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OPINIÓN

El acuerdo petrolero y la cancelación de los principios

La posible cesión de 100 años de explotación de reservas a NABEP, vinculada a Alejandro Betancourt y bajo la mira de la justicia internacional, genera polémica por su fundamento jurídico y la opacidad del proceso.

Por Edgar Cherubini Lecuna

Sobre los acuerdos entre Estados Unidos y Venezuela, necesarios para recuperar de las ruinas en las que dejó el chavismo a Venezuela, en especial a nuestra industria petrolera, hay argumentos fundamentales que no ha sido tomados en cuenta y que han despertado razonable inquietud en unos e indignación en otros.

Del “huge deal” anunciado por Trump no se conocen los detalles. Lo cierto es que las autoridades interinas venezolanas nombradas por Washington para que coordinen la estabilización económica y la transición de la tiranía a la democracia, actores del mismo régimen que destruyó el país y dicha industria, han concedido a North American Blue Energy Partners (NABEP), una empresa petrolera privada, la explotación durante 100 años de 17 yacimientos que representan unas reservas probadas de petróleo de 65.000 millones de barriles que, según voceros de la Casa Blanca, nutrirán las reservas estratégicas de USA. Sin embargo, Marcos Rubio ha declarado en varias entrevistas que dicho acuerdo no es con el interinato de Rodríguez sino con la empresa NABEP de Alejandro Betancourt, persona que, según expertos, no tiene noción de la industria petrolera. Esta respuesta aumenta las opacidades de este trato, debido a que Betancourt arrastra una fama de presunto operador de contratos fraudulentos y lavado de capitales en Suiza, Inglaterra y España, aparte de las graves acusaciones criminales contra él, formuladas en 2023, en intervenciones públicas tanto por Jorge Rodríguez como Diosdado Cabello, parte del triunvirato ilegítimo que continúa en el gobierno bajo el protectorado americano. Como podemos observar, esto escapa a las actuaciones legítimas y legales que debería tener un acuerdo de esta naturaleza donde está en juego el único recurso negociable en este momento que posee el país y que ayudaría, sin duda, con el apoyo internacional, especialmente de USA para su reconstrucción.

Sobre este tema he recogido diversas críticas de reconocidos expertos petroleros y analistas políticos. En primer lugar, la legislación venezolana no reconoce las concesiones petroleras. Desde la nacionalización de 1976 y en el marco de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2001, los inversores privados solo pueden operar como socios minoritarios en empresas mixtas controladas por el Estado o mediante contratos de servicios limitados a 25 años. Incluso la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada el 29 de enero de 2026 bajo los auspicios de las autoridades provisionales apoyadas por Estados Unidos, mantiene una duración máxima de 25 años, prorrogable por 15 años, y una participación del Estado superior al 50 % en las sociedades mixtas. Por consiguiente, una concesión de 100 años como la anunciada por Trump y Delcy Rodríguez, carece de todo fundamento jurídico en Venezuela. Pero, además, el “gran acuerdo” se ha realizado con la empresa privada NABEP, dirigida Alejandro Betancourt López, figura destacada de los apodados “bolichicos”, que se enriquecieron gracias a opacas contrataciones durante el mandato de Chávez. Betancourt tiene investigaciones abiertas por lavado de capitales en Suiza, Inglaterra y España. De la noche a la mañana se ha convertido en mediador en el proceso de acercamiento entre Washington y Caracas, con el apoyo de Marco Rubio, tal y como revelaron el Financial Times y el Wall Street Journal. El hecho de que la mayor operación petrolera de la historia esté en manos una empresa poco conocida, dirigida por una persona sin experiencia en la industria del petróleo y que lleva mucho tiempo en el punto de mira de la justicia internacional, constituye una de las principales zonas opacas de este acuerdo.

Menciones críticas del acuerdo

"Convertir las reservas en felicidad", declaró Delcy Rodríguez, la encargada interina del protectorado tras acuerdo con EE UU. La presidenta encargada afirmó que los recursos del subsuelo dejarán de ser "una cifra fría" para transformarse en soluciones concretas como mejores salarios, electricidad, agua, hospitales y escuelas. "Este acuerdo será el impulso para el gran desarrollo de Venezuela en las próximas décadas", expresó a EFE el 29/08/2026. Muchos se preguntan con sobrada indignación, cómo estos dirigentes del chavismo y del madurismo que durante 27 años destruyeron la industria petrolera y convirtieron a un pujante país en un desastre humanitario, ahora prometan de nuevo la misma “felicidad” a lo Chávez.

“Este es un ‘acuerdo fachada’, más aspiracional que real con relación a la reconstrucción del país. Uno de los tantos megaproyectos de Trump que al final se ven envueltos en problemas para su culminación”, opinó el reconocido analista Moises Naim en una reciente conversación con el periodista Cesar Miguel Rondón. “Si el proyecto es tan bueno ¿por qué, en vez de dedicar tanta energía en ocultar sus detalles, no han dedicado una sola línea en explicar cuáles serán las políticas sociales para reducir la miseria?”.

El exministro de petróleo, Humberto Calderón Berti analizó para el diario El Nacional el futuro de las inversiones petroleras y afirma que, “el mercado estadounidense representa para la nación el destino más próximo, de mayor envergadura y con las mejores condiciones financieras para remunerar el petróleo venezolano, sin embargo, pese a lo idóneo que es el intercambio comercial, el experto enfatizó que el país no puede aceptar acuerdos bajo cualquier término. Sostuvo que la actual Ley de Hidrocarburos no ofrece la seguridad jurídica requerida por los inversionistas ni posee términos fiscales competitivos. Si las cosas se hacen de una manera opaca y no hay transparencia, eso en un momento determinado se va a conocer, y entonces a las compañías petroleras no les conviene, ni al gobierno de los Estados Unidos tampoco. Lo que hace falta es que haya transparencia”, aseveró Calderón Berti.

