MIAMI.- Los reportes sobre el grave estado de salud del exdictador Raúl Castro reavivaron rumores acerca de su muerte y abrieron interrogantes sobre el equilibrio entre las facciones que sostienen al régimen cubano y la capacidad de Miguel Díaz-Canel para gobernar sin su tutela.
Ausencia de Raúl Castro "eliminaría principal factor de cohesión" del régimen
Orlando Gutiérrez-Boronat, coordinador nacional de la ARC, advirtió que un desenlace biológico no conduciría por sí solo a la libertad y reclama mantener la presión dentro y fuera de la isla
DIARIO LAS AMÉRICAS informó en exclusiva que Castro, de 95 años, no había fallecido, pero permanecía gravemente enfermo, asistido con equipos médicos para mantenerlo con vida y afectado aparentemente por un accidente cerebrovascular, según información confidencial llegada a esta redacción.
“Viniendo de una fuente como DIARIO LAS AMÉRICAS, con el prestigio y la autoridad que tiene el diario, hay que concederle la razón. No descartamos esa posibilidad. También es un hombre de 95 años y cualquier cosa puede pasar con la salud en ese momento de su vida”, afirmó Orlando Gutiérrez-Boronat, coordinador nacional de la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC).
Un vacío en la cúpula
El líder opositor agregó que “la ausencia de Raúl Castro significaría el fin de la última figura de autoridad que le queda a ese régimen. Es un régimen totalitario clásico; se diseñó, se calcó la estructura alrededor de Fidel Castro primero y de Raúl Castro después. Su ausencia sería la eliminación del principal factor unificador de las diferentes facciones que constituyen la unidad del régimen”.
Castro ejerció el poder interinamente desde 2006, presidió el país entre 2008 y 2018 y permaneció al frente del Partido Comunista hasta 2021. Pese a su retiro formal, conservó una influencia política y militar decisiva.
Su última aparición pública comprobada ocurrió el 13 de agosto, durante la gala por el centenario de Fidel Castro en el teatro Karl Marx de La Habana y hasta el momento la dictadura no ha divulgado un parte médico.
A juicio de Gutiérrez-Boronat, la primera reacción dentro de la cúpula, en caso de que Castro falleciera o ya hubiera perecido, sería preservar posiciones y privilegios.
“Cada facción de ese régimen va a moverse para proteger sus intereses. Eso ocurrirá incluso dentro de la misma familia; cada cual se moverá para proteger lo suyo. Creo que el inmovilismo sería la primera consecuencia”, aseveró.
Sucesión y clan familiar
Aunque Díaz-Canel ocupa formalmente la presidencia y la primera secretaría del Partido Comunista, Gutiérrez-Boronat aseveró que el dirigente carece de la autoridad histórica y del respaldo interno que los hermanos Castro ejercieron durante más de seis décadas.
“Ese sistema se diseñó para que no existieran líderes fuera de Fidel Castro. Ese es el resultado: no tienen líder. El llamado presidente es un hombre obviamente inepto, con una tendencia brutal a la represión, pero sin ascendencia sobre el pueblo de Cuba, el exilio o la comunidad internacional”, argumentó.
El eventual vacío también expondría las diferencias entre la estructura formal encabezada por Díaz-Canel y los intereses de los descendientes de Raúl Castro. En ese escenario aparece Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como ‘El Cangrejo’, nieto del general de ejército y durante años jefe de su escolta personal.
Gutiérrez-Boronat consideró que la presunta participación de “El Cangrejo” en contactos del régimen con Estados Unidos respondería al interés del clan familiar por conservar influencia ante cualquier negociación o reacomodo interno.
“El hecho de que el nieto de Raúl Castro sea uno de los voceros o portavoces de esa negociación estancada muestra el poder que sigue teniendo Raúl Castro. Raúl Guillermo es la expresión, la voz de la familia Castro que se siente excluida del poder. Creo que expresa esa inconformidad de los descendientes directos”, apuntilló.
El coordinador de la ARC también situó a Mariela Castro dentro de ese entramado. En su opinión, la hija del exdictador ha sido utilizada como rostro de un supuesto liberalismo en asuntos de sexualidad y género para buscar respaldo en Europa y entre sectores progresistas de Estados Unidos, aunque no tendría capacidad decisoria dentro de la cúpula.
Presión como elemento decisivo
Gutiérrez-Boronat acotó que la desaparición del exmandatario no produciría automáticamente una transición democrática en Cuba.
“La ausencia de Raúl Castro, de por sí, no significa la libertad. Todo depende del nivel de presión. Con presión de los cubanos dentro y fuera de Cuba, y con una presión que debe aumentarse, podría significar el fin del régimen. Sin una presión real, el régimen podría adaptarse y sobrevivir”, puntualizó.
En su análisis, el desenlace dependerá de que la desaparición de Castro ocurra en medio de un escenario de presión nacional e internacional capaz de impedir que la estructura gobernante se reorganice alrededor de otra figura.
“La muerte de Raúl Castro, si tiene lugar dentro de un contexto de presiones sobre la dictadura, puede resultar en el logro de esa libertad. Ahora, sin presiones reales sobre el régimen, este puede adaptarse, puede mutar”, añadió.
El escenario también tiene una dimensión judicial. El Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló el 20 de mayo una acusación contra Castro y otros cinco implicados por sus presuntos papeles en el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, ataque que dejó cuatro muertos.
“Sería lamentable que Raúl Castro muriera en la cama sin ser juzgado por sus múltiples crímenes. Ha ordenado varias masacres en la historia de Cuba y ha sido el ingeniero de la represión”, señaló Gutiérrez-Boronat.
Pese a la incertidumbre, el dirigente opositor sostuvo que la debilidad interna y el deterioro económico han acercado a Cuba a un momento decisivo.
“Creo que estamos en el punto en que más cerca hemos estado del final de la dictadura y de ver la recuperación de la libertad por los cubanos. Pero sin lucha no hay victoria; hay que seguir empujando”, concluyó.
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