El procurador colombiano vino a Miami y tras su encuentro con los medios internacionales el país suramericano quedó más polarizado entre aquellos que ven a Ordóñez como un recalcitrante opositor a la gestión de Juan Manuel Santos, por su cercanía con Uribe, y los otros ciudadanos que perciben en el controvertido funcionario un profundo sentimiento nacionalista que lo perfila como un seguro presidenciable.
Las denuncias de un presidenciable
El procurador colombiano enciende la polémica alrededor de las negociaciones de paz con las FARC y el tema de las drogas, entre otros, mostrando cada vez más un perfil presidencial
De lo dicho por el procurador Alejandro Ordóñez destaca el denunciado crecimiento de los cultivos de coca en Colombia, de la mano de las FARC, con cuyo grupo el gobierno de Santos está a punto de finiquitar un proceso de paz que podría significarle al país la bajada de pantalones más vergonzosa de un pueblo diezmado por los fusiles de la guerra y urgido por encontrar el camino hacia la reconciliación nacional.
Ordóñez pone el dedo en la llaga al señalar a las no tan santas FARC como el segundo grupo terrorista más poderoso del mundo, solo superado por ISIS. Esta afirmación del funcionario produce escozor, pero, al mismo tiempo, debe tomarse con la seriedad de las implicaciones intrínsecas de su denuncia, obviando si lo dice Pedro, Juan o Sebastián. O, como en este caso, el procurador Ordóñez.
Las concesiones dadas por Santos a las FARC, sobre las que basa sus consideraciones el Procurador, no pueden dejarse pasar por alto. Quien ha puesto el grito en el cielo, sea moro o cristiano, es el titular de un despacho que, entre otras funciones, investiga y sanciona las irregularidades cometidas por los gobernantes.
Ordóñez, presidenciable uribista o no uribista, tiene la mira puesta sobre un gobierno que está dejando un mal sabor en el paladar de los colombianos que observan con recelo las negociaciones con un grupo armado al margen de la ley, sin contraprestaciones de gran valía.
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