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OPINIÓN

Cuarta carta a Marco Rubio: Estrategias del castrismo en Estados Unidos

Es probable que la penetración del castrismo en Estados Unidos supere al verdadero y digno exilio, de tantos agentes infiltrados

Por ZOÉ VALDÉS

En esta cuarta carta, estimado Secretario de Estado, Señor Marco Rubio, le propongo examinar cómo el castrismo ha desplegado movimientos estratégicos a lo largo del tiempo en Estados Unidos, enfocándose en su relación con los medios y el Partido Demócrata, lo que usted no ignora. Se observa, sin embargo, ahora, que diversos artículos publicados en medios relevantes como USA Today y una entrevista reciente a Díaz-Contados, podrían estar, presuntamente, siendo utilizados como instrumentos remunerados para difundir narrativas favorables a los intereses castristas. Asimismo, destacaría el uso reiterado del papel de víctimas como mecanismo para generar odio y ganar tiempo en la arena política estadounidense.

Es probable que la penetración del castrismo en Estados Unidos supere al verdadero y digno exilio, de tantos agentes infiltrados. No se trata sólo de una influencia visible, sino de una red soterrada que actúa en distintos niveles, desde instituciones hasta círculos mediáticos, dificultando aún más la labor de quienes defienden la libertad y los valores democráticos. Acabe con eso de una vez.

El castrismo, usted lo sabe, no es víctima, es el verdugo del pueblo cubano, al que sigue presentando y usando como víctima de Estados Unidos. Esta manipulación discursiva busca confundir a la opinión pública y posicionar al régimen como el oprimido, cuando en realidad ha sido el principal responsable del sufrimiento de su propia nación. Así, logran perpetuar el mito de la victimización mientras ocultan su verdadera naturaleza autoritaria y represiva. Pero, desoladoramente, todavía ese relato mezquino funciona para el resto del mundo. No lo tome en cuenta. Perdone la expresión: cáguese en la noticia y límpiese con el telegrama. Acabe de un tajo ya con tan insultante candanga.

El chantaje ejercido por la familia Castro hacia los gobiernos norteamericanos ha sido una constante que, lejos de desaparecer, se intensifica en el contexto actual. Esta presión se ha acrecentado en respuesta al temor que provocan la gestión del presidente Donald Trump y la suya y su firme postura, estimado Marco Rubio, ante el régimen cubano.

La guerra con Irán la ha ganado Estados Unidos desde el momento en que el presidente Trump y su gobierno decidieron emprenderla y liberar de una forma u otra al pueblo iraní. Si semejante gesta ha sido lograda tomando en cuenta lo que son los ayatolá, qué no podrán hacer a 90 millas y contra los cuatro viejos barrigones que allá pretenden poseer una armada -también desahuciada- para enfrentar al más grande y valiente ejército del mundo.

Es evidente que el liderazgo estadounidense, cuando se muestra decidido y sin titubeos, puede enfrentarse a los regímenes más opresivos y peligrosos del planeta. Esta misma determinación, aplicada a la situación cubana, debería servir como advertencia a quienes todavía piensan que pueden desafiar a Estados Unidos desde la proximidad geográfica y con recursos limitados. Los ejemplos de Venezuela e Irán demuestran que la fuerza y la voluntad de liberar a los pueblos sometidos son más poderosas que la propaganda y el miedo que intentan sembrar los dictadores.

No quiero atiborrarlo con carticas, pero considero necesario continuar con mis misivas dirigidas a usted, como mero consuelo tal vez a mí misma, hasta que Cuba sea libre, porque estoy convencida de que esta vez sí sucederá. Patria y Libertad. En sus manos vibra malherida la Patria de Jesucristo y de Martí. Sánela. Resucítela. Gracias.

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