DESCONTENTO

Europa: crisis social y narrativas son caldo de cultivo de las protestas

Los Estados debilitados no cumplen con demandas sociales, los ciudadanos no se sienten representados. Por tercer fin de semana, hubo protestas violentas

Por Ascensión Reyes

Este fin de semana fue el tercero consecutivo de violentas manifestaciones en Europa. Las protestas en el viejo continente tienen un denominador común: el costo de la vida, la vivienda, educación o servicios públicos. Pero, no se trata de un movimiento único, también entran en juego las narrativas de los extremos que en momentos se imponen sobre la realidad y la frustración de los jóvenes que ven su futuro truncado.

Este jueves 5 de noviembre, Francia transitó por una huelga general y protestas masivas. Sindicatos, Chalecos Amarillos y estudiantes, entre otros no le dan tregua a la administración de Emmanuel Macron. Más de 200 marchas se realizaron en todo el país y hubo entre 448 a 642 detenidos.

Especialistas analizan las manifestaciones desde los puntos de vista geopolítico, político e histórico para DIARIO LAS AMÉRICAS. Iago Lago, periodista español dedicado a asuntos internacionales; Francisco Olucha, doctor en Ciencias Políticas; e Ysrrael Camero, magister en Historia.

Este último fin de semana, al “contagio” de Francia, España, Portugal y Albania se unieron: Alemania, Bélgica, Países Bajos y Suiza, entre otros.

Lista de deterioro

Lago apunta a la combinación entre el debilitamiento de los Estados para cumplir las demandas sociales y una “resaca de lo que sucede en el mundo tras decisiones internacionales”. Sumado a la falta de integración de los migrantes o ciudadanos europeos, de segunda y tercera generación, olvidados por los Estados.

“Es la lista de deterioro y desconfianza de los ciudadanos en los Estados porque no se sienten representados ni protegidos, pero siguen pagando los impuestos y rinden cuentas a las capitales por servicios y problemas que aumentan”. “Es la lista de deterioro y desconfianza de los ciudadanos en los Estados porque no se sienten representados ni protegidos, pero siguen pagando los impuestos y rinden cuentas a las capitales por servicios y problemas que aumentan”.

Enumera que en Francia hay un problema con la educación y con la vivienda; en España, Albania e Italia sucede lo mismo con la vivienda, pero a este último se le suma el auge de los precios del combustible.

En opinión de Lago, en esas protestas no existen intenciones de derrumbar a la UE, la invasión rusa a Ucrania y la guerra en el Medio Oriente impactan a Europa.

Con el corte de energía rusa aumentó todo: combustible, protestas, partidos de derecha y de izquierda. “La gente se decanta por partidos extremistas que tienen un mensaje muy fácil y que con el paso del tiempo se terminan apagando”.

Cita el caso de España con Podemos, “llegó al gobierno con la idea de desmontar los cielos y están casi en lo más bajo en las encuestas de cara a las elecciones del 29 de noviembre”.

Sobre la inmigración, Lago asume que ha sido un proceso beneficioso, principalmente en lo económico.

“Ha habido un cambio en la migración de las últimas generaciones. En Francia en los años 70 y 80, un tunecino se integraba pese a la xenofobia, por qué ahora un joven de tercera generación no es capaz de integrarse, sino que ve futuro en pequeñas bandas criminales parisinas o en las de España. Porque el Estado no ha sabido responder, los acoge y luego se desentiende. Entonces, se crean guetos, espacios donde el futuro no tiene cabida, no penetra allí”.

Además, agrega que deriva en “un radicalismo islámico, en una desunión con el resto de conciudadanos y es un problema a tener en cuenta”.

El periodista acota que en el país galo es notorio que la Francia Insumisa (izquierda) no ha condenado enérgicamente los robos, la oleada de crimen por toda la nación y es un caldo de cultivo para otro tipo de fuerzas. Y de parte de la derecha, hay un enfado de los inmigrantes de Francia y España que no confían en esos gobiernos.

Destaca que, en los disturbios del sábado pasado en Barcelona, la mayoría de los saqueadores de comercios eran inmigrantes, de segunda o tercera generación.

Los elementos que ha citado antes, a su juicio, van creando una Europa presa de sus fronteras cuando siempre han sido porosas.

