DORAL.- Detrás de un diagnóstico relacionado con el neurodesarrollo suele comenzar otra historia: la de madres y padres que deben aprender términos desconocidos, encontrar especialistas, tomar decisiones difíciles y acceder a recursos sin contar siempre con una orientación clara.
Esa realidad estuvo en el centro de la gala celebrada el sábado en el Doral Cultural Arts Center, donde se realizó el lanzamiento oficial de la Fundación Pancita Feliz. La organización nace con la misión de brindar educación, guía y acceso a servicios especializados a hogares que muchas veces recorren ese camino entre preguntas, cansancio y limitaciones económicas.
Andreína Escalante Prado comparte la historia que dio origen a la Fundación Pancita Feliz durante su presentación oficial en Doral.
CARLOS ARMANDO CABRERA - DLA
La iniciativa es liderada por Andreína Escalante Prado, health coach certificada en inmunonutrición, con una certificación de posgrado en neurodesarrollo y trastornos del espectro autista. Antes de cualquier credencial, sin embargo, se encuentra su experiencia como madre de Sebastián, cuyo historial médico llegó a reunir, según relata, 18 diagnósticos relacionados con distintas áreas de su salud y desarrollo.
Su vocación de servicio comenzó años atrás, durante las jornadas médicas en las que participaba en Maracaibo, Venezuela. El nacimiento de su hijo modificó el sentido de esa inclinación y la convirtió en una búsqueda personal.
Las consultas, terapias, hospitalizaciones y decisiones cotidianas fueron ocupando cada espacio de su vida. Escalante Prado comprendió entonces que los cuidadores no solo necesitaban explicaciones clínicas. También requerían dirección, herramientas prácticas y una red capaz de sostenerlos mientras aprendían a responder a las necesidades de sus hijos.
Durante ese proceso, una infección severa derivó en una sepsis que la mantuvo cerca de dos meses hospitalizada, buena parte del tiempo en cuidados intensivos. Sobrevivió después de múltiples procedimientos y una recuperación prolongada.
Esa experiencia no significa que la responsabilidad de cuidar a Sebastián provocara la enfermedad. Sí le mostró, desde su perspectiva, cuánto puede debilitarse una persona cuando posterga de manera constante sus propias necesidades.
Invitados y colaboradores de Pancita Feliz se reunieron durante el lanzamiento de la entidad, celebrado el sábado en Doral.
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Después de salir del hospital tuvo que volver a aprender acciones tan sencillas como respirar sin agotarse, hablar durante períodos prolongados, masticar o sostener un vaso lleno. Por primera vez, muchas de las dificultades que había tratado de comprender en su hijo dejaron de ser únicamente conceptos estudiados y se convirtieron en sensaciones presentes en su propio cuerpo.
De ese recorrido surgió el Método VIVO, una propuesta de acompañamiento que integra nutrición, hábitos de vida y regulación del sistema nervioso. Andreína asegura que el programa ha llegado a más de 500 familias dentro y fuera de Estados Unidos.
El método no promete curar el autismo ni sustituye tratamientos médicos, evaluaciones profesionales o terapias clínicas. Su propósito, de acuerdo con su creadora, es complementar esos servicios y conseguir que el bienestar del cuidador también sea considerado como parte del proceso.
La historia personal que dio origen a esa metodología quedó recogida en el libro La vida detrás del Método VIVO, presentado durante la velada este fin de semana. La obra recorre la transformación de una madre que buscaba respuestas para su hijo, atravesó su propia crisis de salud y decidió compartir lo aprendido con otras personas.
La fundación amplía ahora esa labor. Su objetivo será conectar a quienes necesiten ayuda con especialistas, instituciones, programas educativos y recursos que les permitan tomar decisiones con mayor claridad. También impulsará un sistema de becas dirigido a quienes no cuentan con los medios económicos necesarios para acceder a orientación y determinados servicios profesionales.
“No me interesa curar el autismo. Todo lo que hago es para que mi hijo nunca deje de sonreír y yo tampoco por ser su espejo”, expresó Escalante Prado al explicar una visión que busca apartarse de las promesas absolutas y colocar la calidad de vida en el centro.
Autoridades y representantes de la comunidad entre ellos el concejal Rafael Piñeiro, expresaron su respaldo a una iniciativa dedicada al bienestar de los niños y sus cuidadores.
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Entre los asistentes al evento estuvo el concejal Rafael Pineyro, quien agradeció la invitación y manifestó el respaldo de la ciudad de Doral a Pancita Feliz y a su propósito de acompañar a los niños dentro del espectro autista y a sus seres queridos.
Pineyro recordó que, en abril pasado, Doral se convirtió en la segunda ciudad de Miami-Dade en izar la Bandera de la Aceptación del Autismo, después de Coral Gables. La ceremonia, promovida por el concejal y respaldada por la alcaldesa Christi Fraga y el Concejo municipal, representó un compromiso público con la inclusión y el reconocimiento de las personas dentro del espectro.
Al evocar aquel momento, el funcionario dejó claro que ese acompañamiento no debe limitarse a una fecha del calendario. Mostró su disposición a respaldar la labor de la nueva entidad y destacó la necesidad de unir a las instituciones, los especialistas y la comunidad para que nadie tenga que avanzar en soledad después de recibir un diagnóstico.
Su presencia aportó a la actividad un mensaje que trascendió el protocolo: una ciudad inclusiva no se construye únicamente con símbolos, sino mediante oportunidades, servicios y alianzas capaces de sostener a quienes los necesitan.
En EEUU, aproximadamente uno de cada cinco adultos presta cuidados no remunerados a un familiar o amigo con necesidades médicas o funcionales, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Quienes asumen esa responsabilidad durante períodos prolongados pueden enfrentar mayores niveles de estrés, dificultades para dormir y deterioro de su salud física y emocional.
Las cifras ayudan a dimensionar el problema, pero no muestran las noches sin descanso, la incertidumbre ante una nueva evaluación ni la culpa que puede sentir una madre cuando decide reservar tiempo para sí misma. Tampoco reflejan cuánto cambia una casa cuando quien sostiene la rutina llega al límite.
La gala reunió a familias, profesionales y líderes comunitarios en el Doral Cultural Arts Center.
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Pancita Feliz parte precisamente de esa realidad. No ofrece una respuesta única porque entiende que cada niño y cada hogar atraviesan circunstancias diferentes. Su apuesta consiste en ayudar a construir rutas individuales, facilitar el acceso a información confiable y recordar que cuidar a quien cuida también forma parte del bienestar infantil.
La cita marcó el comienzo público de ese propósito y abrió la recaudación destinada a sus primeros programas. Más que presentar una organización, la noche permitió ponerle nombre a una necesidad que durante años ha permanecido dentro de muchas casas: encontrar orientación sin sentirse juzgado y pedir ayuda sin interpretar esa decisión como una derrota.
Andreína Escalante Prado resume la misión desde una certeza adquirida en su experiencia como madre y sobreviviente: cuando un hogar vuelve a encontrar dirección, también puede recuperar la calma. La Fundación Pancita Feliz nace para intentar que ese camino, tant