En la historia contemporánea, no hay una circunstancia que esté mejor asociada a la esencia política de Estados Unidos que el liderazgo y su ejercicio, y aunque su significado sigue siendo motivo de estudio y controversia, comúnmente se entiende como la influencia que se obtiene de la persuasión sobre otros, que la aceptan voluntariamente, en función del aporte que proporciona a los objetivos del grupo y cuyo último fin se asocia con una síntesis de orden y libertad.
Estados Unidos, en busca de su liderazgo
¿A quién se le puede confiar la impresionante responsabilidad de servir de faro al pueblo estadounidense y a la comunidad internacional en esta ocasión desde la Casa Blanca?
Si bien algunos rechazan la Teoría del gran hombre por no estar de acuerdo con sobre si los líderes nacen o se hacen, no es menos cierto que el líder recibe la aceptación porque opera como agente estabilizador en un entorno inestable, a veces en pugna, ayudando a definir las prioridades y a pasar del pensamiento a la acción, a través del consenso y la inspiración, mientras vigoriza el entusiasmo y la confianza de sus seguidores.
“El próximo presidente de Estados Unidos mostrará ante el mundo una nueva imagen de liderazgo”, dijo el republicano exsecretario de Estado Colin Powell, en el 2008, cuando determinó que el demócrata Barack Obama era la persona mejor calificada para esa tarea.
La búsqueda de ese liderazgo continúa siendo la constante que inspira esta nueva campaña presidencial, ahora que la carrera se ha reducido a una mujer y cuatro hombres, porque la importancia de lo que está en juego, una vez más, es quien está mejor capacitado o capacitada para ejercerlo y mantenerlo.
¿A quién se le puede confiar la impresionante responsabilidad de servir de faro al pueblo estadounidense y a la comunidad internacional desde la Casa Blanca en esta ocasión?
La única candidata del grupo con curriculum en el Gobierno es Hillary Clinton, luego de haberse desempeñado como primer dama y secretaria de Estado, mientras que su contrincante Donald Trump ha demostrado ser un magnate en el mundo de los negocios, aunque una exitosa transición desde la sala de junta empresarial a la Oficina Oval es todavía una gran interrogante.
Los tres restantes, Bernie Sanders, John Kasich y Ted Cruz, son veteranos políticos, pero nunca han asumido un puesto de responsabilidad en la administración del Estado.
A la luz de estos antecedentes, Hillary Clinton tiene el tipo de experiencia política que sólo el presidente George H.W. Bush pudo ostentar cuando fue elegido para ser el líder de Estados Unidos, luego de haber servido como congresista, embajador ante las Naciones Unidas, director de la CIA y vicepresidente.
Sin embargo, esa amplia trayectoria política, como credencial de liderazgo para Clinton, representa también su talón de Aquiles en la percepción de los votantes estadounidenses, quienes se preguntan si ella puede ser sincera en momentos en que la esencia de la política está asociada a la decepción y la desconfianza.
Si Trump y Clinton ganan las candidaturas de sus respectivos partidos, los estadounidenses se verán obligados a elegir entre un ardiente líder con puntos de vista muy controversiales o buscar la experiencia que ofrece Clinton, les guste ella o no, y quien gane al final, será quien mejor demuestre que la excelencia de un líder se mide por su capacidad de transformar las adversidades en oportunidades.
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