viernes 3  de  abril 2026
POLÍTICA

Nueva etapa del chavismo bajo tutela de EEUU marca distancia entre Venezuela y Cuba

Sin petróleo subsidiado ni respaldo político activo, La Habana pierde a su principal aliado regional tras la captura de Maduro

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

LA HABANA.- Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por fuerzas estadounidenses en una inédita operación militar relámpago en Caracas, Venezuela vive una transformación profunda no solo en su política interna, sino también en su proyección exterior. El mando interino que encabeza Delcy Rodríguez, orientado hacia decisiones pragmáticas, ha priorizado la estabilización económica y la reconciliación con Washington.

En este nuevo escenario, la histórica alianza con Cuba tejida por los fallecidos Fidel Castro y Hugo Chávez, casi que en términos filiales, ha quedado relegada a un plano estrictamente diplomático y simbólico. Caracas ya no sostiene al régimen de La Habana como antes: ni con petróleo subsidiado a gran escala, ni con retórica antiimperialista fervorosa, ni con gestos de solidaridad militante. El castrismo, en palabras de analistas, ha sido "dejado a su suerte".

"Discurso limitado"

Una búsqueda en Google de los más recientes pronunciamientos oficiales de Caracas arroja un panorama revelador: las menciones a Cuba, ahora limitadas a un disminuido canciller Yván Gil, son escasas, protocolarias y carentes de la cercanía ideológica que caracterizaba los discursos de Maduro.

Gil, quien permanece al frente de la Cancillería, se limita a ratificar "la postura histórica" de hermandad y cooperación entre ambos países, siempre dentro del marco del derecho internacional y la autodeterminación. No hay condenas enfáticas al "bloqueo" estadounidense ni llamados a la resistencia continental. Es un tono tibio, casi administrativo, que contrasta con la retórica de los años previos, cuando las dictaduras de Venezuela y Cuba se presentaban como baluartes contra el "imperialismo yanqui".

"Tercer chavismo"

Este distanciamiento no es casual. Forma parte de lo que el sociólogo y analista Fernando Mires ha denominado el "tercer chavismo": una fase post-populista en la cual el régimen venezolano abandona las banderas ideológicas para adoptar un pragmatismo que prioriza la atracción de capital extranjero y el diálogo con Washington y Bruselas.

En los discursos de alto nivel del nuevo liderazgo —incluidas las intervenciones de la cabecilla del régimen venezolano, Delcy Rodríguez y otros funcionarios clave, como su hermano Jorge Rodríguez, al frente del Parlamento venezolano— brilla por su ausencia cualquier mensaje de solidaridad explícita con Cuba. No se cuestiona al "imperialismo" como antaño; tampoco se menciona la "hermandad revolucionaria". El foco está en la recuperación interna, la reapertura de la economía y la normalización de relaciones con EEUU y la Unión Europea (UE).

En este contexto, el rol de Yván Gil ha quedado visiblemente secundario. Fuentes diplomáticas y periodísticas coinciden en que las relaciones estratégicas con EEUU y la UE han pasado a manos de un vicecanciller no chavista, Oliver Blanco, quien ha sido designado en el marco de la apertura pragmática del régimen interino.

"Nueva lógica"

Gil entretanto se encarga de los temas residuales de la "hermandad bolivariana", como Cuba, mientras los archivos prioritarios —inversiones petroleras, levantamiento de sanciones y diálogo con la Casa Blanca— se manejan desde otros despachos. Es un cambio estructural que refleja la nueva lógica de Miraflores: alfombra roja (literalmente) para altos funcionarios estadounidenses y puertas abiertas al capital privado transnacional que antes era estigmatizado como "neoliberal".

La visita inesperada del canciller cubano Bruno Rodríguez a Caracas, apenas días después de la caída de Maduro, ha sido interpretada en retrospectiva como el momento simbólico del cierre de la otrora estrecha alianza entre Caracas y La Habana.

Los hechos posteriores confirman esa lectura. En febrero pasado, medios internacionales reportaron la salida masiva de asesores de seguridad y personal médico cubano de Venezuela, bajo clara presión estadounidense. Washington, en línea con la política de Donald Trump de "cercar" al régimen de Miguel Díaz-Canel, impulsó el fin de esa presencia para desarticular la última red de influencia castrista en el continente.

Desde Buenos Aires, Infobae detalló cómo el éxodo de estos funcionarios ha representado un golpe financiero directo para La Habana, que pierde no solo el petróleo venezolano, sino también divisas provenientes de los programas de "colaboración".

Tras la captura y extracción de Maduro, quienes heredaron el poder en Caracas optaron por lo que analistas denominan una "normalización constructiva" con Washington, apostando a la reanudación de relaciones diplomáticas plenas y facilitando la privatización parcial de la industria petrolera. Frente a esto, los pronunciamientos sobre Cuba se reducen a comunicados oficiales breves que reiteran "solidaridad" sin compromisos concretos. Caracas ya no es el salvavidas del castrismo.

FUENTE: Diario de Cuba

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