Un letrero de un local comercial en una de las calles de Washington DC exhibe la leyenda: “Si tú no estás bien, yo tampoco”.
¿Cómo mantener el ánimo en alto cuando el bolsillo aprieta?
Y es que, por estos días, es imposible recorrer la capital estadounidense sin notar la proliferación en espacios públicos, de las llamadas “ciudades de tiendas de campaña”, un problema social de vieja data pero que la pandemia ha repotenciado.
Debido a la falta de trabajo, viviendas asequibles y altos costos de vida, muchas personas se quedan sin casa.
La mayoría de las ciudades, como Washington DC, tienen cobijos de emergencia, pero los refugios para personas sin hogar redujeron su espacio para permitir el distanciamiento social recomendado, para evitar la propagación del virus de COVID-19 y sus variantes.
Los afectados viven en tiendas de campaña u otras estructuras temporales ocupando parques públicos u otros espacios abiertos.
El problema es nacional.
Y aunque según los expertos de salud, los contagios graves por COVID-19 y la variante ómicron parecen estar cediendo, el problema de los sintecho persiste.
En este contexto, el gran esquema del presidente Joe Biden de 2 billones de dólares, parte de su proyecto Build Back Better, que garantizaría una nueva era de atención social debería ser una prioridad, pero el plan es víctima de luchas políticas internas.
Según La Casa Blanca, el proyecto social busca invertir en viviendas asequibles, extender el crédito tributario por ingreso de trabajo, ampliar el acceso a la educación o promover la seguridad nutricional en niños, entre otros rubros.
Sin embargo, sectores en Washington están socavando lo que debería ser una legislación bipartidista de impacto nacional.
La desilusión entre las familias, por ejemplo, que han dependido del crédito fiscal extendido por hijos para sobrevivir y que han visto detenidos estos pagos, buscarán culpar a alguien y la administración Biden será la primera opción de cara a las elecciones de medio mandato en noviembre.
El esquema de crédito fiscal extendido por hijos entró en vigor durante la primavera de 2021, como parte del paquete de alivio por la pandemia, pero llegó a su fin en diciembre pasado.
Las diferencias políticas en el Partido Demócrata impidieron su extensión.
El senador por West Virginia, Joe Manchin, estaba preocupado por el impacto del gasto en el aumento de la inflación, pero no solo se puso en suspenso la seguridad del programa social, sino también, el resto del paquete, aunque, “la ayuda financiera para las familias más pobres tuvo un impacto positivo inmediato”, según dijo a Político la semana pasada Kristin Butcher, directora del centro de niños y familias del Brookings Institution.
Pero, no son solo el senador Manchin y la senadora Kyrsten Sinema de Arizona, una demócrata “centrista”, se oponen a la agenda Build Back Better, provocando su colapso político.
El componente más progresista del Partido Demócrata también sigue luchando por mantener todos los artículos de la legislación que consideran vitales para el país.
Los republicanos, mientras tanto, aprovechan los desacuerdos rivales argumentando que los progresistas están obligando a Biden a impulsar una agenda socialista que contribuirá al aumento de la inflación, aunque en realidad la inflación afecta al mundo entero.
Por ejemplo, en Alemania, la economía más grande de la Unión Europea, la inflación se mantendrá cerca del 5% en enero, muy por encima del objetivo de estabilidad de precios del Banco Central Europeo del 2% para la zona euro en su conjunto.
Así, la inflación provocada por el aumento de la demanda tras la relajación del confinamiento por COVID-19, se ha enfrentado a cuellos de botella en el suministro, al aumento de los precios de energía, las materias primas y a la escasez de mano de obra, lo que ha provocado ansiedad global.
Según la Oficina de Estadísticas Laborales, la tasa de inflación anual en Estados Unidos se aceleró al 7% en el último mes de 2021, en comparación con el 6.8% de noviembre, siendo la energía el mayor contribuyente a la ganancia.
“Los precios de la gasolina subieron un 49.6 %. La vivienda un 4.1%, la comida un 6.3%, los vehículos nuevos 11.8%, los automóviles y camiones usados 37.3%, las prendas de vestir 5.8% y servicios de atención médica 2.5%.
El presidente de la Reserva Federal, Jeremy Powell, ya se comprometió a aumentar las tasas de interés este año para regular la inflación, un factor que también podría impactar positivamente el futuro político de Biden.
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