Los criterios de la realpolitik se resumen en las declaraciones de Roberto Smith: “Arrancar la reconstrucción petrolera ya y construir desde ya las instituciones que deberán administrar

responsablemente la riqueza que comenzará a producir. Ese es el verdadero tamaño de las decisiones que Venezuela tiene enfrente. No se trata de escoger entre petróleo o legitimidad.

Se trata de conseguir petróleo, legalidad, legitimidad y buen gobierno. todo al mismo tiempo.

Los países que prosperan resuelven problemas simultáneamente. Los que fracasan convierten cada desafío en una excusa para no resolver ninguno. Y hacerlo en el orden y en los tiempos que exige una nación que ha sido destruida y no puede darse el lujo de perder otra década”.

The Economist en su edición del 02/09, lanza una alerta: “Bajo un régimen corrupto e incompetente, la industria petrolera venezolana estuvo a punto de desaparecer. Ahora, Donald Trump ha llegado a un acuerdo con prácticamente el mismo régimen para reactivarla. El pacto es nefasto y crea incentivos para bloquear la transición de Venezuela a la democracia”.

En el mismo tenor, otro reconocido analista como es el politólogo José Vicente Carrasquero, en su post “Política sin Pasiones”, al finalizar su interesante análisis sobre el acuerdo, afirma: “Un criterio que no se explica es un criterio que no rinde cuentas. Un Estado funcional bajo tutela puede ser el andamio de una transición o el chasis de un autoritarismo eficiente”.

Un cambio de paradigmas

Sobre lo anterior hay abundante información en los medios, incluyendo notitia criminis, por lo que voy a concluir resaltando lo que no se menciona. Venezuela, un gigantesco territorio pletórico de recursos y de gente buena, se ha quedado rezagada de la economía global, de las nuevas tendencias del desarrollo, de la sociedad del conocimiento, de las innovaciones y en general de la creatividad necesaria para enfrentar los retos que representan los nuevos paradigmas de la civilización, ya que una casta de inútiles en alianza con militares y el crimen organizado nos ha retrocedido a etapas primitivas.

Desde el boom del petróleo en la década de 1970, políticos y gobernantes, han obviado reflexionar y debatir sobre modelos desarrollo que no estén basados en la renta petrolera, debido a que allí han estado y continúan estando las oportunidades de enriquecimiento de una casta privilegiada de arribistas, enchufados, políticos y militares, asociados a cada gobierno de turno. Durante la presidencia de Chávez, asistimos perplejos, a la mayor elaboración en nuestros años de historia como nación, de la taumaturgia y la deificación de un Estado petrolero absolutista y rentista. Cuando conversamos con ciudadanos de otros países y les comentamos que Venezuela en el ejercicio de esa administración obtuvo ganancias por el comercio del petróleo de US$ 800.000 millones, no salen de su asombro al enterarse del desesperanzador cuadro de pobreza, escasez, improductividad y marginalidad en todos los indicadores del desarrollo y de la economía mundial que exhibe nuestro país.

El chavismo, aparte de entregar la soberanía a terceros, lo que hizo fue potenciar aún más el rentismo y la corrupción. El ingreso petrolero no se reinvirtió en lograr un desarrollo sustentable para lograr la independencia económica, industrial y productiva, mucho menos para sentar las bases de una sociedad del conocimiento. Tampoco se utilizó para empoderar al ciudadano para que éste emprendiera su propio desarrollo y progreso individual, por el contrario, se lo robaron y despilfarraron hipotecando el futuro del país, convirtiéndolo en un paria del progreso humano y a los ciudadanos en mendigos de las bolsas CLAP.

Como lo afirma el pensador Buckminster Fuller: “No podrás cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, debes construir un nuevo modelo que haga obsoleto el modelo actual”. No debemos reconstruir el mismo petro-Estado. La verdadera lucha es por un cambio de paradigmas. Entre los factores para lograr la reconstrucción del país y sacarlo del encasillamiento de ideas obsoletas, es imperativo reposicionarlo, hay que pasar de ser un petro-Estado rentista a un Estado emprendedor y, lo más importante, subordinar la política a la ética, esto fomentará la capacidad de sinergia para trazar un rumbo hacia nuevos paradigmas. La tarea más urgente es la de ensamblar las individualidades para reconstruir el escenario político venezolano, para posicionarlo en el mundo del siglo XXI. Recuperar la voz crítica de ideas, es recuperar la política, cada día que pasa se hace más urgente. En este presente desacertado y dramático, no debemos subestimar la capacidad de los venezolanos para reinventarse. Mediante un franco reposicionamiento, en pocos años el país puede alcanzar de nuevo el desarrollo. Esto solo será posible en democracia, con la participación y voluntad política de mentes lúcidas que decidan corregir el rumbo incierto que ha predominado hasta el presente. No perdamos la esperanza, pero a la esperanza hay que ponerle nombre, estrategias, conducción, ideas y programas, para hacer posible el renacimiento y la reconstrucción de la nación a la que aspiramos y merecemos. A la esperanza hay que dotarla del sentido que le otorgó al término Vaclav Havel, héroe de la resistencia checa contra la URSS: “La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido”.

edgar.cherubini@gmail.com

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