MIAMI. Para el presidente del Club Kiwanis de la Pequeña Habana, el Carnaval de la Calle Ocho no es únicamente un evento multitudinario que paraliza una de las arterias más emblemáticas de la ciudad. Es, ante todo, una misión.
Liderazgo y continuidad al frente del Carnaval de la Calle Ocho
Thomas E. Falcon, presidente del Club Kiwanis de la Pequeña Habana resalta el valor histórico y comunitario del festival, que en su aniversario 48 sigue siendo motor para financiar proyectos sociales y sostener una tradición que une a generaciones
“Es otro año de ayudar, de poder apoyar a la comunidad”, afirma Thomas E. Falcon en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, al referirse a una nueva edición de la festividad. “La Calle Ocho financia nuestros proyectos y, aunque es muy efectivo en ese sentido, al mismo tiempo es lo que nos permite seguir ayudando a la comunidad”.
Bajo su presidencia, el club asume el carnaval no solo como una celebración cultural, sino como el principal motor que sostiene su labor social durante el resto del año.
Cuarenta y ocho años de historia
El Carnaval de la Calle Ocho alcanza este 2026 su aniversario número 48, una cifra que habla de permanencia y evolución. Falcon recuerda el origen casi improvisado de lo que hoy es uno de los festivales latinos más grandes del país.
“Esto comenzó hace casi cinco décadas, cuando un grupo de jóvenes exiliados de Cuba fundaron el Club de Kiwanis y tuvieron la idea de invitar a la comunidad a la Calle Ocho”, relata.
En sus inicios, el evento llevaba otro nombre.
“En aquel momento se llamaba ‘Open House 8’. Pensaban que vendría poca gente, pero llegaron miles de personas, y así empezó lo que hoy es Calle Ocho”.
Lo que nació como una invitación sencilla terminó convirtiéndose en una tradición que atraviesa generaciones, dice Thomas y argumenta que logró transformarse en un punto de encuentro para distintas olas migratorias y en un símbolo de identidad cultural para los latinos en Miami. “La Calle Ocho representa no solo música y celebración, sino memoria histórica, sentido de pertenencia y un espacio donde las familias transmiten a sus hijos las raíces, los sabores y los ritmos que definieron su llegada a esta ciudad”.
Más que una fiesta
Desde su perspectiva, el contexto actual le da un significado adicional al carnaval.
“Estamos en un momento crucial para todos los latinos”, reflexiona. “Sostener esta tradición representa para nosotros un espacio donde, aunque sea por un domingo, podemos pasar un buen rato, disfrutar y olvidarnos de los problemas que enfrentamos diariamente”.
El carnaval, visto de esta manera, no es evasión superficial, sino una pausa colectiva en medio de las tensiones cotidianas. Un recordatorio de identidad compartida.
Organización y estructura
Detrás del despliegue artístico y musical hay una maquinaria organizativa que funciona durante meses.
Falcón explica que, como presidente, cuenta con 140 voluntarios comprometidos con la planificación y ejecución de cada actividad.
“Han trabajado arduamente durante todo este tiempo para regalarle a nuestra gente una fiesta como se merecen y que esperamos sea del agrado de todos ”, señala.
El esquema operativo incluye responsables para cada evento, conocidos como “chairpersons”, y equipos que oscilan entre tres y cinco coordinadores principales por actividad. Bajo esa estructura, decenas de colaboradores adicionales se encargan de logística, seguridad, programación y supervisión el día del festival.
El Carnaval de la Calle Ocho, insiste, no es improvisación: es planificación meticulosa.
Lo que trae esta edición
Este año, una de las figuras centrales será Guaynaa, elegido Rey del Carnaval.
“Es un muchacho que canta lo mismo reguetón que cumbia o salsa, y estamos muy orgullosos de verlo en la tarima principal el día 22”, comenta.
El calendario incluye además el Carnaval on the Mile, que se celebrará el 7 y 8 de marzo en Coral Gables, y culminará con la Calle Ocho el 15 de marzo, eje central de la temporada.
Un mensaje directo
Al final de la conversación, el presidente resume su invitación en términos sencillos.
“Que vengan, que disfruten con nosotros, que la van a pasar bien”.
Detrás de esa frase breve hay meses intensos de trabajo en equipo y una estructura que sostiene proyectos comunitarios más allá de la celebración dominical.
Para Thomas E. Falcon, la Calle Ocho no es solo una tradición cultural: es una herramienta de servicio. Y mientras haya miembros activos dispuestos a organizarla y una comunidad que la respalde, el carnaval seguirá siendo el corazón visible de una labor que trasciende la música y las tarimas, en una metrópoli construida por generaciones de migrantes y marcada por su dinamismo permanente.
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