Blade Runner. El director de Sicario no es el vicario de nadie.
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