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OPINIÖN

EEUU, con la vista puesta en el horizonte

Lo que aún representa un dolor de cabeza del plan de Joe Biden son la inmigración, los recortes del precio de medicamentos y los costos en el bienestar social
Por SONIA SCHOTT

Cualquiera que haya estado a bordo de un barco alguna vez, habrá oído que se debe mirar al horizonte para no perder el equilibrio o el rumbo.

Este consejo bien podría aplicarse tanto a las negociaciones de la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático, COP 26 en Glasgow, como a las que tuvieron lugar en Washington DC entre facciones del Partido Demócrata por el ambicioso proyecto de ley de tres billones de dólares del presidente Joe Biden.

Después de meses de estancamiento, la mayoría demócrata aprobó una parte del paquete por 1.2 billones de dólares para repotenciar la infraestructura y crear nuevos empleos, dejando por ahora en el tintero el plan de beneficios sociales por 1.75 billones de dólares.

Del lado de la seguridad del planeta Tierra, la conferencia internacional sobre el cambio climático no logró prohibir definitivamente el uso del carbón, la deforestación o comprometer billones de dólares para ayudar a los países en desarrollo en su transición a energías renovables, pero se trabajó para buscar consensos.

Y a pesar de las quejas de grupos negacionistas que, sin presentar soluciones alternativas argumentaron que las energías renovables son tan malas como los combustibles fósiles, los compromisos logrados representan un avance, aunque para frustración de algunos el futuro es definido por esas medias tintas y formas ingeniosas de apaciguar las demandas de actores, con puntos de vista, visiones y objetivos políticos diferentes.

Ni la COP 26 ni la lucha titánica entre legisladores demócratas para aprobar el proyecto de ley de La Casa Blanca produjeron la solución perfecta y la letra pequeña será la que revele la verdadera naturaleza de ambos compromisos.

Si bien es cierto que el proyecto original de ley de infraestructura, de $3 billones, habría significado una revolución en los programas de bienestar social y cambio climático, al menos se logró un paso en la dirección correcta.

Lo que aún representa un dolor de cabeza del plan de Biden son la inmigración, los recortes del precio de medicamentos y los costos en el bienestar social.

A las negociaciones de la semana pasada se les dio mayor urgencia después del revés sufrido por la actual administración con la victoria del republicano Glenn Youngkin en la gobernación de Virginia.

En la política, tanto nacional como internacional, rara vez existe una solución ideal para afrontar las crisis.

El acuerdo de reducción de armas nucleares alcanzado entre el presidente Ronald Reagan y el entonces líder del partido comunista soviético Mikhail Gorbachev en 1986, que ayudó a poner fin a la Guerra Fría, de 44 años, fue un buen ejemplo.

En cuanto al cambio climático, hay consenso sobre la urgente necesidad de poner en marcha contramedidas dado que la comunidad científica espera que el planeta se caliente otros 1.5 grados centígrados para 2040.

Según la Academia Nacional de Ciencias estadounidense “Los científicos saben desde hace algún tiempo, a partir de múltiples líneas de evidencia, que los seres humanos están cambiando el clima de la Tierra, principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero".

Así mismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos estadounidenses sobre el Cambio Climático sostiene que “el calentamiento del sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no tienen precedentes durante décadas o milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, la cantidad de nieve y hielo ha disminuido y el nivel del mar ha aumentado”

Lamentablemente, a pesar de está realidad, no todos los países se sumaron a los acuerdos. La ausencia de China y Rusia ensombreció la conferencia.

Estados Unidos fue uno de los 20 países e instituciones financieras que acordaron detener el financiamiento público de la mayoría de los proyectos de petróleo y gas para el próximo año para limitar las emisiones de carbono.

El acuerdo para reducir el gas metano, emisor de carbono en un 30%, para 2030 fue un verdadero éxito, dado que la producción de petróleo, gas y carbón crea una fuente importante de gas metano que va a la atmósfera.

De manera similar, aunque el enorme paquete de beneficios sociales de Biden y el proyecto de ley de infraestructura separados, pero vinculados, habrían proporcionado mayores beneficios a la sociedad, los primeros pasos siempre son los más importantes porque determinan el trayecto a futuro.

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