La crisis creada por el presidente venezolano Nicolás Maduro en la frontera con la vecina Colombia parece no haber arrojado todos los resultados que el “heredero de Chávez” esperaba recoger a estas alturas.
Maduro, el fronterizo
Para los entendidos, lo que ocurre en la frontera entre Venezuela y Colombia no es más que un conflicto prefabricado por Maduro para apelar al nacionalismo más bajo y mejorar su imagen interna, incluso a expensas de su imagen internacional, que se cae a pedazos en la medida que se agrava el drama humanitario
A pesar de haber desatado una crisis humanitaria para la cual no se avizora un final cercano, Maduro ha decidido dar una vuelta de rosca más al problema y ha ordenado el cierre de otros tramos de la línea divisoria entre las dos naciones en el estado Zulia.
A la par, en una muestra fehaciente de que está más interesado en desviar la atención de los venezolanos y, quizás, hasta evitar las urnas en las venideras elecciones, que en resolver el embrollo fronterizo, el “elegido” del “comandante eterno” endureció su discurso contra el jefe de Estado colombiano, Juan Manuel Santos, a quien acusó de rehuir a un encuentro personal para “hallar” una solución al tema.
Para los entendidos, lo que ocurre en la frontera entre Venezuela y Colombia no es más que un conflicto prefabricado por Maduro para apelar al nacionalismo más bajo y mejorar su imagen interna, incluso a expensas de su imagen internacional, que se cae a pedazos en la medida que se agrava el drama humanitario.
La actual fórmula empleada por el chavismo no dista mucho de la usada por otros Gobiernos autoritarios del planeta para aferrarse al poder: crear una crisis, hallar un culpable y descargar sobre ese enemigo las culpas de casi todos los males. En su momento, lo hizo Chávez con el “enemigo del Norte” y ahora lo hace Maduro con los colombianos que residen sin autorización en el territorio venezolano. Sólo que Maduro, el fronterizo, no puede engañar a nadie y se le ven las intenciones a la legua.
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