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EL JARRÓN CHINO

La izquierda antisemita

En ese universo de buenos y malos que parece copiado de una película infantil de superhéroes y villanos, el conflicto entre Israel y Palestina también está contemplado y sin entrar a valorar las actuaciones de uno y otro lado, el estado de Israel es el enemigo

Por MANUEL AGUILERA

Esta semana ha ocurrido un lamentable suceso en España que pone de manifiesto hasta qué punto la izquierda rancia y populista es capaz de ejercer un poder que se ha otorgado a sí misma y que no tiene nada que ver con el sentido mayoritario de los ciudadanos.  Amparados en una supuesta superioridad moral concedida por una derecha acomplejada, los activistas de esta izquierda –que se presenta como la garante de las esencias democráticas- deciden en nombre del pueblo quienes son los buenos y los malos en cualquier asunto doméstico o internacional. 

De esta forma nos han intentado colar que el régimen chavista es una democracia ejemplar, que la revolución de los hermanos Castro es un ejemplo de participación ciudadana y un modelo impecable de justicia social o que los Estados Unidos son el demonio que maneja el mundo y el culpable de todos los males del planeta. Estas simplezas desmontadas día a día por la realidad o por cualquier análisis histórico se han convertido verdades supremas para los líder de Izquierda Unida y Podemos.  

En ese universo de buenos y malos que parece copiado de una película infantil de superhéroes y villanos, el conflicto entre Israel y Palestina también está contemplado y sin entrar a valorar las actuaciones de uno y otro lado, el estado de Israel es el enemigo.

Así nos enteramos hace unos días que existe un movimiento llamado Boicot desinversiones y sanciones a Israel que pedía a los organizadores del Festival de música Rottoom que se celebra anualmente en Benicassim (Castellón) que suspendiera la actuación del músico judío Matsiyahu.  Según estos repartidores de carnets de pureza democrática, Matsiyahu (que es estadounidense y no israelí) debía condenar al estado de Israel y su política hacia los palestinos para poder actuar en el festival. Como es lógico, el artista se negó y – lo más increíble- la organización del concierto cedió al chantaje de los populistas y le retiró la invitación. 

La alarma del antisemitismo se encendió entonces y después de las protestas de la embajada de Israel y las organizaciones judías, el Gobierno de España y la mayoría de las fuerzas políticas (a excepción de Izquierda Unida y Podemos) condenaron el boicot a Matsiyahu. Afortunadamente, los responsables del Rototom rectificaron e invitaron de nuevo al artista que ha aceptado las disculpas. 

Lo importante de esta desgraciada historia en la que por suerte ha triunfado finalmente la razón es que tomemos nota de la actuación de esos lobos con piel de cordero que actúan en política con aspecto desenfadado, cercano y juvenil pero que esconden la intolerancia de la hoz y el martillo en el desván de sus casas. Son la versión moderna del comunismo totalitario y excluyente, del odio, de la fractura social.  No son mayoría pero actúan como si lo fueran y no podemos dejar que nos impongan sus verdades fabricadas, su película de buenos y malos. Hay que dejárselo claro y la mejor forma de hacerlo es no votándoles. Que no se nos olvide.

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