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MIAMI

La cubana afortunada que logró quedarse en Estados Unidos

Martha Delbert fue retenida por las autoridades de inmigración, al llegar con una visa de turista al Aeropuerto Internacional de Miami, tras la derogación de la política de "pies secos, pies mojados"
Por Daniel Castropé

MIAMI.- Desde la entrada en vigencia de la orden ejecutiva del presidente Barack Obama, que derogó la política de “pies secos, pies mojados”, Martha Delbert se convirtió en la primera persona de nacionalidad cubana en quedar en libertad mediante un parole que le permitirá permanecer legalmente en los Estados Unidos.

Delbert fue retenida, junto a un grupo de 12 cubanos, al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami (MIA), aun cuando portaba una visa de turista, vigente por cinco años, que le otorgó la Embajada de Estados Unidos en La Habana, después de un fallido primer intento.

Las autoridades de inmigración retuvieron a Delbert bajo la “sospecha” de que podría quedarse a vivir en el país, acogiéndose a la aún vigente Ley de Ajuste Cubano, que otorga la residencia a los nacionales de la isla caribeña, luego de permanecer 365 días en suelo estadounidense.

Sin embargo, después de 36 horas retenida en MIA y en el centro de reclusión en Pompano Beach, Florida, entre lágrimas, ansiedad y dolor, y un posterior estado de felicidad, Delbert recibió finalmente el permiso, a través de la figura del asilo político, que le dará la posibilidad de obtener la residencia permanente dentro de un año.

Las primeras horas

Martha Delbert llegó a Miami el jueves 12 de enero en un vuelo de la aerolínea Aruba, que salió de Santa Clara, a las 9 de la mañana aproximadamente. Una hora más tarde, la mujer estaba haciendo la fila para pasar los controles migratorios en el MIA. Y en ese momento comenzó la odisea.

Según el relato concedido a DIARIO LAS AMÉRICAS, algunas personas habían hecho comentarios relacionados con la decisión del entonces presidente Obama, y ella, segura de que no habría ningún problema, como lo creían los demás en la fila, dijo en la ventanilla algunas palabras que no recuerda bien, pero que, en esencia, se referían a política de “pies secos, pies mojados”, derogada horas antes por el saliente mandatario.

“En ese momento, llamaron a un oficial, me quitaron unos papeles y me enviaron, junto a otras personas, a un salón grande. Nadie decía nada, pero todos estábamos nerviosos, pensando que nos iban a deportar”, explicó.

Delbert asegura que el trato recibido fue el mejor. No le faltó alimentación, tampoco bebidas y tenía acceso a un baño que le quedaba a pocos pasos del lugar en donde esperaba para ser entrevistada por otros oficiales de Homeland Security.

Pero vendría un episodio que la llenó de mucho miedo. “Habían dos mujeres; creo que también de Villa Clara, que les dijeron que recogieran sus equipajes porque tenían que ser devueltas a Cuba, en el vuelo del mediodía. Las deportaron aunque también tenían visas de turista”, indicó.

Después la cambiaron de lugar, pasando del salón grande a otro más pequeño, en compañía de otras tres mujeres, también cubanas, una de más de 60 años, otra de unos 40 y una joven cuya edad no sobrepasa los 25 años, acorde con el testimonio de Delbert.

Al llegar la noche –afirma– nadie tenía sueño. Una de las cuatro mujeres consiguió un colchón inflable y una frazada, y se turnaban para descansar un poco. “En esas condiciones, no podíamos conciliar el sueño. Todas llorábamos mucho”, recuerda con cierta melancolía en sus palabras.

Amaneció. Las horas pasaron y la ansiedad y el temor cada vez eran mayores en la cubana que solo se aferraba a las imágenes de sus cuatro hijos, y especialmente de los dos nietos que dejó en Cuba. “Yo los vi nacer, así que imagínese usted si me hacen falta”, subrayó.

De MIA a Pompano Beach

Junto a las otras tres mujeres, Martha Delbert fue trasladada al filo del mediodía del viernes 13 hacia la prisión de Pompano Beach. La tensión de la cubana iba en aumento al creer que pasaba a una cárcel, en cumplimiento de algunos trámites legales, y que después la harían abordar un avión “directo de regreso a Cuba”.

“Yo sufro de la presión, me subió un poco con todo eso que me tocó vivir. Ya en Pompano nos tomaron los signos vitales, nos hicieron unos chequeos médicos y a todas nos dieron una merienda fuerte”, recuerda.

Delbert no olvida que entre el personal de la cárcel había una mujer, cubana como ella, que les brindó apoyo espiritual a las cuatro mujeres, recalcándoles que ese no era un lugar para quedarse presas, que todo iba a pasar pronto y que tuvieran mucha fe.

Con la noche, que se asomaba por las pequeñas ventanas del penal, también llegaría la buena noticia para Delbert. Pero antes tendría que derramar algunas lágrimas por una confusión que hoy le causa algo de hilaridad.

“Me entrevistaron dos personas, y una me dijo que me ya me iba. Ahí mismo me puse a llorar como una niña. Entonces me aclararon que no me iban a deportar, que me iba pero a casa de mi hijo, al que ellos mismos llamaron para que me fuera a recoger”, dijo entre risas.

“No sabía nada ella”

Pero al margen de la odisea que vivía Delbert, su hijo Adolfo Amador también estaba sumido en una profunda desesperación sin saber en dónde se encontraba su madre desde el momento en que supo que ella no saldría a tiempo del terminal aéreo.

Amador fue a recogerla en el MIA, pasaron las horas, llegaría la noche del jueves, la mañana del viernes, avanzó ese día hasta que en horas de la noche, ya dominado por el desconcierto, recibió una llamada de un oficial de la cárcel de Pompano Beach.

“Yo no quiero recordar más esto, pero lo que no entiendo cómo es posible que me hayan tenido tanto tiempo en el aeropuerto y que nadie me dijera que a mi madre la habían trasladado para esa cárcel”, sostuvo.

Del llanto a la felicidad

Martha Delbert procede de Sagua la Grande, municipio de Villa Clara, en el centro de Cuba, en donde por espacio de 10 años trabajó en una fábrica de conservas, que hoy le permite recibir la jubilación del Estado cubano, estimada en 200 pesos, es decir, la pírrica suma de 8 CUC (moneda convertible cubana), cerca de 8 dólares estadounidenses al mes.

Esta mujer, cariñosa y de sonrisa amplia, es madre de cuatro hijos: una que se encuentra en México, otro en España, una más en Cuba y de Adolfo Amador, en los Estados Unidos, quien el jueves 19 de enero cumplió 50 años de vida.

Para Amador, el mejor regalo de cumpleaños es tener a su madre con él, en casa, junto a su esposa Damaris y sus cuatro perritos.

Delbert también dice estar muy feliz, pero siente que todavía tiene una misión por cumplir en la vida: traer a la hija que permanece en Cuba, y a sus dos nietos, para que su felicidad sea completa.

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