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ESPAÑA

El drama de los escoltas: las "sombras olvidadas" tras el fin de ETA

Según datos de la asociación de escoltas Sombras Olvidadas de Euskadi y Navarra, en la región llegó a haber 3.500 guardaespaldas. El primer año sin violencia de ETA destruyó la mitad de los empleos

MADRID.- Ángel arriesgó la vida día tras día durante 15 años trabajando como escolta de políticos y empresarios amenazados por ETA en el País Vasco, norte de España. El cese de la violencia anunciado por el grupo armado en 2011 pudo haber inaugurado una etapa más segura y tranquila en su vida. Pero ocurrió justo lo opuesto.

La derrota de ETA dejó a Ángel sin empleo, con más de 40 años y una experiencia difícil de reciclar: el mismo destino sufrido por cientos de escoltas desde 2011 hasta que el Ministerio del Interior dispuso el fin definitivo de sus servicios el 31 de marzo de este año (irónicamente, una semana antes de que ETA entregara las armas).

"Todos fuimos perdiendo los empleos. Nos echaron con ERES (expedientes de regulación de empleo) dudosos", explica Ángel a la agencia dpa. "Ahora estamos desempleados, amargados, viviendo de la caridad. Alguno está en la calle. Es un drama".

Según datos de la asociación de escoltas Sombras Olvidadas de Euskadi y Navarra, a cuya directiva pertenece Ángel, en la región llegó a haber 3.500 guardaespaldas. El primer año sin violencia de ETA destruyó la mitad de los empleos y cuando se dio por finalizado su servicio, hace dos semanas, solo 109 políticos tenían ya escolta.

Su recolocación no era sencilla, y no solo por cuestiones de edad. "No puedo poner en mi currículum que fui escolta, porque no sé quién lo va a ver. Es una profesión totalmente discriminada. Ahora habrá menos miedo, pero libertad no hay", asegura Ángel, que por el mismo motivo pide ser citado con ese pseudónimo y no con su nombre real.

El Gobierno prometió reubicar a los escoltas como guardias de seguridad en prisiones, pero una ínfima parte llegó a conseguir esos puestos. Las "Sombras Olvidadas" y otros colectivos de exescoltas propusieron por eso una salida: reciclarse como guardaespaldas de mujeres víctimas de violencia de género.

"En España hay más muertes por violencia de género que por ETA. Es un drama social", sostiene Ángel, resumiendo el reclamo del sector: "Que los políticos se gasten en protegerlas el mismo dinero que se gastaban antes para protegerse a sí mismos".

Otros, más escépticos ante la perspectiva de recibir apoyo oficial, decidieron tomar la iniciativa. Es el caso de Carolina, que trabajó como escolta de políticos en País Vasco y que a fines de 2016 creó Edemm, una asociación que ofrece protección a maltratadas con una particularidad: sus guardaespaldas son casi todas mujeres.

"Busqué reclutar a escoltas mujeres por un tema de proximidad con la víctima", cuenta a dpa Carolina, según la cual Edemm es la primera asociación con ese perfil. "Es mejor a la hora de recabar información y evita empeorar el problema, cosa que puede pasar por ejemplo si el agresor ve a la víctima acompañada permanentemente por un hombre".

La también expolicía ve "una diferencia grande" entre proteger a un político y a una víctima de violencia machista. "Son amenazas diferentes. El agresor ideológico no va a inmolarse, pero el agresor de género es más imprevisible, como un yihadista: si tiene en mente suicidarse, le da igual lo que se lleva por delante".

Carolina trabaja ya en otros proyectos, como ofrecer entrenamiento de escolta a las propias víctimas de violencia de género o un programa para la protección con perros. Sus iniciativas, sin ánimo de lucro, contrastan con su escepticismo ante las autoridades: "De la política no espero nada", sentencia.

La situación deja sabor a injusticia a muchos escoltas, una figura protagónica en el medio siglo marcado por el terror de ETA y su "lucha armada" por la independencia del País Vasco que dejó más de 800 muertos hasta 2011.

"La presión era enorme. Algunos no lo soportaban y hubo varios suicidios. Además, muchos estábamos desplazados con nuestras familias. Hubo separaciones", recuerda Ángel. Su visión del papel de los escoltas es tajante: "Si no hubiera sido por nosotros, ETA seguiría funcionando. Éramos la primera línea de defensa".

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FUENTE: dpa

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