¡¡Ni cuando ordenaron a mi hermano escuché tanta liturgia católica!! He seguido esta visita del Papa Francisco, primero a Cuba y luego a los Estados Unidos, como un paparazzi persigue a una estrella del espectáculo. Pero con más interés, porque además de espectáculo, esta semana ha estado cargada de información, de pronunciamientos y del debate característico cuando de Cuba se trata.
La semana más católica de mi vida
Y quiero decir que no es solo Raúl Castro quien ha dicho que volvería a la iglesia. Personas cercanas han sido conmovidas por este orador brillante que sabe hacer las cosas políticamente correctas y definir conceptos frente a quienes deben recibir los mensajes. Algunos han criticado lo que no ha dicho, o a quien no ha recibido, pero no podemos olvidar que es un jefe de Estado con una misión que sobrepasa límites de fe y religión
Comprendo a quienes me han dicho que si en sus tiempos el Papa hubiera hablado como lo hace Francisco, estuvieran de algún modo en la iglesia. No corro esos riesgos teológicos, desde que tengo uso de razón tengo mis creencias bien definidas, pero dentro del respeto de haberme criado entre católicos, ateos y santeros, estoy seguro de que el discurso de Francisco me hubiera convertido, como lo hizo hoy, en un simpatizante más.
Y quiero decir que no es solo Raúl Castro quien ha dicho que volvería a la iglesia. Personas cercanas han sido conmovidas por este orador brillante que sabe hacer las cosas políticamente correctas y definir conceptos frente a quienes deben recibir los mensajes. Algunos han criticado lo que no ha dicho, o a quien no ha recibido, pero no podemos olvidar que es un jefe de Estado con una misión que sobrepasa límites de fe y religión.
Es impresionante escuchar a jóvenes cubanos hablar de libertad, de cambios, de derechos humanos, en plazas públicas pero, como he dicho, más impresionante aún es que luego de decir palabras que a muchos les parecerán incluso subversivas, recibieron de miles de personas presentes aplausos y consignas sociales, no un mitin de repudio. A eso aplico la máxima de mi abuelo: vale más sumar poco que restar mucho. Cada día serán más los que tendrán el valor de decir lo que piensan y no lo que los demás esperan que piensen, cada día se abren más espacios de pensamiento y de acción, y eso, estimados lectores, es un cambio importante.
Francisco tenía mucho que decir en los Estados Unidos, y la mayoría era de interés para los cubanos de aquí y de allá. Tal vez no nos damos cuenta, pero somos tan inmigrantes como los espaldas mojadas centroamericanos y, si bien recibimos una privilegiada bienvenida, llegar no ha sido nunca una panacea. En estas mismas páginas he relatado las aventuras, con peligro directo para la vida, de cientos de nuestros compatriotas, de miles de cubanos que tratan de mejorar su vida llegando al sueño americano.
Y como diría un colega que admiro, tal vez si quitáramos las trabas a los cubanos para llegar, ese mensaje que –coinciden el gobierno norteamericano pro reanudación de relaciones y los ideólogos contrarios al gobierno cubano– llevarían los norteamericanos que podrían ir como turistas sería más directo y en ambas direcciones. Porque desde Cuba también hay mensajes que no tienen que ver con la ideología que gobierna, que sería importante que llegaran a la otra orilla.
¿O sea, que tal vez estemos a las puertas de que quiten el visado para que los cubanos lleguen a Estados Unidos? Por supuesto que no, los mensajes del Papa fueron muy optimistas y llenos de esperanza, pero no me han quitado la cordura. Pero tal vez podrían flexibilizar esa posibilidad. Aunque chocara con otras prebendas que yo sería incapaz de reclamar que se acabaran. Pero recuerden que en la Europa de posguerra no solucionaron los problemas solo con apertura a emigrantes en este continente, sino que ayudaron con programas económicos y sociales contenidos en el famoso Plan Marshall que evitó que Europa se desintegrara y recobrara la dignidad y la economía de sus países.
Lo que nos dejó el Papa
El Papa Francisco trajo un mensaje de paz, armonía y concordia para todos los cubanos, sin dudas lo que más necesitamos, porque es base para recuperar las demás urgencias. Pero dejó más que eso.
Francisco dejó un mensaje claro al gobierno: ¡¡no es tiempo para dinastías!! Y un mensaje claro y alto a los jóvenes: ¡no tengan miedo! Si la suerte del país está en sus jóvenes, y en eso todos estamos de acuerdo, el mensaje llegó a aquellos que frente al Centro Félix Varela aplaudieron al joven que dijo sin ambages y con un lenguaje directo lo que se habla en las mesas de las casas a la hora de la cena, en las esquinas, en las reuniones de los amigos y en los dominós de cada esquina. Y llegó también a los millones que lo vimos por televisión, lo compartimos muchas veces y entendimos el mensaje.
Francisco nos dejó aliento para una lucha que tiene muchos lados y varias etapas, pero que ha echado a andar hace mucho y será exitosa si la vemos como la continuidad de las luchas de una nación que ha querido lo mismo, aunque por algunas etapas se desviara convenientemente del camino principal. Cuba es un país independiente y solo sus habitantes, todos, desde todos los rincones del planeta donde estemos, podemos encauzar la Historia.
Pero como hermanos, que como bien sabemos, casi siempre tenemos ideas diferentes, lo cual no impide que nos sentemos a la misma mesa. Si no, pregúntele a mi papá.
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