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ANÁLISIS

A los dos meses de la extracción

En este sentido, la obediencia ya no es una opción ideológica sino una estrategia de supervivencia política y legal en un entorno global donde el enforcement—externo y doméstico—se ha intensificado

Por ORLANDO VIERA-BLANCO

La operación para capturar a Nicolás Maduro [3/01/2026] no fue un episodio aislado ni una decisión táctica menor. Fue el resultado de meses de presión militar, económica y legal que culminaron en una acción de enorme impacto global. El presidente de EEUU—Donald Trump—presentó el operativo como parte de una doctrina de intervención definida, más allá de la lucha contra el narcotráfico que implica restaurar el orden democrático, sancionar a lo que él denominó “narco-carteles estatales” y reconectar a Venezuela con el respeto a la ley y la soberanía popular.

Este ensayo analiza por qué ese evento es un parteaguas en la política exterior estadounidense del siglo XXI, cómo reconfigura expectativas de cumplimiento para regímenes autoritarios y qué implicaciones tiene en términos de transición política, reconstrucción económica, autoridad institucional y desafíos políticos. Irán, no se queda atrás…

Un parteaguas: la incursión, el enforcement, la espada de Damocles

Históricamente EEUU ha oscilado entre enfoques multilateralistas y unilateralistas en política exterior. La intervención de 1898 en Cuba, la Doctrina Roosevelt en América Latina (siglo XX), y la política hacia el Medio Oriente en 2003, son hitos donde Washington usó la fuerza o la presión para recalibrar regímenes que percibía como amenazas.

Sin embargo, en el caso de Venezuela, estamos ante un nuevo paradigma mixto: i.- Uso de Fuerza Militar Directa y legitimación policial: La captura de Maduro fue formalizada por un operativo con apoyo militar pero anunciado como un acto judicial y de enforcement […]

ii.-Justificación Multivectorial: Se presentaron tres narrativas: combate al narcotráfico, protección de la seguridad hemisférica y restauración de un proceso democrático vulnerado por Maduro. […] iii.-Creación de un “Espíritu de Compliance” (Cumplimiento Obligatorio): El mensaje es que los regímenes autoritarios son responsables penalmente no sólo por violaciones internas, sino por su impacto transnacional, estableciendo un precedente donde líderes pueden enfrentar consecuencias extraterritoriales.

La captura de Maduro simboliza esta “Espada de Damocles” bajo otros líderes autoritarios, contemplando que obedecer normas globales puede ser la única opción viable para evitar sanciones, capturas u otras acciones coercitivas.

En palabras de Trump [State of the Union] se trata de proyectar una política exterior donde la obediencia a estándares legales y democráticos deja de ser opcional y pasa a ser una condición para la coexistencia internacional normalizada[…] Aunque esta lógica es profundamente polémica en foros académicos y de derecho internacional, desde el punto de vista estratégico es un cambio radical respecto a la política estadounidense de las últimas décadas y es una aplicación directa de la legítima defensa internacional.

Una historia de transiciones tuteladas

Para entender lo que ocurre en Venezuela es útil mirar ejemplos históricos donde potencias hegemónicas han orquestado o apoyado transiciones bajo su supervisión—a menudo denominadas “transiciones tuteladas” (tuteladas por una potencia externa).

En la Alemania Post-Segunda Guerra Mundial tras la derrota nazi, [Alemania] fue administrada por las potencias aliadas antes de la creación de la República Federal y Democrática. La autoridad se centró en: Desmilitarización, denazificación y reinstauración de instituciones democráticas Aunque en un contexto de guerra total [Dixit Joseph Goebbels], este ejemplo ilustra cómo el poder exterior puede controlar la transición política y social de un país derrotado sin abolir su identidad.

La no ruptura con el régimen imperante—lo cual genera un elemento diferenciador en escaso Venezuela—no supone una claudicación absoluta. El control por parte del Estado Tutelar se relativiza en ‘el control territorial y de las FFAA’ que conserva el régimen tutelado. Pero es precisamente este table d’hôt [menú fijo], lo que demanda una comprensión superior del momento.

Si María Corina lo entiende será Presidente

La gente en Venezuela valora el paso decisivo que dio EEUU de la mano del Presidente Donald Trump. El pueblo le agradece y aunque existe una celebración reprimida, una gran mayoría está entusiasmada y esperanzada por un futuro mejor. Machado también lo hace.

Apenas han transcurrido 60 días de la incursión de marras. Algunos elevan voces críticas a dicho evento, cuestionando la viabilidad de la estrategia de Pensilvania Avenue. […] Será aquella dirigencia que demuestre el mismo entendimiento, sentimiento de gratitud y entusiasmo del pueblo, la que se convertirá en una real alternativa [realpolitik] de poder transicional y fundacional. O lo contrario. Quién no lo entienda, figurará pero no llegará.

