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Comilona en Estambul
Las imágenes reventaron las redes sociales. Nicolás Maduro, yantando, engullendo, tragando a dos carrillos, junto con su señora esposa, en un restaurante de súper lujo de Estambul. Poco ético, por decir lo menos. Mientras miles y miles de venezolanos se lanzan por el despeñadero de la emigración forzada a causa de la hambruna, la hiperinflación, el desabastecimiento, la corrupción industrializada. Mientras los conciudadanos, que todavía resisten en la Patria, sufren envenenamientos o desnutrición por ingerir los alimentos que los compinches del comelón le venden al desgobierno “bolivariano”, he aquí que los protagonistas del expolio, se jactan en público de su pretendida calidad de exquisitos gourmets.
Isabel Bowes-Lyon, reina consorte de Gran Bretaña, en tiempos de la II Guerra Mundial, hizo fotografiar la línea muy baja que había hecho pintar en el interior de su bañera. Todo para mostrarles a sus súbditos que en materia de ahorro de agua –entonces imperativo- la Justicia entraba por casa.
Hablar de ética o de ejemplos edificantes. ¡Qué ocurrencia la nuestra! El episodio de la comilona en Estambul, no es un hecho aislado. Han sido casi dos décadas de francachelas, de topos a todos, bacanales, de calzones quitaos de inmoralidad y no ha habido autoridad que ponga orden en la voladora. Los entes internacionales no han pasado de la pura retórica. En cuanto a los nacionales muy poco podían hacer, porque todos -con muy honrosas excepciones- son partícipes de la bacanal.
Mucha tela que cortar, no obstante, para las autoridades de EEUU
Maduro y su esposa, han sido incluidos en la lista OFAC o lista Clinton, como se la conoce popularmente. Las empresas y ciudadanos, norteamericanos, tienen prohibido celebrar negocios financieros o de cualquier otra naturaleza con tal especie de sancionados. El restaurante, de Estambul, al que nos venimos refiriendo, forma parte de una cadena internacional que opera en Estados Unidos, por lo que todas las sucursales de dicho grupo empresarial, sin importar el país de su ubicación, estarían sujetas a las mencionadas prohibiciones ¿No sabía la alta gerencia de dicha cadena que Maduro, está señalado de formar parte de una organización internacional del narcotráfico? ¿No estaban informados de sus violaciones de derechos humanos, de sus presuntos actos de corrupción a escala industrial? ¿No se habían enterado por la prensa que además de la OFAC, Maduro y señora están sancionados por Canadá, la Unión Europea, Suiza, entre otros países? Ofrecerle servicios culinarios a un ser humano para que no muera de hambre es una cosa. Otra, prestárselos a un connotado felón, para que celebre comilonas VIP.
La normativa OFAC sanciona a los infractores con un máximo de US $250,000.00, por cada infracción sin perjuicio de la apertura de procesos civiles o criminales. La multa, en este caso sería doble, hasta totalizar US $500,000 porque la cadena de restaurante tenía prohibido contratar con dos de los comensales. Medio millón de dólares son insignificantes para quienes se han robado miles de millones. Pero son buenos. Vienen castigos más severos y es conveniente que se vayan acostumbrando.
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