Brasil y Cuba: turbias maniobras
El acceso a la salud debería ser nuestro primer derecho. Pero no a costa de que un país vacíe sus propios hospitales y trafique con médicos
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Precisamente, la semana pasada estaba Rousseff en Cuba criticando al monstruo imperialista y justamente hoy se le destapa un asuntico bastante feo. Resulta que la presidenta le compra médicos a una entelequia con el nombre impreciso y siniestro de u201cComercializadora de Servicios Médicos Cubanos S.A. u201d, que se anuncia como u201centidad especializada en la prestación de servicios de salud de alto nivel, como parte de las entidades competitivas a nivel regional u201d. No sé cuáles serán las entidades competitivas a nivel regional, pero desde luego ninguna podrá competir con Cuba, que en los 80 empezó a graduar médicos a granel con un doble propósito: económico y político. n
La situación de la doctora Ramona Matos Rodríguez no es muy diferente a la de aquel galeno enjuto y sacrificado. Le pagan algo más, pero parte de los ingresos se quedan en un banco en Cuba y la doctora podrá cobrarlo solo si se porta bien y regresa ordenadamente. Una empresa cubana que ni conoce negoció por ella y así recibe menos del 10 % del valor de su trabajo. Pero eso no es todo: la doctora tiene miedo. En Cuba están su hija y su nieta y ella, que está en un limbo legal en Brasil, podría ir a la cárcel si es repatriada. n
No hay nada solidario ni cristiano en la proclamada Potencia Médica Cubana. n
Haciendo memoria: En 1977 ingresaron a la Facultad de Ciencias Médicas de la Habana unos 500 alumnos, de los que algo más de 300 pasaron al segundo año. Dos años después comenzó la u201cmasificación u201d de la carrera y los activistas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) lograron reunir una matrícula de 3.000 estudiantes.
Siendo una profesión tan visceral, hubo una verdadera movilización a nivel de la organización comunista para convencer a sus afiliados a u201ccoger u201d la carrera de Medicina, para la cual no tenían vocación alguna. Pero el afán de llevar médicos al fin del mundo hizo que el régimen llegara a graduar a miles de profesionales en los llamados u201ccontingentes u201d, que era como estudiar la carrera pero encapsulada y en tiempo récord. n
Las estadísticas cubanas son lo que son, pero de acuerdo con la prensa oficial -el diario Granma y otras de esas indecencias propagandísticas- solamente en 2012 se graduaron 11.000 médicos, de ellos 5.315 cubanos. Cálculos muy conservadores llevarían la cifra a más 180.000 médicos por los que el Gobierno cubano ha cobrado millones de dólares. n
Ahora, políticamente hablando, un médico es más poderoso que un arma. Que un arma cualquiera. Mande usted un médico a un barrio deprimido, a un poblado remoto, a un enclave guerrillero, y será usted un Dios. A ninguno de los beneficiados le interesara oir que su país le roba su salario y u201csólo le da $100 u201d, porque desgraciadamente hay gente en este mundo que nunca ha visto esa cantidad junta y a quienes mucho menos le han puesto un estetoscopio en el pecho. n
A uno, sin embargo, le duele lo que le toca. Y personalmente me duele pensar en la doctora Ramona Matos, quien descubrió el engaño, tuvo el valor de enfrentarlo y está ahora en peligro por obra y gracia de la estrategia política -de largo alcance- de Fidel Castro. n
El acceso a la salud debería ser nuestro primer derecho. Pero no a costa de que un país vacíe sus propios hospitales y trafique con médicos, estomatólogos, técnicos y otros profesionales como otros trafican con plátanos, armas y drogas.
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