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MISS UNIVERSE CUBA

La corona que Mia Dio convirtió en una voz para Cuba

La soberana habló con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre su triunfo, las críticas, el legado familiar y el desafío de representar a Cuba en Puerto Rico.

MIAMI.- Cuando Mia Angelina Donadio Cancio, conocida públicamente como Mia Dio, entró este martes a la redacción de DIARIO LAS AMÉRICAS, la corona de Miss Universe Cuba 2026 ya descansaba sobre su cabeza, pero ella todavía intentaba comprender cuánto había cambiado su vida desde que escuchó el nombre de Isla de Pinos (Isla de la Juventud) en el escenario del Dennis C. Moss Cultural Arts Center.

Cinco días habían transcurrido desde aquella noche del 20 de agosto en Cutler Bay. Continuaban las entrevistas, las fotografías, las felicitaciones y una gira de medios que apenas comenzaba. Regresar a la cotidianidad no parecía posible porque, según confesó, ya no había nada normal en la vida que iniciaba.

“Es un sueño realizado, todavía lo estoy procesando”, expresó durante su visita al rotativo.

Su llegada permitió volver sobre la tercera edición de un certamen que reunió a 19 mujeres, redujo la competencia primero a 12 semifinalistas y después a seis finalistas, y terminó por entregar la corona a una candidata que conocía tanto el sabor de la derrota como la determinación necesaria para regresar.

Mia no presentó su triunfo como una conquista individual. Habló de quienes apostaron por ella, de los profesores que la ayudaron a liberarse del perfeccionismo y de una familia que le enseñó a entender Cuba antes de que pudiera conocerla.

“Estaba rodeada de personas que siempre me daban consejos y me brindaban el amor que necesitaba para sentirme cómoda en mi propia piel, usar mi voz y ser yo en el escenario”, afirmó. “No es solamente una banda bonita que dice Miss Universe Cuba. Todos sabemos el momento histórico que estamos viviendo y la responsabilidad que conlleva”.

La creadora de contenido nació en Miami y nunca ha vivido en la Mayor de las Antillas. Esa circunstancia ha alimentado uno de los cuestionamientos, para muchos más repetidos desde su elección: si puede representar a los cubanos sin haber experimentado las colas, la falta de electricidad, la escasez y las demás consecuencias de la crisis que atraviesa el país.

Ella no evade la distancia entre ambas experiencias.

“Entiendo que nunca he pisado Cuba y que nunca he tenido que esperar en las colas ni vivir apagones”, reconoció. “Eso fue posible por los esfuerzos de mi familia, que dejó todo atrás, empezó de cero en un país nuevo y tomó ese riesgo como un sacrificio para nosotros, la nueva generación”.

La respuesta también explica por qué insiste en utilizar la expresión “nosotros, los cubanos”. Durante su primera participación en el concurso, en 2025, advirtió que hablaba de “los cubanos” como si se observara desde afuera. Al prepararse para regresar, comprendió que aquella distancia verbal no reflejaba lo que sentía.

“Yo sí soy cubana”, aseguró. “Cuando digo ‘nosotros, los cubanos’, esta banda es un puente para recordar que no debe existir división entre la comunidad exiliada y quienes viven dentro de la isla”.

La creadora de contenido nació en Miami y nunca ha vivido en la Mayor de las Antillas, pero asegura amar a Cuba con todas las fuerzas de su corazón.

Su aspiración es que, cuando los cubanos puedan reencontrarse en una nación libre, las diferencias entre quienes permanecieron en el país y quienes crecieron en la diáspora no se conviertan en otra frontera.

Para la nueva reina, la cubanidad tampoco puede reducirse al dolor acumulado dura te más de seis décadas.

“Lo que nos caracteriza no es el sufrimiento”, manifestó. “Es la alegría, estar en familia y tener la capacidad de trabajar por nuestros sueños. Los cubanos somos trabajadores, inteligentes y capaces de afrontar cualquier reto”.

Su vínculo más íntimo con ese país que aún no conoce físicamente tiene los nombres de sus abuelos maternos: José “Pepe” Cancio y Mariana Cancio.

