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OPINIÓN

Con treinta años de retraso

A treinta años del derribo de avionetas de Hermanos al Rescate, Raúl Castro enfrenta acusaciones por parte de Estados Unidos.

Por Omar Sixto

A la hora en que escribo esto, el Departamento de Justicia de Estados Unidos todavía no hacía efectiva la anunciada acusación federal contra el dictador Raúl Castro. Lo acusan específicamente por haber ordenado el derribo de dos avionetas civiles sobre aguas internacionales el 24 de febrero de 1996.

Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Las dos avionetas pertenecían a Hermanos al Rescate, una organización que desde 1991 utilizaba aviones Cessna 337 Skymaster para sobrevolar las aguas del estrecho de la Florida en busca de cubanos que escapaban en embarcaciones precarias del manicomio comunista cubano. Una labor encomiable. Miles de balseros le deben a estos patriotas sus vidas.

Por supuesto que eso encabronó a Fidel Castro, para quien todo lo que oliera a libertad tenía que ser eliminado. Lo primero que hizo fue infiltrar en Hermanos al Rescate a un espía deleznable. Se llamaba Juan Pablo Roque, quien escapó de regreso a Cuba unos días antes del derribo de los aviones. Antes del escape le robó todo a su esposa Ana Margarita, con quien se había casado legalmente el Día de los Inocentes de 1995. Un gran hijo de p... Como buen comunista e hijo de p…, Netflix le dedicó una película a él y al resto de sus compinches. Por eso no veo Netflix.

Les he contado que recuerdo exactamente dónde estaba aquel 24 de febrero, hace treinta años, cuando me enteré del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Estaba en Sevilla; la noticia de que cuatro civiles que volaban en avionetas turbohélice desarmadas fueron asesinados por dos cazabombarderos supersónicos de la fuerza aérea del régimen cubano me marcó de por vida. La dictadura asesinando.

Y es que asesinando llegaron ellos a hacerse de los destinos de Cuba desde el 1 de enero de 1959. Incluso desde antes: ejecutaron a muchos campesinos que no simpatizaban con su ideología, asesinaron a civiles con bombas terroristas, asesinaron a pasajeros de aviones civiles secuestrados y asesinaron a miembros del gobierno que querían derrocar.

Luego, desde el 1 de enero de ese 1959, cuando Fidel Castro mandó a Ernesto Guevara a La Habana, el argentino tiñó los muros de la fortaleza de la Cabaña con la sangre de cientos de cubanos libres. En Santiago de Cuba, Raúl Castro —el hermano acomplejado— no quiso quedarse atrás y, a falta de muros, llenó de cubanos fusilados varias fosas comunes.

Y continuaron asesinando en pelotones de fusilamiento, en las cárceles y presidios. Asesinaron en tierras extranjeras a civiles inocentes, en guerras inútiles de esos dos hermanos Castro que se sentían generales. Asesinaron a familias con niños, hundiendo remolcadores y barcos desarmados. Asesinaron hasta a sus propios cómplices para mantenerlos callados. Castro y sangre son sinónimos. Castro y muerte, también.

Decenas de miles de cubanos asesinados por esos Castro. Más de mil presos políticos languideciendo hoy en las mazmorras de la dictadura. Ninguno de ellos tendrá justicia en la acusación federal del Departamento de Justicia. Esta acusación solo busca justicia para cuatro patriotas asesinados a mansalva sobre aguas internacionales. Estados Unidos defiende a sus ciudadanos.

Ayer Donald Trump salió con otra de esas de las que suelta a cada rato. Dijo que quería ayudar a Cuba —lo ha dicho antes—. Pero ayer dijo que quiere ayudar a Cuba con el régimen o sin él. Del carajo. Todo pinta que tendremos una Venezuela 2.0. Harán escapar o, si nos va bien, capturarán al harapo humano que es Raúl Castro hoy y dejarán a un equivalente a Delcy administrando el tinglado mientras los puertos de Cuba se inundan de verdadera ayuda humanitaria.

Un desenlace feo, pero sería el menos malo de los posibles. Para los cautivos de la isla cualquier cosa es mejor que la catástrofe humanitaria en la que sobreviven hoy.

Como dijo alguna vez Guillermo García, uno de los más vividores de la cúpula de la dictadura: “A tiros llegamos y a tiros hay que sacarnos”. Evidentemente, el vividor tenía razón. Lástima que hoy, 20 de mayo, aniversario 124 del nacimiento de la república de Cuba libre, no estemos los cubanos barriéndolos a tiros. Solo tenemos una acusación federal hacia un tirano nonagenario, acusado de un crimen que ocurrió hace treinta años; que paradójicamente ocurrió un 24 de febrero, aniversario 101 de la fecha en que los cubanos tomaron las armas para ganarse su libertad definitiva.

En aquella ocasión —aquella guerra de independencia iniciada el 24 de febrero de 1895—, el valor de los cubanos no resultó suficiente para ganarle al ejército de España. Tuvieron que ser ayudados por el de Estados Unidos. En esta ocasión, en 2026, Estados Unidos nos vuelve a ayudar, con treinta años de retraso y sin cubanos libres con las armas en la mano sacando dictadores. Estoy muy orgulloso de ser cubano, pero les confieso: en ocasiones como esta, siento un poco de vergüenza.

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