Aclara que, en algunos barrios en Bruselas, en Marsella, en París, en zonas de España, donde se profesa al islam, hay problemas de convivencia y de seguridad.

El analista descarta la idea de que exista una coordinación entre las protestas, y argumenta que en Europa ha habido multitud de ellas en los últimos tiempos. Nombra a Serbia, donde los estudiantes llevaban más de un año manifestando contra el gobierno y ahora ganaron la legislatura. Otro caso es el de Portugal y reconoce que en Francia, España y Bélgica se vivieron las protestas más llamativas por la cantidad de disturbios.

Indicó que, en las protestas de Barcelona, de hace tres semanas, de 100 detenidos el 54 % eran menores de edad y de orígenes de inmigrantes de segunda o tercera generación.

En su opinión, hay que precisar si realmente terceros países están haciendo el juego en redes sociales para alimentar las protestas, pues les interesa mover alguna ficha en Europa con el fin de desestabilizar.

“Se ha demostrado que algunos de estos llamamientos por redes sociales provenía de terceros países, por ejemplo, China, muchas cuentas de X de más de un millón de seguidores, llamando a los disturbios en Francia”.

Destaca que en Francia cargan contra Emmanuel Macron; en Italia contra Giorgina Lemoni, en Albania contra el primer ministro Edi Rama y en Serbia contra Aleksandar Vucic. “Es todo contra el gobierno”.

Describe que las protestas por vivienda en España afectan tanto al Partido Popular como al PSOE y el ámbito educativo tiene que ver con el gobierno autonómico.

Observa que, en Francia, los “Chalecos Amarillos” si tienen objeciones a la UE como los agricultores que protestan por el aumento del combustible.

El ascensor social dejó de funcionar

Olucha retoma el criterio de la insatisfacción de las demandas sociales y destaca que existe una disminución de los mínimos garantistas del Estado, reflejada en la reducción de la prestación de bienes y servicios públicos, agravada por métodos de represión estatal.

Atribuye que las protestas y disturbios tienen carácter espontáneo y los impulsa la rabia y frustración por necesidades básicas no cubiertas que surgen como conflictos violentos, pero en menos grado que en el pasado.

Pone el foco en Francia y señala que los manifestantes son jóvenes, incluso de segunda o tercera generación. En similar situación coloca a Albania.

“Es una juventud insatisfecha, que se ha dicho que son una ‘generación de cristal’, que no están acomodados, pero están viendo un futuro de mayor incertidumbre del que se veía entre 2008 y 2009 cuando estalló la crisis económica de Wall Street”. “Es una juventud insatisfecha, que se ha dicho que son una ‘generación de cristal’, que no están acomodados, pero están viendo un futuro de mayor incertidumbre del que se veía entre 2008 y 2009 cuando estalló la crisis económica de Wall Street”.

Explica que la crisis tiene que ver por la tecnología digital, que le cierra oportunidades laborales a la gente y aquello que se le llamaba “el ascensor social, que era la educación superior, ya no es un factor determinante”.

El doctor en ciencias políticas considera bulos culpar a los migrantes, porque desde hace 30 años estos flujos son intensos y ha facilitado que extremistas puedan señalar a un responsable.

Expone que hay que encontrar un culpable luego de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. La necesidad de favorecer un nuevo núcleo de un enemigo que pudiera generar estándares de inseguridad.

Ahora, se llama terrorismo al que nunca se le ha puesto cara, sí nombre, quitando a Osama Bin Laden. “Así ha sido muy fácil, señalar a diferentes extractos o capas sociales que son los migrantes, cuya cultura e identificación ha sido diferente”.

Recuerda que los años 90 y principios de los 2000 fueron los latinos los que ocuparon ese lugar. “Es fácil señalar a este tipo de gente, incluso hasta tal punto de no denominarles como franceses, a pesar de que ya no es que sean la segunda generación, son incluso los nietos de esa primera generación que llegó a Francia”.

Desde su óptica, disturbios organizados tienen poco éxito, mientras que los espontáneos y esporádicos, “sin nadie detrás más que la pura rabia, malestar, frustración es lo que lleva a tener éxito durante un tiempo prolongado, como pasó, por ejemplo, en la ‘Primavera Árabe’ del 2011 que se extendió por todo el norte de África, Oriente próximo, Europa del Sur y luego a América, al movimiento Ocupy Wall Street”.

