La inteligencia artificial (IA) es, en términos simples, la capacidad de las computadoras de aprender, reconocer patrones y tomar decisiones sin que un humano les diga exactamente qué hacer en cada situación. Permite a un teléfono reconocer una cara, a una aplicación traducir texto al instante, o que un dron militar identifique un objetivo en movimiento en forma automática.
Esa IA para alcanzar escala nacional, en la administración de un gobierno, un ejército o una economía; necesita cerebros humanos que la diseñen, computadoras muy poderosas que la entrenen y ejecuten, y electricidad abundante y estable para alimentar todo eso. Irán tiene el primero, serios problemas con el segundo y una crisis crónica con el último factor.
El talento que existe, y el techo que no puede romper
Irán ocupa el puesto 15 a nivel mundial y primero en Asia occidental en publicaciones de investigación sobre IA según el ranking SCImago de instituciones científicas. Esto significa que el país produce científicos de primer nivel, que piensan, publican y compiten con los mejores del mundo.
La Universidad Sharif es el emblema de eso. Fue fundada en 1966 y es el principal destino para estudiantes de ciencias e ingeniería en Irán. Se la comparó con el MIT de Estados Unidos y entre sus egresados figura Maryam Mirzakhani, primera mujer en ganar la Medalla Fields, el premio más prestigioso de las matemáticas.
Pero el talento choca con un muro estructural, con el problema de los chips, es decir, la materia prima que Irán no puede conseguir
La IA moderna funciona gracias a un tipo específico de microprocesador llamado GPU, una unidad de procesamiento gráfico, fabricado principalmente por la empresa estadounidense Nvidia. Son los motores que permiten entrenar los modelos de IA: sin ellos, la IA más sofisticada no puede existir.
Con las ventas a empresas iraníes bloqueadas por sanciones, los compradores iraníes recorrieron mercados grises pagando hasta tres veces el precio global para obtener esos chips.
Pero el problema viene de más atrás en la cadena de producción. Los procesadores más avanzados del mundo solo pueden fabricarse con máquinas que produce una única empresa en el planeta llamada ASML. Esta es una compañía holandesa cuyos equipos utilizan una tecnología llamada litografía ultravioleta extrema (EUV) que graba circuitos microscópicos sobre silicio con una precisión que no tiene equivalente. Sin esas máquinas, no hay chips de última generación, por lo tanto, no hay IA de frontera.
En enero de 2025, Estados Unidos anunció restricciones de exportación diseñadas para bloquear la venta de GPUs de alto rendimiento, como las Nvidia A100 y H100, a países sancionados como Irán. Esas restricciones se suman a un embargo tecnológico que lleva décadas acumulándose.
La respuesta iraní: construir con lo que hay
Frente a ese bloqueo, Irán intentó la construcción de su propia alternativa. En marzo de 2025, el vicepresidente iraní presentó la plataforma nacional de IA del país, describiéndola como un movimiento estratégico en una “guerra global de chips y algoritmos”. Más de 100 profesores e investigadores colaboraron en el proyecto, desarrollado en cooperación con la Universidad Sharif.
La ambición era real e Irán aspira a figurar entre las diez potencias mundiales de IA para 2032, con una contribución del 12% al PIB.
La computadora más potente de Irán orientada a IA es la Simorgh, lanzada en 2021 con una capacidad de 0,56 petaflops, apodada “la supercomputadora del mercado negro” por su uso de chips obtenidos clandestinamente. Para tener una referencia, los sistemas que entrenan los grandes modelos de IA occidentales operan en rangos de miles de petaflops. La Simorgh es, en esa escala, una calculadora de bolsillo.
Los servicios globales de computación en la nube de Amazon, Google y Microsoft también están bloqueados para Irán. Esas plataformas son las que permiten a empresas y gobiernos de todo el mundo entrenar modelos de IA sin tener que comprar hardware propio. Sin acceso a ellas, Irán tiene que construir todo desde cero, con lo que puede.
El uso militar: donde la IA iraní sí avanzó
La dimensión más concreta del programa iraní de IA no es civil sino militar. Según fuentes vinculadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), los drones iraníes Ababil-5 y Mohajer-6 ya incorporan misiles con guía de IA para el seleccionar objetivos. Esos son los mismos drones que golpearon infraestructura en Israel, Kuwait y los Emiratos durante la guerra de estos días.
Microsoft, Google y OpenAI documentaron intentos iraníes de usar modelos de lenguaje avanzados para mejorar operaciones de hackeo, phishing, desinformación e investigación de vulnerabilidades. La IA, para Irán, es un multiplicador de fuerza asimétrica, y la manera en que un país bloqueado puede competir con potencias que le superan en todo lo demás.
Las consecuencias del ataque
El data center de Sharif sustentaba la plataforma nacional de IA junto con miles de servicios digitales del Estado iraní. Era, en términos prácticos, el servidor central de la apuesta tecnológica del régimen. La Universidad Sharif mantiene vínculos estrechos con el Ministerio de Defensa, el CGRI y la Fuerza Aérea del CGRI, y está sancionada por la Unión Europea, el Reino Unido y Japón por su participación en proyectos militares y de misiles balísticos. Israel y Estados Unidos no reivindicaron el ataque específico a la universidad, pero la justificación implícita es la del uso dual porque este era un laboratorio académico que también servía como infraestructura de defensa.
La respuesta iraní no se hizo esperar. Tras el ataque, Irán amenazó con destruir el centro de IA de OpenAI en Abu Dhabi, publicando imágenes satelitales del complejo. El proyecto Stargate, respaldado por OpenAI y sus socios, representa una inversión de $30.000 millones de dólares y es uno de los centros de cómputo de IA más grandes del mundo.
En pocas horas, la guerra entre Israel e Irán adquirió una dimensión completamente nueva con la infraestructura de IA global convirtiéndose en objetivo militar declarado por ambas partes. Un conflicto que comenzó con bombas sobre instalaciones nucleares y aeropuertos llegó, en pocas semanas, a los servidores que alimentan al ChatGPT.
La IA iraní era modesta, construida con piezas de contrabando y con talento doméstico, pero existía. Y alguien decidió que era suficientemente peligrosa como para destruirla.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.