MIAMI. - Sesenta y cinco años después de Bahía de Cochinos, los hombres que integraron la Brigada 2506 ya no libran combates en el campo de batalla.
Últimos guardianes de la Brigada 2506 entregan su memoria a una nueva generación
A seis décadas y media de Bahía de Cochinos, algunos de los últimos sobrevivientes de la Brigada 2506 impulsan la inauguración de un nuevo museo en Miami con una misión clara: convertir su memoria en legado antes de que el tiempo silencie a quienes vivieron la historia en primera persona
Su lucha ahora es otra: impedir que el tiempo borre la historia de una generación que apostó su vida por la libertad de Cuba.
Con esa misión, varios de los sobrevivientes de aquella operación histórica impulsan la inauguración del nuevo museo de la Brigada 2506 en La Pequeña Habana, un espacio concebido para preservar su testimonio y asegurar que, cuando ya no queden voces para narrarlo en primera persona, su legado permanezca intacto.
El recinto abrirá sus puertas el próximo 18 de abril como parte de la conmemoración por el 65 aniversario de la invasión de 1961, en una fecha de profundo simbolismo para quienes participaron en aquella operación y hoy observan cómo su historia entra en una nueva etapa: la transición del testimonio vivo al archivo permanente.
“Hoy, al ver a nuestros hijos asumir esa responsabilidad a través de la Junta del Museo, sabemos que la continuidad está en buenas manos”, afirma Carlos León “El Cachorro”, uno de los principales impulsores de la iniciativa.
En entrevistas con DIARIO LAS AMÉRICAS, tanto León como Eduardo Zayas-Bazán coinciden en que la creación del museo responde a una urgencia histórica: transformar el recuerdo de sus protagonistas en legado antes de que el tiempo clausure definitivamente esa generación.
“No es solo memoria, es compromiso. Compromiso con la verdad, con los que ya no están y con un exilio que merece que su historia se cuente con dignidad”, expresa Carlos.
Para el brigadista, el nuevo recinto no responde al concepto tradicional de un espacio expositivo. Lo define como un local concebido para conmover.
“No es un museo de venir a mirar cosas. No es un museo de estatuas. Es un museo de emociones, de sentimiento, de abrazos, de lágrimas”.
Pero por encima de vitrinas y objetos, sostiene que el verdadero sentido del lugar radica en lo que representa para quienes no sobrevivieron para verlo terminado.
“Aquellos que ofrendaron su vida por salvar a la patria y no pudieron llegar a viejos están vivos aquí. Y van a estar vivos mientras este museo exista”, señala. “El ejemplo de ellos, el mensaje de ellos, tiene que seguir vivo para siempre”.
La Brigada 2506, integrada por exiliados cubanos entrenados en Guatemala para intentar derrocar al régimen castrista, protagonizó la invasión de Bahía de Cochinos, una operación militar derrotada en menos de 72 horas pero convertida con el tiempo en uno de los episodios más trascendentales del exilio cubano.
Para Zayas-Bazán, próximo presidente de la institución, el recuerdo de aquellos días conserva intacta su carga emocional.
“La magnífica oportunidad que perdimos de acabar con el régimen comunista de Cuba”, responde cuando se le pregunta qué vuelve primero a su mente al evocar aquella operación.
Su ruptura con la revolución, recuerda, ocurrió mucho antes del desembarco.
“En marzo de 1959 me di cuenta de que Castro no respetaba la ley. Allí entendí que no había vuelta atrás”.
La decisión de integrarse a la lucha marcaría el resto de su existencia.
“El acto más importante de mi vida es haber participado en la invasión de Bahía de Cochinos”.
Ni la derrota, ni la prisión posterior, ni el exilio alteraron esa convicción.
“Si hubiéramos triunfado, Cuba sería la joya de Hispanoamérica”, sostiene.
La apertura del museo responde también al temor de que el significado de aquella gesta se diluya con la distancia generacional.
“Por eso existe este museo, por eso hemos trabajado tanto”, enfatiza León. “No estamos hablando del pasado. Estamos hablando de hombres que dieron su vida por la libertad y cuyo ejemplo tiene que seguir inspirando”.
A su juicio, la inauguración no representa una meta cumplida, sino el inicio de una nueva etapa para la sede.
“Eso no es el final. Eso es el empezar”, recalca.
“Ahora van a empezar a venir las clases de high school, las universidades. Ya hay grupos organizados que pasarán por aquí, y tenemos algo que enseñarles”.
Ese componente formativo ocupa un lugar central en la visión compartida por ambos veteranos.
“Deseamos educar a la juventud sobre la importancia de defender la democracia y enseñar cómo el comunismo destruye un país próspero”, plantea Zayas-Bazán.
“El Cachorro” añade que el verdadero éxito del recinto dependerá de su capacidad para provocar una reacción emocional en quienes entren sin conocer plenamente la historia de la Brigada.
“No puedes salir de aquí sin sentir algo diferente”, asegura.
Levantar la edificación exigió años de recaudación, planificación, permisos y trabajo constante de una generación que, lejos de retirarse, decidió embarcarse en un nuevo desafío en la última etapa de su vida.
“No fue fácil. Ha sido bien difícil”, admite.
“Pero llegar hasta aquí, a nuestra edad, después de todo lo vivido, y poder lograr esto junto a hermanos con los que luché y estuve preso, significa mucho”.
Lo resume con una frase que explica la dimensión personal del proyecto.
“A los ochenta años teníamos proyectos. Eso demuestra cuán importante era para nosotros crear algo como esto”.
Entre las motivaciones que lo llevaron a perseverar hasta el final menciona también una deuda íntima con uno de los hombres que combatió a su lado.
“Aunque fuera nada más por Rigoberto Varona, yo tenía que hacer esto”, dice en referencia al compañero que, según relata, arriesgó su vida para salvar la suya durante el combate.
A seis décadas y media de Bahía de Cochinos, los sobrevivientes de aquella gesta parecen tener clara la urgencia de este momento histórico: transformar el testimonio en permanencia antes de que el tiempo cierre definitivamente ese capítulo en primera persona.
“Que la Brigada 2506 siga siendo un faro de memoria y libertad”, resume Zayas-Bazán sobre el legado que espera consolidar.
Para quienes sobrevivieron la epopeya, la nueva casa no marca el final de una historia, marca el comienzo de su permanencia.
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