Hay instituciones y formas de gobierno que a uno de entrada le producen rechazo. En abstracto, con todo respeto para el que piense lo contrario, me parece que a estas alturas es incompatible con la lógica democrática que alguien pueda acceder a la jefatura del estado por el mero hecho de ser el hijo de más edad del anterior jefe de estado.
Felipe VI y el zapato de cristal
Eso es en esencia la monarquía que con el paso de los años ha evolucionado desde su forma más absoluta hacia fórmulas como la monarquía parlamentaria en la que esta institución convive bajo el imperio de la ley con otras que en su origen nacen directamente de la voluntad popular
Eso es en esencia la monarquía que con el paso de los años ha evolucionado desde su forma más absoluta hacia fórmulas como la monarquía parlamentaria en la que esta institución convive bajo el imperio de la ley con otras que en su origen nacen directamente de la voluntad popular.
La aportación de Juan Carlos de Borbón al nacimiento y consolidación de la democracia española es, sin duda, el mejor ejemplo de cómo el zapato de cristal que es una monarquía puede encajar en el pie de la soberanía popular. No fue fácil pero el entonces rey se comportó de manera práctica e inteligente y contribuyó a acercar a las dos Españas en un proyecto común que, pese a quien le pese, continúa vigente y en el que tiene cabida hasta los que ponen en duda su legitimidad como hace continuamente el partido Podemos.
El problema de la monarquía es que para sobrevivir en los tiempos democráticos es que –como la mujer del César- no sólo tiene que ser honrada, debe además parecerlo. Hacer gala hasta el extremo de transparencia, buenas maneras y apego riguroso a la ley. En algún momento a Juan Carlos se le olvidó que su licenciatura no era regalada sino que debía examinarse día a día. El oscurantismo en los gastos, en el presuntos atesoramiento de bienes, una vida privada impropia de alguien al que se le exige ejemplaridad y el no estar a la altura de las circunstancia en momentos en el que su pueblo le necesitaba, precipitaron la salida del padre de Felipe VI, que tan buenas maneras había demostrado durante la transición de la dictadura a la democracia.
Felipe de Borbón, Felipe VI, rey de España, jefe de estado… No debe ser fácil nacer y crecer con tanta responsabilidad emanada del destino. Es de mi generación. Nacimos con apenas unos días de diferencia y entiendo que de nuevo está encajando el zapato de cristal de la monarquía en un pie democrático –el de los españoles- al que después de casi 40 años bailando en democracia le han salido algunos callos y deformidades.
El pasado jueves nos enterábamos que Felipe le ha quitado a su hermana la distinción de duquesa de Palma. El comportamiento de Cristina de Borbón y de su marido Iñaki Urdangarín, aprovechándose de su pertenencia a la familia real para enriquecerse es una de esas deformidades que impedían que el zapato monárquico se adaptara al pie democrático.
Los cuentos de príncipes y princesas en España han cambiado tanto que ya no los reconocería ni la factoría Disney. Me alegro de que Felipe VI se haya dado cuenta. Si se mantiene atento y diligente conseguirá que la institución sobreviva y camine al ritmo de los tiempos democráticos.
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