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Dicen que no son tristes las despedidas

No diré adiós para siempre, porque he aprendido a huir de los absolutos, y nunca sabemos qué nos ofrecerá el destino más adelante. Tampoco dejaré de escribir

Publiqué mi primer artículo en DIARIO LAS AMÉRICAS el 7 de julio de 1961, poco antes de cumplir 17 años. En los 53 años que han pasado desde entonces, miles de mis columnas han visto la luz en estas páginas. Al principio escribía esporádicamente, y las cuartillas que enviaba desde Maryland aparecían 15 ó 20 días después en alguna página interior. A partir de que me mudé a Miami en 1978, comencé a contribuir más a menudo, y desde 1987 mi columna se ha publicado regularmente en la página de Opiniones todos los jueves. Rara vez he dejado de enviarla. n

A través de mis artículos, los lectores me han visto crecer. La jovencita de los años sesenta fue dando paso a la madre, la estudiante, la profesora, la analista política, la autora, y la mujer madura que hoy soy. He escrito de los más variados temas: reseñas de libros, actividades culturales, crónicas de viajes, aniversarios de personajes famosos o acontecimientos históricos.

nLa cuestión de Cuba ha sido una constante. Estas páginas recogieron mis desvelos, rabias, denuncias, nostalgias; también, mi afán de comprender la compleja realidad del país, mi regreso a la isla, mi prédica por la reconciliación de los cubanos. En 2002, a los 100 años de la inauguración de la República, dediqué 48 columnas a la historia del período de 1902 a 1958, crónicas recogidas más tarde en un libro. Reuní artículos motivados por el fallecimiento de cubanos desterrados en Morir de exilio, publicado en 2006. n

La política en Estados Unidos y los conflictos internacionales han sido otros temas sobre los que he opinado a menudo.

nMi vida personal ha quedado plasmada en . He contado la historia de antepasados que no conocí y recordado anécdotas de momentos vividos junto a otros parientes. He llorado a mis padres y hermanos mayores; he compartido la alegría inmensa del nacimiento de mis nietos. Las bodas, graduaciones, cumpleaños y reuniones de familia han inspirado consejos y reflexiones.

nA veces mis trabajos han sido polémicos y provocado aluviones de cartas al editor, mensajes electrónicos o réplicas de otros articulistas. Incluso cuando las discrepancias han cobrado un tono irrespetuoso, he aplaudido el ejercicio de la libre expresión, base de la democracia en que vivimos. Confieso, además, que siempre he preferido escribir para hacer pensar, provocar, punzar, que para entretener. No huyo de los temas controversiales. n

El periódico ha sido generoso en recoger las muchas actividades en que he participado durante estas cinco décadas. Sus archivos mostrarán reseñas de todos mis libros y sus presentaciones. El primero en dar la noticia de cada una de mis obras fue siempre mi gran amigo Ariel Remos. n

A lo largo de la vida, muchas personas desconocidas se me han acercado a comentarme mis artículos. En una ocasión me conmovió inmensamente que un señor me mostrara el recorte amarillento de un viejo escrito mío que siempre llevaba en su billetera.

nEn las páginas de DIARIO LAS AMÉRICAS me he hecho periodista. Siempre he intentado dar lo mejor de mí misma a mis artículos.

nEn estas columnas semanales nadie habrá encontrado jamás mentiras ni dobleces. Algunas serán más afortunadas que otras, pero todas son sinceras. Nunca he escrito nada que no sienta y crea. La honestidad intelectual es para mí un deber sagrado con el periódico, los lectores, el oficio, y conmigo misma. En los últimos años, mi blog Habanera soy, leído en muchas partes del mundo, ha recogido todo lo publicado aquí.

nAunque mi relación con DIARIO LAS AMÉRICAS fue principalmente con la familia Aguirre, y muy en especial con Don Horacio, a quien me une un afecto profundo, no tengo queja alguna de su actual director, Manuel Aguilera. Pero la vida está siempre llena de etapas que terminan y dan lugar a otras nuevas. Ésa es la realidad del periódico, y también la mía. De modo que la última columna que escribiré en DIARIO LAS AMÉRICAS será la de hoy.

nNo diré adiós para siempre, porque he aprendido a huir de los absolutos, y nunca sabemos qué nos ofrecerá el destino más adelante. Tampoco dejaré de escribir. Sería como dejar de respirar. Mis lectores encontrarán en otras páginas mis opiniones, y continuaré trabajando con entusiasmo en mi blog y los libros que espero publicar. Pero aun así... u00bfquién dijo que no eran tristes las despedidas?

*Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española
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