Pepe Cancio, veterano de la Brigada de Asalto 2506, empresario y excomisionado del condado Miami-Dade, participó en la invasión de Bahía de Cochinos de abril de 1961. La ganadora también está emparentada con Sylvia Iriondo, presidenta de M.A.R. por Cuba y una de las voces más reconocidas del exilio en la defensa de los derechos humanos.

Mia creció entre los refranes de sus abuelos, sus relatos de la isla, el puré de malanga, el arroz con frijoles negros, el congris, la yuca con mojo, el puerco asado y una manera de entender la familia que mantuvo viva la patria dentro del hogar.

“Esas costumbres no se dejan atrás solamente porque estamos fuera de Cuba”, afirmó. “Ese amor se lleva en cómo alimentamos a nuestros familiares y en cómo les hablamos”.

De sus abuelos también recibió una frase que terminó orientando su formación: “Estudia, mi hija, porque un día te lo pueden quitar todo menos lo que has aprendido”.

La joven cursó estudios de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, una preparación que ahora pretende colocar al servicio de su reinado. Aspira a hablar de la cultura y la gastronomía cubanas, pero también de José Martí, Félix Varela, Celia Cruz, las Damas de Blanco, el exilio y las circunstancias que en la actualidad continúan dispersando a millones de personas por el mundo.

“Me pueden quitar esta banda, pero no todo lo que he aprendido”, sostuvo. “Ahora puedo usar mi voz para generar cambios en mi comunidad”.

El recorrido que coronó a Mia comenzó con 19 representantes: Daniela Reyes, de Pinar del Río; Gabriella Davis, de Artemisa; Lizlauren Mosquera, de La Habana; Yramsi Bárcena, de Mayabeque; Deborah Varona, de Matanzas; Claudia Olisa, de Cienfuegos; Estefany Rodríguez, de Villa Clara; Isabella Bernal, de Sancti Spíritus; Daniela Espinosa, de Ciego de Ávila; Stephany Granado, de Camagüey; Dayana Leyva, de Granma; Angélica Herrera, de Holguín; Regla Díaz, de Santiago de Cuba; y Angelina Andreoli, de Guantánamo.

A ellas se sumaron Eneisy Rodríguez, de Hialeah; Ana Cabrera, de Región Occidente; Lorena Suárez, de Región Central; y Giselle Pérez, de Región Oriente.

La etapa decisiva reunió a Daniela Reyes, Lizlauren Mosquera, Lorena Suárez, Mia Dio, Yramsi Bárcena y Daniela Espinosa.

El opening presentó a las concursantes antes de comenzar las rondas competitivas.

La gala, conducida por Enrique Santos y Jessica Carrillo, incluyó una presentación de Willy Chirino y reunió a figuras del entretenimiento, la comunicación y los concursos de belleza. Entre los integrantes del jurado estuvieron Alicia Machado, Miss Universo 1996; Alexander Otaola, Amara La Negra, Carolina Sandoval, Carlos Mesber y Jessica Newton.

Bajo la dirección de Prince Julio César, Miss Universe Cuba completó una edición marcada por la superioridad de su producción y sobre todo, por el crecimiento de las participantes y el desafío de sostener la presencia del país en la competencia internacional. El trabajo de comunicación estuvo acompañado por los publicistas Maikel Peres y Antonio Vargas.

Esta tercera entrega dio continuidad al camino abierto en 2024 por Marianela Ancheta, quien devolvió el nombre de Cuba a Miss Universe después de 57 años de ausencia, y prolongado en 2025 por Lina Luaces. De quien recibió La Perla del Caribe, la nueva corona nacional, cuyo nombre rinde homenaje a una de las denominaciones históricas atribuidas a Cuba.

Al concluir la ceremonia, tomó varias flores del ramo que le entregaron y repartió una entre cada una de las mujeres que había compartido con ella la fase decisiva. El gesto resumió el ambiente que asegura haber encontrado durante la concentración.

La nueva soberana de la belleza cubana comparte con sus compañeras el tan anhelado triunfo.

A pesar del dinero invertido, el estrés y la exposición pública, describió la convivencia como una experiencia de comunidad más que de rivalidad.

“Si una necesitaba un labial o un peine, la otra se lo prestaba. Compartíamos hasta la comida”, recordó. “Las mujeres que entraron a la competencia no son las mismas que salieron. Ahora caminan con más autoridad, se expresan con mayor convicción y se convirtieron en dueñas de su propia historia”.