De acuerdo con su visión, capitalizar ganancias con los disturbios en Francia solo lo podrían hacer la Francia Insumisa (izquierda), Marine Le Pen o Jordan Bardella, de derecha.

Tampoco aprecia que haya algún interés geopolítico de destruir la UE, sino posturas a claves nacionales de malestares propios.

“Entre un 60 o un 70 % del salario de un español medio se va en el arriendo. Podríamos encontrar otros movimientos, pero que obedecen a dinámicas que son problemas comunes en los países, pero en cada cual se le da una mayor relevancia”.

Francisco Olucha diferencia los disturbios en Milán, Italia, hace tres semanas: es el precio del combustible que está aniquilando a la gente. El alza del carburante obedece, de acuerdo con su criterio, a lo ocurrido en Venezuela a principios de año y el conflicto con Irán.

Ve otra consecuencia, alza de la inflación en Europa que se había controlado. Los países se enfrentan a esta coyuntura, a lo que viene a ser en términos geopolíticos, el conflicto con Irán.

Las manifestaciones tienen su efecto en lo electoral, en Francia calcula que quizá gane Le Pen, si logra postularse, quien competirá con Jean-Luc Mélenchon. Por su parte, España abre el periodo electoral europeo y justo después de las lecciones de medio término en EEUU.

Apunta a que las relaciones de España y EEUU no son fructíferas, esto ayuda al gobierno actual de Pedro Sánchez, aunque señala que según las encuestas ganaría el PP en conjunción con VOX.

Promesas rotas

Camero asume que Europa no tiene como satisfacer las demandas sociales, les prometieron una cosa generacionalmente que incluso tiene que ver con promesas rotas y también una brecha generacional, “porque son promesas que sus padres también les prometieron”.

Acota que en Europa es muy difícil buscar un culpable de esta situación. Hay cosas comunes como los programas de austeridad y el estado de bienestar presionado por el sistema de pensiones.

Además, Europa va a aumentar el gasto militar debido a la presión de Washington y de Rusia.

“Lo que recorto lo meto en armamento y eso genera conflicto”. “Lo que recorto lo meto en armamento y eso genera conflicto”.

Camero añade que la “Europa azul corre el peligro de convertirse en una verde olivo, en la medida de que EEUU deja de proteger y de defender a Europa”.

Al aumentar el gasto militar viene el problema fiscal y para sostener todo el estado de bienestar se requiere impuestos. “Se genera riqueza, pero el dinero está mal repartido”.

Entonces, surge el tax-rich, gravar a los ricos. Aclara que la progresividad debería ser: el que más renta produce tiene que pagar más, pero esa progresividad en parte está rota.

En el caso de Europa y la vivienda, señala que existen las viviendas de interés social, pero se dejaron de construir este tipo de inmuebles o se pasaron al sector privado y entonces las alquilan a altos precios o la usan como viviendas turísticas.

Esos y otros elementos, el historiador los cuenta como distorsiones y, por tanto, rechaza la tesis de que las protestas tienen origen en una penetración islámica.

Asimismo, introduce el tema de las narrativas y apunta que más allá de las políticas está el estilo comunicativo y, en el caso español, el gobierno tiene un colchón más grande para dialogar con los que protestan. Sumado a una mejor organización y a la cultura de protesta conllevó que la mayoría de las manifestaciones fueran pacíficas.

Muestra preocupación por el aumento de la represión en Europa y ese paso a ser “verde olivo” lo ve acelerado.

Los actos pasan a convertirse en “terrorismo” y, de acuerdo con su criterio, comienza la narrativa que justifica que la represión crezca y se produzca una batalla con la realidad.

El panorama europeo lo ve como un desplazamiento político, porque los grupos de derecha son los que más están creciendo y se convierten en parte de una batalla cultural.

Insiste en que se busca imponer la narrativa del miedo y surge el tema de la seguridad que lo juntan con la migración.

Subraya que está tomando fuerza el discurso de la remigración en Europa y es devolver a los migrantes y a sus hijos a su país de origen.

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