Cuando se habla de radicalismo, se hace referencia a un hermetismo moral, normativo y puro que no existe en la política. Aquella dirigencia que sepa leer y aceptar la agenda sugerido por el país tutor [EEUU]; que asimile la convivencia necesaria aún en medio de la divergencia; tolere los tiempos, acepte los modos y se sepa insertar fases diseñadas, heredará el apoyo necesario y fundamental para refundar la República.

Quienes desde una sensible ignorancia, contumacia y fanatismo sigan adversando, enmendando planas o criticando a Washington y a la administración Trump, se auto excluirán—no inmolándose ellos solos—sino arrastrando inevitable e injustamente a quiénes desean defender. Daños políticamente innecesarios a todos los venezolanos que deseamos cambio, paz, democracia y regreso a casa, porque no comprenden que la política no es pura ni lo que dicen los libros de Harvard. La política es posibilista…lo que dictan los ‘libros de la vida’, de la realidad que puedes atrapar, no al revés.

No milito con demócratas ni republicanos [EEUU] ni soy liberal o conservador [Canadá].

Soy militante de los DDHH; de la libertad, la pluralidad, la igualdad de oportunidades y el derecho a la propiedad. Predico la justicia, la solidaridad y la paz, siendo que repudio el abuso, la violencia, la represión y la discriminación. Inevitable reprochar igualmente la arrogancia y la necedad de aquellos que acuñando lugar comunes, clichés, descalificaciones y falacias de cuatro patas, intentan invertir el curso de la historia que merecemos y que podemos [sic].

María Corina está en el corazón de Venezuela. El reto, es mantenerse en él con sabiduria, pulso y sencillez.

La historia la escriben aquellos que comprendan que la humildad y la inclusión preceden a la justicia

Justicia que la precede el orden; orden que lo precede la obediencia de un pueblo bueno y decente; obediencia que la determina el amor y la nobleza del líder, nobleza que es redención y paz.

Si el Chavismo-Madurismo interpreta mejor la historia que la disidencia radical, o si algunos opositores decantan mejor la comprensión de lo acontecido, entonces los moderados sobrevivirán la turbulencia y tocarán tierra […]

Pasó en Brasil y la convivencia con militares—duros y blandos—con la transacción pactada de Jõao Goulart a Geisel, Figueiredo [quien decreta la Amnistía en 1979], Tancredo Neves y Servey [quién asume por muerte de Neves].

Ocurrió en la Uruguay de Sanguinetti con el Pacto del Club Naval; sucedió en la España post Franco, donde Adolfo Suarez fue el artista de lo posible o en la transición Argentina con un Alfonsín que no rompió las estructuras militares; Aylwin en Chile que convivió con Pinochet [comandante en Jefe del Ejercito ]o Fernando Belaúnde en Perú, y la retirada ordenada de los militares a los cuarteles más la Constitución negociada de 1979.

La justicia en los casos in comento fue parcial, diferida. Se celebraron pactos entre civiles y militares del anterior régimen y se acometieron reformas graduales en vez de una depuración total. No es desmontar totalmente el viejo poder, es encapsularlo. No es demolición de las estructuras autoritarias, es neutralizarlas. No es cambio radical, es evitar sabotajes y caos.

Cuando la democracia nace con “muletas autoritarias”. La proporción inevitable

Maquiavelo alertó: “A prudent ruler should not keep faith when by doing so it would be against his interest.” Un gobernante prudente no debe cumplir su palabra cuando hacerlo va contra su interés.” Ellos saben manejar muy bien sus conveniencias y dosificar su intemperancia. Del otro lado [la oposición] también deben aprender cómo contener su palabra aún siendo ello un acto que consideren inmoral. Lo prudente es callar o dejar pasar si atenta sus intereses, que son los intereses de la libertad. Son momentos de inmensa madurez e inteligencia.

Max Weber dijo: “Politics is a strong and slow boring of hard boards. It takes both passion and a sense of proportion.” La política es taladrar lentamente tablas duras: exige pasión, pero también sentido de la proporción.” No es lo que mereces, no es perfecto; es lo que puedes arrancarle a la realidad.

Muchos exégetas están taladrando tablas sin el debido sentido de la proporción. No comprenden—apenas a dos meses de la incursión—que los tiempos deben hacer su trabajo, que conseguir la democracia no supone que los tiempos ni los modos sean perfectos, y muy importante, que el autoritarismo y el poder de los cuarteles, es un factor que no se puede eliminar sino en todo caso, reconducir con mucha persuasión y leverage.

El único que lo tiene es EEUU. Pues toca entender que ese aliado tutelar merece gratitud y obediencia de tirios y troyanos. Entonces, a controlar el uso de la palabra y sobretodo contener aquella que pueda convertirse en una amenaza a nuestro interés.

La proporcionalidad es buscar el justo medio de las cosas: del poder, de la libertad, de la vida. Es encontrar humildad, silenciosamente. La aparición de Enrique Marquez en el State of the Union, no fue casual. Algo hace bien el político Zuliano. No veamos tanto lo crítico como el mérito de haber lanzado nuestra agenda a las galería del realpolitik norteamericano [el estado Tutor] en Prime Time.