A su juicio, esa evolución constituye uno de los principales aportes de Miss Universe Cuba: formar mujeres capaces de apropiarse de sus experiencias y conectar con los demás desde la autenticidad.

“Yo he aprendido a expresarme de esta manera, sentirme cómoda y hacer entrevistas sin nervios gracias a todo lo que recibí aquí”, reconoció. “Salimos bellas, empoderadas y diferentes”.

Evitó escoger a una compañera cuando se le preguntó quién habría merecido ocupar su lugar.

“Eran 19 candidatas y 19 sueños en común”, respondió. “Estoy feliz de haber ganado, pero todas pueden convertirse en futuras embajadoras de Cuba”.

Su victoria llegó después de una primera incursión que terminó entre las cinco finalistas en 2025. Aquella vez subió a la pasarela incluso después de sufrir una parálisis facial provocada por una inyección de bótox utilizada para tratar un trastorno de la articulación temporomandibular.

Lejos de abandonar, volvió con la misma representación territorial y asumió por su cuenta los costos del proceso. Pagó sus trajes, estudió, trabajó y evitó trasladar a sus seres queridos el estrés de una meta que consideraba propia.

“Mi familia no pagó nada. Yo pagué todos mis trajes y mi preparación; estudié sola”, reveló. “No quería abrumarlos porque sabía que lo vivirían conmigo”.

Durante meses, sus ausencias en las cenas familiares fueron el precio silencioso de una meta que pocos alcanzaban a dimensionar. Mientras los demás la veían caminar, posar o desenvolverse ante las cámaras, ella acumulaba horas de estudio, oratoria y ensayo.

Incluso sus allegados dudaron inicialmente de que presentarse por segunda vez fuera la mejor decisión. Sin embargo, asegura que lo habría intentado tantas veces como fuera necesario.

“Si tenía que regresar en 2027, 2028, 2029 o 2030, aquí iba a estar”, aseveró. “Si debía vivirlo durante años para alcanzar la meta, sabía que llegaría a la cita internacional siendo inquebrantable. Por suerte, esta vez solo me tomó dos”.

Primera caminata de Mia Dio, tras ser coronada como Miss Universe Cuba 2026.

Su principal adversario no estuvo entre las demás concursantes. Fue su propia exigencia.

“Soy muy perfeccionista y sabía que entraba con una energía más pesada. Sentía que tenía que comunicarme mejor, sobresalir y superar lo que había hecho antes”, admitió.

El año anterior se había sentido abrumada y frustrada cuando alguna parte del entrenamiento no salía como esperaba. En su retorno comprendió que evolucionar requería paciencia y que debía atravesar el proceso sin perder su esencia ni dudar de sus capacidades.

Con el avance de las semanas entendió que competir contra su mente le impedía mostrar la naturalidad necesaria para relacionarse con el público.

“Puede haber personas que respondan mejor, caminen mejor o sean más bellas, pero si no conectas con la gente, no ganas”, aseguró. “Esto es un deporte y esa conexión forma parte del juego”.

La noche antes del certamen final, dice que dejó de repasar sus apuntes, se arrodilló y pidió a Dios sabiduría, tranquilidad y claridad. También recurrió a sus seguidores para que la acompañaran con sus oraciones.

“Había estudiado durante meses. Si no estaba lista en ese momento, no lo estaría jamás”, recordó.

A diferencia de 2025, cuando los nervios dominaron su desempeño, esta vez llegó a la prueba definitiva con la mente despejada.

Durante una pausa comercial, el director pidió a los integrantes del jurado que identificaran la mejor respuesta de la ronda final. Las pantallas se apagaron y Mia no podía observar sus rostros, pero escuchó repetirse el nombre de Isla de la Juventud.

Miembros del comité de selección.

Dieciséis de los 19 jueces la señalaron como favorita en ese momento.

Daniela Espinosa, quien aguardaba junto a ella, le tomó la mano y le dijo: “Hermana, lo hiciste”.

Mia todavía se resistía a creerlo. Mientras esperaba el resultado, cerró los ojos e intentó conservar en la memoria los últimos instantes de la mujer que había sido antes de que todo pudiera cambiar.

