MIAMI. - La Torre de la Libertad no se mira igual después de escucharla. Hay una pausa distinta, una conciencia más clara de lo que representa. En ese punto, donde la historia deja de ser referencia y se vuelve experiencia, se sitúa el documental Los cien años de la Torre de la Libertad, un trabajo que encuentra en la periodista Gloria Ordaz una voz que entiende el peso de narrarlo.
Gloria Ordaz y el relato íntimo de la Torre de la Libertad
En el marco de los cien años de un edificio que define a Miami, la periodista presenta un documental que rescata historia, identidad y exilio, y revela el proceso detrás de una obra que también habla de vocación
En entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, el día de su presentación en el marco del Festival de Cine de Miami, la colega de Telemundo 51 detalla un recorrido donde el rigor y la sensibilidad tuvieron que convivir desde el primer momento.
“Cuando recibí el correo electrónico invitándonos a esta presentación especial, no lo podía creer. Fui directamente a mi directora de noticias Liliet Heredero y le dije: nos acaban de invitar a presentar el documental de los cien años de la Torre de la Libertad. Y ahí comenzó todo”.
La idea, recuerda, no partía de una mirada única.
“La propuesta era que varios reporteros cubanos tuviéramos distintas asignaciones. Pero en medio del trabajo, cuando ya yo había empezado a hacer varias de las entrevistas, la productora ejecutiva, Adriana Mozziola, me dijo: Gloria, prefiero que tú hagas el documental completo”.
Ese cambio redefinió el alcance del proyecto y también su exigencia.
“Lo conversamos con nuestra directora de noticia, quien enseguida nos apoyó, al igual que nuestro gerente general, Jorge Carballo”.
Gloria organiza el crédito con claridad, sin dejar espacios.
“El equipo fue fundamental: Adriana Mozziola como productora ejecutiva; Patricio Muñoz en la edición y musicalización; Zahyra Collazo en la cámara; nuestra directora de noticias, Liliet Heredero; nuestro gerente general, Jorge Carballo. Y todo el respaldo de Telemundo 51”.
Luego lo sintetiza con precisión.
“Sí fuimos clave cuatro personas: la productora, el editor, la camarógrafa y esta servidora. Pero esto no se logra sin toda la estructura detrás”.
El mayor desafío no estuvo en coordinar, sino en construir contenido con sentido.
“Lo más complejo fue encontrar las imágenes precisas, ir a los archivos, hacer las entrevistas. Rescatar una historia que a veces se va perdiendo, dar con las fotografías adecuadas y los testimonios correctos”.
Ahí entra uno de los pilares del documental: las voces.
“Fueron más de una docena de entrevistas. Cada testimonio tenía un peso distinto. No es lo mismo hablar desde la historia que hacerlo desde la experiencia vivida”.
En ese punto, la comunicadora subraya el valor humano del trabajo.
“Tuvimos testimonios muy valiosos: personas que pasaron por ese proceso, familiares, protagonistas de ese momento. Y también figuras como Madeline Pumariega, que no solo representa al Miami Dade College, sino que su padre vivió esa realidad en los años sesenta. Eso le da otra dimensión”.
Ese equilibrio entre archivo y memoria personal marcó la narrativa.
“No se trata únicamente de contar lo que ocurrió, sino de comprender lo que significó para quienes lo vivieron”.
El armado final exigió paciencia y criterio.
“Después viene sentarse a hilvanar todo eso, construir los reportajes y llevarlo al documental. Fueron nueve meses de trabajo, buscando cada imagen, cada historia”.
El respaldo institucional acompañó ese recorrido.
“Contamos con la colaboración de la Fundación Nacional Cubano Americana. Y también con Miami Dade College, que nos abrió archivos, espacios y facilitó el acceso a mucha información”.
Más allá de la producción, Ordaz vuelve al significado.
“Este edificio demuestra lo que es capaz de lograr un exilio cuando hay esperanza, determinación y trabajo”.
La lectura se proyecta hacia el presente.
“Un inmigrante que llega a este país con un propósito puede aportar, puede construir. Eso forma parte de lo que somos hoy en Miami”.
Desde ahí, regresa al centro del oficio.
“Es un trabajo colectivo, pero también una responsabilidad. Contar bien, respetar la historia, no perder el contexto”.
Cuando se le pregunta cómo recibe el resultado, responde sin rodeos.
“Es el sueño de todo periodista. Es como una mamá cuando tiene un hijo. Me siento sumamente feliz, sumamente orgullosa”.
Y deja una idea que atraviesa todo el proyecto.
“Demuestra lo que somos capaces de lograr en este país cuando hay determinación y cuando uno cree en sí mismo y en las oportunidades que existen”.
Antes de cerrar, comparte un mensaje directo.
“Si no pudieron estar hoy, los invito a visitar la Torre de la Libertad. Ese es el propósito de este museo: contar la historia a nuevas generaciones. No podemos permitir que se pierda la memoria”.
Luego, desde su rol en Telemundo 51, extiende la invitación.
“Los invito a que vean el documental en nuestra página web. Busquen ‘Los cien años de la Torre de la Libertad’ y ahí pueden verlo completo”, concluye.
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