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OPINIÓN

El anciano molesta

“En su mejor momento el hombre es el mas noble de los animales. Separado de la ley y la justicia, es el peor.” - Aristóteles

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Raúl Castro se ha vuelto extremadamente popular a sus 95 años. Hecho poco usual de no ser que seas el jefe del cártel que se ha adueñado del país y el patriarca de la familia más corrupta en la historia de Cuba. Pero algo más ha contribuido a que su nombre este en boca de todos a pesar de estar semiretirado.

En Miami, ciudad donde habitan un número desproporcionado de sus víctimas y sus descendientes, se dio a conocer su encausamiento criminal por el asesinato de ciudadanos americanos en aguas internacionales. Eso me indica que ha comenzado a molestar.

Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump como presidente y Marco Rubio como secretario de estado, escogieron el digno camino de no olvidar, a pesar de los 30 años transcurridos, pero más importante aún, escogieron buscar justicia. Los crímenes de lesa humanidad no caducan.

Cuatro hombres fueron asesinados por órdenes de Raúl Castro, como jefe de las Fuerzas Armadas en espacio aéreo internacional mientras realizaban una misión de rescate de balseros en el estrecho de la Florida. Con la orden dada por Raúl Castro como jefe de las Fuerzas Armadas, cuatro miembros de Hermanos al Rescate fueron pulverizados sobre aguas internacionales. Fue una agresión injustificada contra 4 ciudadanos de Estados Unidos el 24 de febrero de 1996.

El júbilo de los sicarios que llevaron a cabo la misión fue descomunal, el lenguaje descarnado, la desesperación por cercenar vidas fue solo digno de bestias. Así murieron Mario de la Peña, Carlos Costa, Armando Alejandre y Pablo Morales. Ese fue el crimen. Por eso Raúl Castro se ha convertido en un fugitivo de la justicia norteamericana cuya misión es ahora traerlo ante los tribunales

Pero Raúl Castro ya era un asesino mucho antes. Un artículo de la revista TIME en enero del 59 relata cómo el guerrillero con boina y largos cabellos amarrados en una cola de caballo, alardeaba de haber comenzado a fusilar desde su tiempo en la Sierra Maestra.

Lo que no es alarde y si está documentada el 12 de enero de ese mismo año es la masacre que llevó a cabo en la Loma de San Juan. Los periodistas presentes dieron fe de lo acontecido. “En Santiago el espectáculo estaba bajo el comando de Raúl Castro, el hombre achinado que confesó haber fusilado a más de 30 informantes durante la guerrilla.”

En la segunda semana del triunfo de la revolución cuando no había ni tiempo, ni condiciones para juicios justos, convirtieron a los ignorantes rebeldes en fiscales y jueces. Raúl Castro mandó a cavar una zanja de cuarenta pies de largo, diez de ancho y diez de profundidad. Los llevaron en autobuses antes del amanecer, manos amarradas y rostros demacrados, uno intentó escapar y fue capturado. Algunos lloraron; la mayoría se mantuvo silente y sereno. Seis rebeldes disparaban a los cuerpos uno a uno y así caían en la improvisada tumba. A Enrique Despaigne lo fusilaron al amanecer porque un camarógrafo quería filmar el crimen con la luz del alba. Captada quedó para siempre la imagen de aquel negro grande que él mismo dirigió al pelotón que puso fin a su vida y se le ve caer doblado al hueco. Una turba gritaba, mátenlos, mátenlos, era la hora más triste de Cuba.

Cuando ya habían fusilado a 52 se le oyó a alguien decir: “Acaben pronto, me duele el alma.” Para esa fecha ya habían fusilado a 19 hombres en Camagüey, 12 en matanzas, 30 en Santa Clara y sabrá Dios cuantos más. Un tiro de gracia sellaba la barbarie, salvo que los 72 condenados a morir aquel día en la masacre de la Loma de San Juan por Raúl Castro que caían en la zanja, vivos o muertos, así cayó sobre ellos la tierra que pretendió encubrir aquel horror.

Cuando se alzaron voces, Fidel Castro dijo que seguirían fusilando, aunque la opinión mundial se opusiera. Y agregó: “Si a los americanos no les gusta, que manden los Marines. No estoy dispuesto a ceder o a demostrar clemencia.” Raúl Castro le hizo el coro diciendo que los fusilamientos serían alrededor de mil. Lo cumplió a cabalidad en esos primeros meses, pero fusilaron muchos más en los años venideros, fiel a la prédica familiar, sin piedad ni clemencia.

Por décadas continuaron fusilando, los juicios eran una farsa, los acusados eran condenados sin pruebas y con anterioridad. Cuba había perdido la razón, la sangre no se detenía. Un fiscal, Fernando Flores Ibarra era conocido por Charco de Sangre por la cantidad de hombres que condenó a muerte. Años después viviendo en Chile le preguntaron sobre su pasado como fiscal de los tribunales revolucionarios y su participación en juicios sumarios. Le declaró al diario La Tercera en respuesta al libro del escritor Chileno Roberto Ampuero, quien fue su yerno y a quien puso una pistola en la cabeza para que se alejara de su hija: “No he contado para saber cuál fue la cifra, pero nunca me he arrepentido. Esas muertes no me han quitado el sueño. Jamás he dejado de dormir un minuto, ni siquiera una siesta”.

De gente miserable como esta se nutrió Raúl Castro y la revolución para eliminar sin pruebas, todo vestigio de oposición.

No le bastó con los adversarios, fusiló a los suyos en las filas de las Fuerzas Armadas, cuando después de ordenarles operaciones de narcotráfico se unió al coro de los que pedían pena de muerte para utilizarlos como chivo expiatorio y salvarse de la acusación que les venía encima.

Raúl Castro ha sido un asesino por excelencia, un perro fiel que vivió a la sombra de su hermano haciendo el trabajo sucio hasta que le llegó su momento con la enfermedad de Fidel. De lo contrario jamás hubiese ocupado el cargo del hermano que lo despreció y lo humilló por su alcoholismo y sus desvíos.

Ahora las focas amaestradas marchan y lo aplauden. Con qué facilidad los han convertido en sus cómplices en la era donde todo queda grabado.

Solo que el jefe del cartel se ha vuelto un problema. Pueden pasar muchas cosas. Algunos dicen que Nicolás Maduro está en prisión porque alguien lo traicionó. Entre delincuentes todo es posible.

Raúl Castro traicionó al general Arnaldo Ochoa y a Tony de la Guardia. ¿Cuántos hay hoy que lo pueden traicionar a él? ¿A cuántos estorba el anciano para su enriquecimiento personal o escalar los peldaños del poder? En serio, alguien puede creer que los que viven del cuento de la igualdad, mientras disfrutan los lujos del capitalismo están dispuestos a inmolarse por el anciano disfrazado de general, ¿ahora a la merced del poderío americano?

Ni siquiera algunos dentro de su propia familia. El que a hierro mata a hierro muere dice el refrán. Lo dijo Raúl Castro hace unos años en un fogoso discurso: “Si no escarmientan y persisten, sépanlo bien todos los contra-revolucionarios, sépanlo bien todos los que en Estados Unidos apoyan acciones militares contra Cuba, sépanlo bien, el que a hierro mata, a hierro muere.” Eso dijo entonces el que ahora llaman hombre de paz. No hemos visto aún el final de la película.

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