Cuando finalmente anunciaron a la ganadora, buscó con la mirada a los suyos y, de manera especial, a su abuelo.

“Sentí que dentro de mí se rompían unas cadenas. Estaba libre de la duda y de cuestionar mis capacidades”, relató. “Busqué a mi abuelo porque mis abuelos son mi vínculo con la identidad. Ellos nos enseñan de dónde somos antes de que podamos entender hacia dónde vamos”.

La emoción de aquel instante no provenía únicamente de haber superado a otras 18 mujeres. Era también la certeza de que podía devolverle a Pepe Cancio, al menos simbólicamente, una parte de todo lo que él había entregado para que su descendencia creciera en libertad.

Su nieta había conquistado el título con un micrófono en la mano, hablando públicamente sobre sus raíces y convicciones.

“En Cuba no se puede tener una postura diferente ni alzar la voz contra un gobierno”, expresó. “Yo pude ganar usando mi voz y continuar el legado del apellido que llevo”.

Para su abuelo, el logro adquirió incluso un nombre propio. Ahora se presenta entre sus amigos como “el abuelo de Miss Cuba Libre”, contó Mia entre risas.

“Creo que le regalé como diez años más de vida porque lo está gozando, está haciendo entrevistas y se ha vuelto muy popular entre sus conocidos”, comentó.

Mia Dio, reconocida como Mejor Rostro de la competencia.

La insignia de Isla de la Juventud no guarda relación con el origen geográfico de los Cancio, procedentes de La Habana. Le fue asignada en sus dos participaciones y terminó por despertar su interés en el pasado del territorio.

“Mi familia no es pinera, pero a estas alturas yo sí soy pinera”, apuntó en tono jocoso.

Más allá de la frase, percibe en esa representación una posibilidad de explicar el cambio de nombre, las transformaciones políticas ocurridas después de 1959 y las causas que convirtieron al sur de Florida en sede de una selección destinada a escoger a la representante cubana.

“No estoy aquí para ocultar la historia”, afirmó. “Cuba merece ser reconocida por todo lo bonito y también por todo lo que la atraviesa”.

Considera que esa designación llegó a la mujer indicada en el momento preciso. Incluso manifestó su deseo de explorar durante su gestión la posibilidad de recuperar para el territorio el nombre histórico de Isla de Pinos.

Los cuestionamientos sobre su lugar de nacimiento no parecen intimidarla. Mia comprende que sus vivencias no son equiparables a las de quienes han soportado directamente la realidad del país y asegura que no toma esas opiniones como ataques personales.

“Quizás las experiencias de mi vida no son el reflejo de las tuyas, pero prometo hacer todo lo posible para representarnos internacionalmente y dejar el nombre de Cuba en alto”, manifestó.

Tampoco cree que deba demostrar su identidad mediante un acento o determinadas palabras. Recordó que otras aspirantes, pese a expresarse con entonaciones diferentes, transmitían una relación profunda con sus raíces.

“Eso no se comprueba solamente con palabras bonitas”, afirmó. “Lo voy a demostrar con mis hechos. Cuando llegue al escenario internacional, nadie va a dudar de que eso sí es Cuba”.

Asimismo, citó como antecedente el caso de Madison Anderson Berríos, cuestionada inicialmente por algunos sectores debido a su vínculo con Puerto Rico. La candidata aprendió español y terminó como primera finalista de Miss Universe 2019, una actuación que transformó la percepción pública sobre ella.

Aunque dejó claro que cada trayectoria es diferente, confía en que su desempeño también le permitirá reconciliarse con quienes no creyeron en sus posibilidades.

“Yo no guardo resentimiento hacia las personas que no apostaron por mí”, dijo. “No era una de las favoritas, pero no escuché ese ruido. Me enfoqué, me preparé y haré lo mismo para Miss Universe”.

Mia Dio exhibió su elegancia durante el desfile en traje de gala.

Su mensaje se extiende especialmente a las niñas dentro y fuera de Cuba. Quiere que su recorrido les demuestre que es posible crear una segunda oportunidad, reconectar con las raíces y convertir el rechazo inicial en impulso.

La formación académica y su experiencia como figura de las redes sociales le han permitido manejar la exposición pública. Sin embargo, su plataforma trasciende los vínculos familiares y alcanza una vivencia íntima que decidió transformar en causa.

