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CAMILA MENDOZA

La música a través de los ojos de Carlos Oliva

Hablar de música con Carlos Oliva es un regalo. Él tiene la gracia de compartir su conocimiento y su historia con una sencillez y grandeza que me conmueve, ya que se trata de un conocimiento que no encontraremos nunca en ningún libro

Por UN CAFÉ CON CAMILA

@camila_mendoza

Carlos Oliva es de esos artistas que me atrevo a llamar indispensables. Un músico que, con inocencia y gratuidad, comparte su arte como una ofrenda.

Y así lo hizo alrededor de una colada de café cubano para obsequiarme su más reciente trabajo discográfico con los Sobrinos del Juez, De San Antonio a Miami.

“El dicho dice: ‘Conozco Cuba… de San Antonio a Maisí’. Y bueno, junto a los sobrinos nuestro primer gran éxito fue Glorioso San Antonio y nuestro último sencillo se titula Nada como Miami. Por eso el disco en lugar de llamarse: ‘De San Antonio a Maisí’, se titula De San Antonio a Miami. Fue un juego de palabras”, me comenta mientras nos sentamos a conversar.

Es imposible definir el sabor del café, la música o la poesía, pero eso no significa que no existan. Así sucede con Miami, cuesta describir la ciudad, pero me arriesgo a afirmar que pocos la conocen como Oliva. El padre del Sonido de Miami y sin duda, uno de los músicos que mejor refleja la esencia de los dos mundos que aquí confluyen.

“Jorge Luis Piloto es uno de los compositores más grandes que hay. Y él siempre me decía: ‘Parece mentira Carlos que nunca me has grabado un tema’. Entonces nos dimos a la tarea de escribir juntos. Así nació la canción Nada como Miami”, me cuenta sobre el sencillo del disco que decidió presentar en un original formato físico que se asemeja a una postal turística de la ciudad.

Hablar de música con Carlos Oliva es un regalo. Él tiene la gracia de compartir su conocimiento y su historia con una sencillez y grandeza que me conmueve, ya que se trata de un conocimiento que no encontraremos nunca en ningún libro.

Además, el artista sigue concibiendo ideas exultantes y luminosas, como esta que comparte a modo de primicia: “Acabo de recibir un tema del que me enamoré y que se llama Dos navidades. Dice más o menos así: ‘Que bien me siento de ser hispano en las navidades. En vez de celebrar una fiesta celebro dos. Feliz con mi gente espero a los Reyes Magos. Y con los americanos a Santa Claus’”, me canta en medio de nuestra conversación y adelanta: “Mi sueño ahora es grabar un disco de Navidad”.

La música no es un adorno ni un bien suntuario, la música es esencia. Así la veo a través de los ojos de Oliva. No se trata de ese ruido ensordecedor que muchos escuchan para estar "entretenidos", y para no conectarse con su silencio, aburrimiento o soledad, que es donde florece la angustia y la melancolía que tanto acompaña a los artistas.

Carlos reflexiona sobre esto, y sobre una industria que cada día le genera más interrogantes: “Siento que se ha perdido profundidad y romanticismo. Se ha perdido la espontaneidad a la hora de hacer música porque lo comercial es lo que prima. Pero yo tengo el horizonte claro. Además, tengo la fortuna de trabajar con músicos que son personas a las que admiro y que tienen conceptos artísticos muy finos”.

¿Y qué queda de la fiesta después de que se apagan los focos y se ha desmontado la escenografía?

La soledad, me dice Carlos. Revelándome que es en soledad donde logra explotar al máximo su creatividad para seguir creando versos lúcidos y poéticos para Cuba: “Le doy una canción de amor a mis hermanos que allá se han quedado. A los que no cruzaron a este lado porque la vida no lo quiso así.  Les canto porque sé lo que han sufrido, y porque sueño el momento de poder compartir nuestra bandera y construir la Cuba de Martí”, dice su tema Canción de amor (no de protesta), que es parte del nuevo disco. Un álbum nostálgico y divertido que vale la pena escuchar hasta cansarse de bailar.

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