Cuba ha alcanzado un punto crítico en su crisis energética, a medida que Washington intensifica la presión sobre el gobierno comunista para que cambie de rumbo político.
El director de la CIA visitó Cuba en medio de una crisis energética y de presiones de Estados Unidos, con la mirada puesta en la isla tras la situación en Venezuela.
Cuba ha alcanzado un punto crítico en su crisis energética, a medida que Washington intensifica la presión sobre el gobierno comunista para que cambie de rumbo político.
La sorpresiva visita, hace unos días, del director de la CIA, John Radcliffe a la isla, constituyó el más reciente esfuerzo de Estados Unidos para exigir reformas democráticas a cambio de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria y así ayudar a paliar una crisis que asfixia a la población.
Por si esto fuera poco, ante la Fiscalía del Sur de la Florida se presentaría pronto una acusación formal contra el expresidente Raúl Castro, por ordenar el derribo, en 1996, de tres Cessna 337 Skymaster de “Hermanos al Rescate”, una organización prestaba ayuda a balseros cubanos en alta mar que buscaban llegar a territorio estadounidense.
Y es que el presidente Donald Trump ha declarado reiteradamente que, tras la intervención militar del 3 de enero en Venezuela, Cuba podría ser el siguiente objetivo.
Ahora, la afirmación de Trump de que Cuba también estaba en la mira sugiere la existencia de planes de contingencia para llevar a cabo algún tipo de operación similar contra los líderes cubanos en La Habana.
No obstante, hasta el momento, el enfoque se ha centrado en interrumpir la totalidad del suministro de petróleo que llega a Cuba, especialmente de Venezuela como principal proveedor energético de la isla.
El bloqueo petrolero ha resultado tan eficaz que el gobierno cubano ha admitido que las reservas de combustible prácticamente se han agotado mientras se registran apagones casi permanentes en toda la isla, lo que obliga a recurrir al carbón vegetal para cocinar.
Al parecer, una de las principales exigencias planteadas por Washington es que el régimen cubano clausure las estaciones de inteligencia rusas y chinas ubicadas en territorio cubano.
La estación rusa se encuentra en Lourdes, en las afueras de La Habana y a 93 millas de Key West, en Florida. La china está situada en Bejucal, a 18 millas al sur de la capital. Ambas instalaciones tienen la capacidad de interceptar comunicaciones con origen o destino en Estados Unidos.
Ratcliffe planteó la exigencia de Washington de cerrar dichas estaciones durante sus reuniones con diversas figuras destacadas del gobierno cubano, entre ellas el ministro del Interior, el jefe de los servicios de inteligencia de Cuba y Raúl Rodríguez Castro, el sumamente influyente nieto del expresidente Raúl Castro.
¿Logrará toda esta presión el resultado que espera Trump?
El mandatario suele citar con frecuencia la operación en Venezuela como ejemplo de resultados espectaculares.
Estados Unidos ha asumido, en la práctica, el control de la industria petrolera de Venezuela tras la captura de Maduro y su sustitución por Delcy Rodríguez como presidenta interina; sin embargo, dado que Cuba enfrenta una aguda crisis energética, parecería que la probabilidad de una intervención militar no es ni inminente ni necesaria.
Tras más de 65 años de comunismo en Cuba, cualquier cambio político que mejore las relaciones con un país situado a las mismísimas puertas de Estados Unidos sería bienvenido y considerado en Washington como otro triunfo político.
No obstante, las afirmaciones de la administración Trump de que el pueblo venezolano vive ahora una vida feliz, aún distan mucho de la realidad.
Para el pueblo cubano, una mejora inminente en sus vidas obviamente sería levantar el bloqueo petrolero pero, al igual que los venezolanos, esperan un cambio político de largo alcance.