Valor que según San Agustín, “es el fundamento de todas las virtudes”… la forma sabia de encontrar y respetar, los límites del poder.

Japón [1945–1952]; Irak [2003-2011]

Estados Unidos dirigió la reconstrucción de Japón después de la rendición en la II Guerra Mundial. Japón mantuvo su monarquía constitucional, pero perdió su estructura militar ofensiva. La transición implicó: Nueva Constitución con soberanía popular; Apertura económica y Reestructuración estatal. Ello muestra que transiciones orientadas—no sólo impuestas— pueden reconstruir estructuras rotas.

La invasión y posterior ocupación de Irak por EEUU también buscó un cambio de régimen, con un largo y costoso proceso de reconfiguración política y social. Aunque menos exitoso, subraya la complejidad de imponer orden desde el exterior en sociedades fragmentadas.

En el caso Venezolano la narrativa oficial estadounidense ha tratado de posicionar la acción como un hito que combina justicia internacional, desmantelamiento de autoritarismos y reintroducción al sistema global, pero el desafío real será construir algo más que un cambio superficial de personas: se trata de generar un orden sostenible.

A dos meses de la extracción de Maduro, ya hay hechos concretos que marcan la transición en múltiples ámbitos:

i.-Liberaciones Parciales de Presos y Amnistía; Venezuela ha recibido más de 1,550 solicitudes bajo una nueva ley de amnistía, con cientos de presos liberados; ii.-Entorno de Recuperación Ciudadana y Política: En muchas áreas urbanas se ha visto un alivio en tensiones cotidianas, aunque la transición no ha sido perfecta. La población enfrenta grandes retos económicos y de servicios públicos; no obstante, el ambiente político externo ha cambiado, ofreciendo un espacio donde voces opositoras pueden respirar con menos represión directa; iii.-Economía Petrolera: Apertura y Potencial: Trump ha enmarcado la gestión venezolana como una oportunidad para que compañías petroleras estadounidenses ingresen a explotar reservas y reconstruyan la infraestructura deteriorada.

Parteaguas geopolítico: mensaje para regímenes autoritarios

Una de las consecuencias más significativas de esta intervención es la creación de un precedente que reconfigura cómo se perciben las obligaciones de cumplimiento internacional por parte de regímenes autoritarios.

El uso de la diplomacia coercitiva ha seguido su ruta en las recientes incursiones en Irán. Una reconfiguración del orden internacional que sin duda, coloca al filo del poder a regímenes totalitarios. ¿Era la solución? Lo que demuestra la historia es que sin el uso de la fuerza estos regímenes no salen con primaveras.

La respuesta está en el modelo de enforcement que la intervención estadounidense ha instituido:

i.-Presión Jurídica y Penal: Actores con historial de corrupción, violaciones de DDHH u operaciones ilícitas (como financiamiento de grupos criminales) enfrentan cargos internacionales y sanciones.

ii.-Pérdida de Control de Recursos Clave: El control de la industria petrolera, las finanzas del Estado y la administración del aparato gubernamental ya no reside completamente en las estructuras tradicionales del chavismo madurista. Esto debilita la base de poder que líderes como Cabello tradicionalmente han ejercido.

iii.-Cambio de Balance Político-Social: La apertura política y las demandas ciudadanas por justicia, empleo e inclusión han erosionado el modelo de dominación vertical. En este contexto, obedecer el proceso de transición y adaptarse a las nuevas reglas es una forma de garantizar relevancia política y evitar consecuencias penales o económicas.

En este sentido, la obediencia ya no es una opción ideológica sino una estrategia de supervivencia política y legal en un entorno global donde el enforcement—externo y doméstico—se ha intensificado.

Escenarios de elecciones y caminos hacia la estabilidad. Conclusiones.

Mirando hacia adelante, varios escenarios son plausibles: i.- Elecciones Supervisadas Internacionalmente; ii.-Transición Prolongada con Apoyo Técnico Internacional; iii.-Fragmentación Polarizada. Existe el riesgo de polarización continua entre sectores opositores y grupos leales a la vieja guardia del chavismo, especialmente si no se establecen mecanismos de inclusión y reconciliación.

En conclusión la incursión de Donald Trump en Venezuela representa un antes y un después en la política exterior de EEUU. No sólo cambió el destino de un régimen autoritario, sino que redefinió expectativas de cumplimiento para liderazgos autoritarios, reconfiguró la percepción de enforcement geopolítico en el hemisferio; introdujo tensiones entre soberanía e intervención y ofreció, por primera vez en muchos años, un real camino hacia la restitución de libertades políticas y participación democrática en Venezuela.

La dirigencia política debe colocarse a nivel de un pueblo desplazado, marginado, torturado y profanado. Anteponer posturas normativas, moralistas y exégetas [principistas] conducirá a un choque de intereses entre estado tutor y aquella oposición [radical], donde el poder de decisión lo tiene Washington...

Comprenderlo es llegar y hacer historia. No hacerlo es correr el riesgo de quedar del otro lado de la acera…

*Abogado. Activista de DDHH. Ex Embajador en Canadá

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