Este fin de semana se celebran elecciones municipales y autonómicas en España. No me queda otra que seguir la jornada electoral del domingo a través de las páginas de El Mundo y El País, además de conectarme al canal internacional de Televisión Española donde, además de ver a mis compatriotas ejercer su derecho al sufragio, a partir de nuestras dos de la tarde –cuando se cierran los recintos de votación- empezaremos a conocer sondeos a pie de urna y veremos las reacciones de los candidatos (que casi siempre se siente ganadores, sea cual sea el resultado).
España en la encrucijada
Este fin de semana se celebran elecciones municipales y autonómicas en España. No me queda otra que seguir la jornada electoral del domingo a través de las páginas de El Mundo y El País, además de conectarme al canal internacional de Televisión Española donde, además de ver a mis compatriotas ejercer su derecho al sufragio, a partir de nuestras dos de la tarde –cuando se cierran los recintos de votación- empezaremos a conocer sondeos a pie de urna y veremos las reacciones de los candidatos (que casi siempre se siente ganadores, sea cual sea el resultado).
Están en juego las alcaldías de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia y también comunidades autónomas en las que mayoritariamente gobierna el Partido Popular y que podrían pasar a manos de una coalición de izquierdas, según algunos sondeos.
Pero lo más atractivo de conocer los resultados del domingo está en enterarse de cómo está repartido el voto entre las cuatro grandes opciones. Las tradicionales, representadas por PP y PSOE, y las nuevas formaciones de Podemos y Ciudadanos.
A finales de año, España celebrará elecciones generales tras sufrir la crisis económica y política más grave de su historia democrática. Hemos visto desfilar ante la justicia a la élite económica y política. Hemos vivido la abdicación del rey Juan Carlos, tras caer en su cota más baja de popularidad. Pero más doloroso en el día a día de los españoles ha sido una profunda crisis económica que ha conllevado el cierre de miles de empresas y negocios, además de una tasa de desempleo que ha golpeado con fuerza a las familias, y en especial a los jóvenes.
El Gobierno que salga de las próximas elecciones generales tendrá que consolidar la recuperación económica pero también la moral. Por eso la cita de este domingo es clave para ver por dónde va a discurrir ese futuro.
Les confieso que no es nada fácil apostarle a una opción política en este momento. Los que hemos valorado orgullosamente la transición de la dictadura a la democracia en España, vivimos con tristeza la degeneración de los dos grandes partidos que representan a la derecha y la izquierda. PP y PSOE no han sabido sacudirse el peso del pasado y la corrupción o al menos la sospecha sigue girando sobre la cabeza de candidatos que llevan demasiados años dedicados a la vida pública.
En la orilla de en frente, Podemos y Ciudadanos reivindican el cambio y una nueva forma de hacer política. Del partido del joven de la coleta, Pablo Iglesias, se ha hablado tanto que uno tiene la sensación de que está a punto de morir de éxito. Veremos su fortaleza real en plazas como Madrid y Barcelona. Pero sobre todo si son capaces de hacer una gestión alejada de esos mitos que hace poco alababan y ahora quieren esconder, como son los hermanos Castro y Hugo Chávez.
La música de Ciudadanos suena menos rupturista y más responsable. En cualquier caso, ha llegado el momento de los hechos. Las palabras se terminaron con la campaña electoral. ¡A votar!
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