MIAMI.-JOSÉ PERNALETE
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Crisis por plaga en cultivos de Homestead acabará con la agricultura
La medida establecida por departamento estatal de Agricultura prohíbe la comercialización de unos 400 productos hasta el 16 de febrero
Posiblemente nadie imaginó el estrago económico que la mosca asiática podría ocasionar a los agricultores del sur de la Florida, aun cuando fue controlada en pocas semanas.
El hallazgo de 165 insectos de esta especie provocó que el departamento de Agricultura estatal declarara una cuarentena, que prohíbe el traslado, distribución y venta de unos 400 tipos de frutas, semillas y vegetales, que podrían estar contaminados con la mosca, al encontrarse en la zona de excepción, delimitada por unas 100 millas cuadradas.
Desde el pasado 15 de septiembre, la prohibición estatal, acompañada de una serie de fumigaciones, busca impulsar la erradicación de esta mosca dañina y foránea, así como las larvas que podrían estar alojadas en los productos agrícolas antes mencionados.
Para la exdirectora del gremio de agricultores, Alicia Peña, esta medida es “exagerada e injusta” para una industria que cuenta con unos 11.000 empleados.
“Esta es la mejor época del año, ya que cosechamos los frutos que suplen la demanda en la zona norte del país durante el invierno” declaró la activista a DIARIO LAS AMÉRICAS.
Peña cree que la temida mosca asiática llegó a través del Puerto de Miami. “Sabemos que por allí llegan miles de contenedores procedentes de todas partes del mundo”, subrayó.
Gastos, pérdidas
Aun cuando las autoridades de Agricultura aseguran no haber encontrado el insecto, en la zona afectada, en las últimas cuatro semanas, luego de haberla fumigado un par de veces, la cuarentena se mantiene hasta el 16 de febrero de 2016.
Informes de la Universidad de la Florida califican a este insecto como uno de los más destructivos, capaz de causar daños devastadores a la agricultura, una industria que genera unos 123.000 millones de dólares al año en nuestro estado.
De esta manera, aguacates, bananas, tomates, mangos y guayabas, además de vegetales, cosechados en Homestead, forman parte de la larga lista que supera los 400 productos agrícolas y cuya comercialización está prohibida.
“Es la primera vez que una tragedia como esta ocurre en la Florida. Hablamos de una devastación total y absoluta de la industria porque se ha clausurado todo nuestro mercado. Esto significa que, de cara a las temporadas de Acción de Gracias y Nochebuena, no habrá comercio para nosotros”, señaló.
Asimismo, Peña calcula que hay aproximadamente 2.000 agricultores y empleados afectados, que muchos de ellos han perdido su empleo.
“El gobernador Rick Scott debió haber apoyado a los agricultores, una vez que se declaró la emergencia, y ayudarnos con la fumigación. Estos gastos debieron ser asumidos por la Florida […] a los productores que no podían sacar sus cosechas al mercado debieron brindarle asistencia económica”, increpó.
De hecho, hoy los agricultores realizan labores de fumigación.
“El Gobierno estatal no nos proporciona ningún tipo de ayuda. Se nos ha impuesto una crisis que no la hemos creado nosotros y, de paso, la estamos pagando de una manera extrema”, subrayó.
Según las regulaciones, las siembras deben ser fumigadas durante cuatro semanas “y cada tratamiento cuesta alrededor de 130 dólares, más el pago al personal, que pude ser dos o tres veces superior al valor del producto químico”.
Por otra parte, Peña estima graves consecuencias: “Hay agricultores que no cuentan con ingresos y tienen que pagar hipotecas, así como los pocos empleados que les quedan, gastos de servicio y gasolina”.
Ayuda requerida
La activista afirma que es urgente obtener ayuda estatal. “Nos sorprende cómo se aprueban leyes que les abre la puertas a este tipo de hechos, mientras [el Gobierno federal] subsidian la agricultura en otros países”, fustigó, al mismo tiempo que se quejó sobre la ausencia de las autoridades de Miami-Dade en la solución del conflicto.
A su juicio, “la labor de los políticos debe ser contar con un presupuesto para enfrentar el problema”.
Marcos Santos compró una finca hace ocho meses y tuvo que destruir una parte de las frutas obtenidas de la siembra de los dueños anteriores.
“No voy a desistir y quiero seguir luchando. La mayoría de los afectados tienen hasta 40 años viviendo en estas tierras y son personas muy sencillas […] Quiero que mi finca sea liberada y así poder sembrar, ser productivo”, comentó Santos al referirse a la cuarentena que le impide cosechar y comercializar.
Además, hay servicios relacionados con las cosechas que también han sufrido pérdidas. Eladio Valdés es propietario de una empacadora de frutas y vegetales, y asegura haber sufrido el efecto de la disminución de la producción, mientras el personal de las cadenas de empaque ha sido reducido, y las cámaras frigoríficas y los camiones de transportación no registran las cargas habituales.
“En cualquier momento vamos a tener que enviar a los pocos empleados que tenemos a sus casas, porque no vamos tener trabajo para ellos […] estoy seguro que muchos de los propietarios de fincas se van a ir a la ruina, están perdiendo todo”, comentó.
Valdés vaticinó que esta situación va a afectar a todos por igual. Que pronto el consumidor notará la diferencia, cuando vaya al supermercado a comprar tomates u otros productos agrícolas. “Habrá desabastecimiento. Los precios van a incrementar”.
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