En 2023 sufrió una pérdida gestacional. También vive con síndrome de ovario poliquístico (SOP), una condición capaz de provocar alteraciones hormonales y afectar tanto la salud física como el estado emocional.

“Me sentí traicionada por mi propio cuerpo”, confesó.

En lugar de silenciar la experiencia, creó la iniciativa Cuerpos Conscientes para acompañar a otras mujeres y convertir la adversidad en un punto de encuentro.

Durante una entrevista en la Calle Ocho, una joven que no era cubana se acercó para decirle que se identificaba con su camino, no por la nacionalidad, sino porque también vivía con SOP y encontraba esperanza al verla avanzar hacia un título de belleza.

“Ver a una mujer con esta condición seguir adelante le daba ilusión”, recordó. “A veces, las cosas que pensamos que nos detienen pueden diferenciarnos si las convertimos en nuestra causa y nuestro propósito”.

Para Mia, esa capacidad de transformar un obstáculo en motor también forma parte de la educación recibida.

“Eso es muy cubano. Nosotros siempre vamos a echar para adelante”, aseveró.

Desea ser madre algún día, aunque entiende que 2023 no era el momento. Ahora está soltera y completamente entregada a la responsabilidad asumida, su causa social y la representación nacional.

“Cuando termine todo esto, quizás llegue el hombre adecuado”, comentó. “Pero, venga o no, me siento llena de corazón. Además, soy madre de dos pomeranias”.

Bromeó con su madre sobre la posibilidad de aplazar los nietos si conquista Miss Universe y debe viajar por el mundo.

“Perdóname, mamá, pero ahora tu hija está tratando de convertirse en Miss Universe”, dijo entre risas.

Puerto Rico, lugar donde reside, será también el escenario de su mayor desafío. Allí participará el 24 de noviembre en la edición número 75 de Miss Universe, prevista en el Coliseo José Miguel Agrelot de San Juan.

Mia Dio, respondió con sentido de pertenencia por Cuba en la primera ronda de preguntas.

Competir en el territorio que hoy considera su hogar añadirá una dimensión especial a su recorrido. Será allí donde deba someter su promesa al juicio de una audiencia internacional y transformar en hechos la identidad que ahora defiende con palabras.

El entrenamiento ya comenzó con clases de oratoria, pasarela, estilismo, maquillaje y peinado. En ese proceso destacó la participación de especialistas venezolanos, entre ellos Zalandy, Faddya Halabi y el maquillista Raúl Guerra.

“Los venezolanos tienen un talento especial para preparar reinas porque vienen de una gran escuela”, señaló. “Es muy bonito ver cuánto me apoyan. Cubanos y venezolanos somos hermanos y nos entendemos”.

La meta es llevar a la cita mundial la combinación de naturalidad, disciplina y dominio escénico que le permitió conquistar el título nacional. También pretende aprovechar el alcance de Miss Universe Cuba, Miss Universe y sus redes sociales para narrar el devenir de su país y visibilizar las circunstancias que atraviesa.

Antes de abandonar la redacción, el colectivo del periódico le entregó un ramo de rosas. El gesto provocó una de las confesiones más espontáneas de la conversación.

Mia recordó que, antes de iniciar la competencia, lamentaba ante su madre no tener una pareja que le regalara flores. Su nueva condición terminó por cambiar el significado de aquel deseo.

“Después de convertirme en reina entendí que no necesitaba un hombre para recibirlas”, dijo mientras sostenía el ramo. “Ahora tengo las flores de mi pueblo y eso es mucho más valioso”.

Agradeció la acogida y aseguró que siente en el rotativo una nueva casa desde la cual podrá compartir las distintas etapas de su camino.

El medio mantendrá abiertas sus plataformas para acompañar su evolución, como hizo con Marianela Ancheta, Lina Luaces y las tres ediciones de Miss Universe Cuba.

Mia salió de la redacción con La Perla del Caribe, las rosas y una agenda que apenas comienza. Su desafío no consiste únicamente en conquistar otro título. También deberá demostrar que una mujer nacida lejos del lugar que le dio su origen, puede convertir la memoria heredada, la libertad recibida y los sacrificios de sus seres queridos en una voz capaz de hablar por Cuba ante el mundo.

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