Entre los reconocimientos que ha recibido nuestra institución últimamente vale la pena resaltar la distinción 2016 Higher Education Excellence in Diversity (HEED), que nos otorga la revista INSIGHT Into Diversity, la publicación de su tipo más antigua y notable de los Estados Unidos.
A propósito de un premio
El premio HEED, por cierto, es el único reconocimiento nacional que se concede a college y universidades que demuestren notables iniciativas y éxitos en las áreas de la diversidad y de la inclusión en sus campus.
Nada me puede hacer más feliz, sobre todo cuando constatamos que hay sitios de la gran nación americana donde nuestros logros siguen siendo tareas pendientes. Solo hay que mirar para la hermosa y hospitalaria ciudad de Chicago, que vive uno de los más lamentables episodios de violencia en comunidades en desventaja económica y, por supuesto, educacional.
La jefa de redacción de la revista, Lenore Pearlstein, ha dejado saber que el proceso para conceder los premios HEED pasa por una solicitud integral y rigurosa, donde figuran preguntas relacionadas con el reclutamiento y la retención de estudiantes, así como empleados.
También contempla el apoyo continuo al liderazgo en el campo de la diversidad y otros aspectos relativos al tema y la inclusión en los campus, algo que en MDC se da de modo natural, sin vernos compelidos a cumplir una meta.
“Nuestros estándares son altos –afirma Pearlstein-, y buscamos instituciones cuya diversidad e inclusión se unifiquen con el trabajo cumplido cada día en el campus”.
Quisiera anotar que hemos alcanzado estos logros en medio de un panorama social general de incredulidad y rechazo del ciudadano común a las élites políticas porque les parecen inoperantes y muy tramitadas.
El abstencionismo en nuestras más recientes elecciones denota esa falta de fe, sobre todo entre los más jóvenes, que no encuentran paradigmas en la política y los buscan entre las celebridades tecnológicas o de la farándula.
No se debate la sustancia en medio de este populismo que pensábamos pertenecía absolutamente al socialismo del siglo XXI en ciertas geografías de Latinoamérica y ahora amenaza con dañar las bases de nuestra democracia, disfrazado de liberalismo o conservadurismo, en dependencia de la tendencia.
Este premio lo recibimos, con mucho orgullo, cuando se entronizan corrientes que culpan al inmigrante de males acumulados sobre crisis económicas disparadas por la ambición y corrupción desmedidas y por el abandono de la clase media y los pequeños negocios como motores impulsores de las comunidades americanas.
La distinción nos compromete a ser mejores donde ya somos buenos, y nos coloca en el compromiso de transferir al crisol social de Miami estos valores que siempre han hecho de los Estados Unidos un país excepcional del concierto de naciones.
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