MIAMI.- Todos los días, a las 8:00 a.m., el destartalado Chevrolet pickup de Micaela Colmenares aparece sobre la avenida 30 del sureste de Miami para adentrarse por laberintos de calles. Se detendrá al frente de decenas de contenedores atiborrados de cartón a las afueras de restaurantes, mercados, tiendas de comestibles y pequeños negocios de la ciudad.
Obreros del reciclaje, detrás de un pedazo de cartón hay muchas historias de vida
Así empieza otro día de trabajo para esta mexicana de 64 años, y una multitud de hombres y mujeres que durante el fin de semana habrán conducido decenas de millas por el condado de Miami-Dade y más allá de sus fronteras intangibles, con la esperanza de conseguir el mayor volumen de cartón viejo.
El precio que les ofrezcan por aquellos cartones dependerá de los dictados del mercado o, en última instancia, de quién compre la mercancía. En un buen día, Micaela puede ganar hasta 100 dólares. Sin embargo, en Florida, como en casi todas las ciudades y estados del país, ellos serán los menos favorecidos en la cadena del reciclaje.
Sin disimulo, los cartoneros, en su mayoría inmigrantes latinos, han sido un motor silencioso del sistema de reciclaje de Miami-Dade por años. Sin ellos, se le haría complejo o quizá imposible al condado responder al enorme volumen de cartón viejo y sobras de papel que desechan los miles de comercios.
Las procesadoras les pagan en efectivo, pero la verdadera ganancia de la jornada dependerá de algo tan particular como la calidad de la fibra, su grosor, qué tan húmedo está el cartón, o el tamaño. Entre más grueso sea el cartón, más codiciado es.
Durante meses, el Proyecto Itempnews encuestó y entrevistó a más de tres decenas de cartoneros, algunos con más de una década recolectando basura de cartón en los dos condados más grandes y poblados de Florida: Miami-Dade y Broward.
Todo depende del peso
Marcelino Pereira, de 65 años, madruga a las 4:30 a.m. Al final de la tarde, verá la carga para calcular si la jornada valió la pena.
“Es un trabajo duro, muy duro, mal pagado, pero alguien debe hacerlo”, dice Marcelino, que emigró de Cuba en 2012, mientras despedaza unas cajas rectangulares que guardaban flores.
Entre agosto de 2021 y 2022, el valor promedio de la tonelada de cartón corrugado marcó en la costa este los 150 dólares, según los reportes de la plataforma de datos de la industria del reciclaje Recycling Markets. Esto fue mucho más que los 30 dólares que se pagaban en marzo de 2020, cuando la economía estadounidense debió cerrar por los efectos de la pandemia de COVID-19. Ese año, la tonelada promedió los 60 dólares.
“¿La pandemia? ¡Eso fue horrible, horrible, horrible!”, remachó Oswaldo tres veces, al recordar esos primeros meses del coronavirus cuando, debido a la falta de empleo, tuvo que comer enlatados que sus paisanos hondureños le regalaban, y bolsas de alimentos que una Iglesia cristiana de North Miami le dispensó por varias semanas. Oswaldo es también cartonero, y como otros entrevistados, declinó dar su apellido. El cartón que lograba conseguir para vender, “no llegaba ni a 10 dólares. Todo estaba cerrado. Eso fue feo”, confesó.
Cada lunes, una hilera de viejas camionetas convertidas en bodegas rodantes, como las de Oswaldo, Marcelino y Micaela, aguardan paciente su turno para entrar a Gorgy Recycling Company, uno de los 10 centros de reciclaje privados del condado Miami-Dade que compran cartón.
“Las materias primas suben y bajan, por eso vemos precios distintos todo el tiempo”, dijo Víctor Storelli, un experto en la industria de desechos sólidos en Florida cuya familia ha estado en el negocio desde 1912.
Las procesadoras imponen sus tarifas de compra. Mientras unas pueden pagar 100 dólares por tonelada, otras no pasan de 70 dólares. En el precio también influye la región del país donde se esté. La tonelada se paga a un precio mayor en la costa este que en la costa oeste. En estos lugares se compacta el cartón suelto para producir fardos y los centros de reciclaje están pagando un 30% más por el cartón en fardos en comparación con los sueltos. Es allí donde radica el negocio.
“Esto se debe a que el cartón embalado ocupa menos espacio y está listo para ser procesado por la máquina de reciclaje”, comentó Simone Nulli Rinalducci, ingeniero aeroespacial británico quien creó el sitio web Sustainability Success para ayudar a empresas a aprender más sobre la sostenibilidad.
El sistema es sencillo. El cartón se coloca en una cámara que contiene una prensa hidráulica que aplasta el material. Cuando está compactado, se ata manualmente. El resultado es una paca de tamaño y peso uniforme que economiza espacio y está lista para ser recolectada para su reciclaje.
Pero el modo en que operan los cartoneros, y lo que implica para ellos acumular cientos de libras de cajas viejas al día, sudando bajo el implacable calor de Florida, mientras tensan sus manos y brazos para romper cada cartón hasta llenar la carga, ha sido por años un trabajo ignorado y hasta marginado.
Un solo día de trabajo para ellos, quienes no reciben prestación social, bonificación o pago de horas extras, puede equivaler con suerte a una jornada de ocho horas de salario estatal de Florida, es decir, unos 90 dólares.
La Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. (BLS, por sus siglas en inglés) no tiene datos específicos sobre sueldos para quienes recolectan cartón. No obstante, su oficio está incluido en la ocupación “recolectores de basura y material reciclable”.
“Si logro la tonelada, puedo ganar unos 100 dólares. Dependerá del precio en el mercado ese día”, señaló Marcelino.
Todo depende del peso. Cuando los cartoneros entran a las procesadoras con sus camiones o remolques, pasan por una báscula certificada que toma el peso del vehículo. Luego de descargar, regresarán a la balanza, con lo cual sabrán la cantidad de cartón que depositaron.
“Cuando cargas tu baúl no sabes si realmente tienes 1.000 o 4.000 libras”, comentó Storelli. “Entonces, te diriges a la báscula y son 6.000 libras, pero solo te pagarán por unas 4.000 porque las procesadoras no saben si el cartón está mojado, lo cual aumenta su peso, o tiene otros componentes que buscan engañar a la báscula”, explicó. Los gerentes de las dos mayores recicladoras de Miami-Dade, incluyendo Miami Waste Paper, no contestaron preguntas.
Este reportaje es parte del proyecto Altavoz Lab de palabra creado para apoyar a periodistas comunitarios en investigaciones sobre rendición de cuentas al servicio de comunidades inmigrantes, latinas, u otras poblaciones que no son representadas lo suficiente en los medios de comunicación.
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